Diálogo entre diferentes

SolasbideUna imagen del encuentro

Que vivimos en una sociedad plural es una constatación que no necesita más comentarios. Pero esta sociedad plural encierra, asimismo, otras muchas microsociedades. Uno de los ámbitos donde los cambios experimentados han sido más drásticos es el religioso. La religión católica, mayoritaria y casi omnipresente hasta hace unos años, convive hoy en día con otras confesiones, y con un sector nada desdeñable de la población que se confiesa agnóstica e incluso atea. Y diseccionando un poco más a los llamados católicos, nos encontramos con un porcentaje mayoritario de creyentes poco o nada practicantes, y un sector minoritario pero muy activo de católicos adscritos a las ideologías más dispares. ¿Cuál es su papel en una Navarra fuertemente secularizada?

Hace unas semanas, Mikel Aramburu, en nombre de Solasbide-Pax Romana me invitó a un acto que se celebró en el Seminario de Pamplona el día 22 de febrero en torno al tema “La dimensión pública de lo religioso en el siglo XXI”. Solasbide, palabra vasca que significa “vía para el diálogo”, ha sido el nombre elegido por un grupo de hombres y mujeres, profesionales e intelectuales navarros presentes en diversos ámbitos, para designar a una asociación que nace con vocación de contribuir al diálogo y al bien común en nuestra sociedad, desde una visión cristiana y en perspectiva abierta a la aldea global. La iniciativa surge ante la carencia que ven sus impulsores de una voz que desde la Iglesia católica institucional se abra al diálogo con la cultura actual. Entre sus objetivos destaca la búsqueda de la paz y la reconciliación, la defensa de la dignidad y de los derechos humanos, la justicia social y la solidaridad, desde la opción por los empobrecidos de nuestra sociedad y del planeta entero. Para ello es referencia fundamental la doctrina social de la Iglesia y la fidelidad al espíritu del Concilio Vaticano II, del que se van a cumplir el año próximo los 50 de su clausura.

La experiencia no pudo ser más interesante: diversidad de personas, diversidad de procedencias, diversidad de visiones en torno a un nexo común: el diálogo es positivo en sí mismo y es una eficaz manera de avanzar juntos en pro de un mundo más justo y más humano. Lo que sorprende es que se practique tan poco en los más variados frentes: político, social, cultural y religioso. Abrió la jornada Javier Elzo con una ponencia rica y compleja. Comparto muy mayoritariamenet la tesis que desgranó: su opción por un Estado laico donde la imprescindible separación del Estado respecto de las normas y pronunciamientos de las Iglesias, especialmente, dado su peso, de la Católica, no conlleve una privatización de las manifestaciones religiosas, recluidas en sus templos, centros educativos propios, de ocio o de trabajo. La garantía de la libertad de conciencia solamente es posible en un Estado laico. Lo que no es posible ni en un Estado confesionalmente religioso o teocrático ni en un Estado confesionalmente ateo o laicista, en el sentido de que entienda que hay que emanciparse de lo religioso para ser un buen ciudadano y, en todo caso, que la dimensión religiosa debe limitarse al ámbito privado.

Tras un modesto refrigerio, café y unas pastas, que sirvió para saludar a muchos y conocer a algunos, Javier Pagola, con su habitual maestría, condujo un debate que nos permitió hablar a todos. Muy interesantes las aportaciones, distintas y distantes, pero dignas de ser tenidas en cuenta. Yo manifesté mi opinión de lo visto y oído. Agradecí la invitación a la jornada; expresé mi posición personal basada en tender puentes y en la práctica de un laicismo incluyente, y resumí el compromiso en una sola frase del propio Elzo, que me parece todo un programa de vida: ser agente de reconciliación, no callar, no ofender. En el resumen final, el profesor Elzo sobrayó algunas cosas dignas de recordar: debemos basarnos en lo que nos une y no en lo que nos separa; debemos dialogar desde las propias convicciones, con actitud de escucha, viviendo desde la discrepancia; debemos diferencias entre cristianizar y evangelizar; y debemos ser intransigentes con los intransigentes mediante la tolerancia activa.

Esta dimensión pública de lo religioso, que reivindico, en la que las obras sean más importantes que las palabras, me sigue pareciendo una asignatura pendiente. Bienvenidas sean las iniciativas que propicien el encuentro y el diálogo, aunque sea para discrepar. Esta Navarra nuestra, hoy en profunda crisis, necesita hacernos oir, escuchar al otro, disentir desde el respeto, confrontar lo imprescindible y subrayar las coincidencias. Todo ello en libertad, con sinceridad y ánimo de avanzar. Nadie tiene toda la verdad, ningún grupo -mal que les pese a algunos- ostenta la preeminencia ética frente a creyentes o no creyentes. Que nuestra sociedad avance con dignidad y respeto, es tarea que nos atañe a todos y en la que todos debemos involucrarnos.

Diario de Navarra, 6/3/2014

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