El Consejo Social de la UPNA

Consejo Social

Foto de grupo del Consejo Social el día de la elección del nuevo presidente

En 1987, tras una rápida y compleja tramitación política y administrativa, el Parlamento de Navarra saldó una deuda histórica de siglos, la creación de una universidad pública en el territorio. Hoy, con la perspectiva que dan los años, no tengo ninguna duda que fue uno de los hechos capitales del último cuarto del siglo XX. La modernización de Navarra no es explicable sin la aportación de la Universidad Pública de Navarra, y su presencia explica también nuestra ubicación entre las 35 regiones más desarrolladas de Europa que mantuvimos hasta el año 2010.

Si hay un rasgo que caracteriza la trayectoria histórica de nuestra Universidad  es la estrecha relación entre las instituciones, la universidad y la sociedad, que se tradujo en un hermoso campus, una generosa financiación y  un cálido apoyo a lo largo del tiempo.

Pocos años después, nació el Consejo Social, la institución a la que por ley foral se le encomienda ser el órgano de participación de la sociedad en la Universidad. Ha contado con dos presidentes muy distintos y complementarios entre sí: Fernando Redón, que dotó de personalidad al Consejo, y Jesús Irurre, que lo ha configurado como un referente nacional.

Este Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra presenta una particularidad respecto a sus homólogos de otras universidades. Su presidente es elegido por sus miembros y de entre la representación social.  Está compuesto por 19 miembros, plurales y variopintos como la misma Navarra, designados por instituciones académicas, políticas y sociales: la propia universidad, gobierno, parlamento, sindicatos y patronal. Estos vocales son su principal activo. Personas que, gratis et amore, dedican parte de su tiempo y de sus conocimientos, que son muchos, a trabajar en favor de la universidad.  Dispone de una ley foral, aprobada recientemente por el Parlamento de Navarra, que señala con claridad las tres funciones que le competen: la supervisión económica, la supervisión del rendimiento y de la calidad de los servicios, así como el fomento de la colaboración de la sociedad navarra en la financiación de la universidad.  Por lo tanto, mi misión como presidente está clara: cumplir y hacer cumplir lo previsto en la ley foral de creación del Consejo Social. Y todo ello en favor de la Universidad Pública de Navarra, institución compuesta por profesorado, estudiantes y personal de administración y servicios, que conforman la comunidad universitaria.

Los dos principios básicos de la actuación del Consejo son evidentes para todos sus miembros: lealtad e independencia. En primer lugar, lealtad a las instituciones de la Comunidad y, en especial, a la propia Universidad. Y, en segundo lugar, independencia: la ley foral de creación señala explícitamente que nosotros no tenemos mandato imperativo. No somos, por tanto, ni la comunidad académica, ni el gobierno, ni el parlamento, ni los sindicatos, ni la patronal, ni el rectorado. Somos la representación de la sociedad navarra en la universidad.

Tareas no nos faltan, pero no comenzamos de cero. El Consejo Social de nuestra Universidad tiene un bien ganado prestigio a nivel foral y nacional. Trabaja bien, con sus escasos recursos humanos y materiales y el buen hacer de sus miembros,  pero debe incrementar su tarea para abordar nuevos retos que aparecen en el horizonte: la búsqueda de incentivos a la internacionalización  de estudiantes y profesores, en una etapa de especial dificultad para los primeros y de falta de expectativas para los segundos; la búsqueda de estabilidad presupuestaria, en la que la financiación plurianual es un objetivo que debe reformularse y perseguirse; la búsqueda de condiciones acordes con los principios del Espacio Europeo de Educación Superior; la garantía de igualdad de oportunidades en el acceso a la educación superior; el estudio del mapa de titulaciones; la búsqueda de financiación externa, en un momento de escasez presupuestaria; los debates sobre la gobernanza universitaria; una mayor proyección del propio Consejo Social ante la propia comunidad universitaria, de la que somos unos grandes desconocidos, y una mayor proyección ante la sociedad navarra a la que representamos, con especial atención a los egresados de la propia universidad.

Resulta obligado en esta declaración de intenciones hacer una referencia al futuro de la Universidad Pública y de Navarra, que entiendo están muy relacionados. Hoy, Navarra está inmersa en una profunda crisis que afecta a todos los órdenes: social, político y económico. Ocupamos el puesto 41 del ranking de regiones europeas, con tendencia a la baja, que no al alza. Pero la crisis pasará. Y en este futuro, que yo espero cercano, esta Universidad debe tener un papel clave. La Navarra del conocimiento a la que aspiramos, será con la Universidad Pública de Navarra  o no será. Hacer más con menos es deseable e incluso obligado en tiempo de crisis, pero no siempre es posible. Y esto exige financiación adecuada, apoyo permanente, objetivos claros e incentivos mensurables.

Hay pocas instituciones en nuestra Comunidad tan bien tratadas históricamente como la Universidad. Aunque ahora haya mayores estrecheces, que todos las vemos. Navarra ha dado mucho a la Universidad y la Universidad le tiene que devolver todavía más, porque nunca debe olvidar que, financiada básicamente por los ciudadanos, está al servicio de estos mismos ciudadanos. En 27 años es mucho lo alcanzado y todos debemos estar orgullosos de ello, porque es un triunfo de todos. Pero el futuro exige compromiso, implicación, estricto cumplimiento de las obligaciones docentes y de investigación,  solidaridad y liderazgo.

Esta va a ser la labor del Consejo: instar, empujar, ayudar, animar para que la fluida relación entre las instituciones redunde en beneficio de la Comunidad. Con una garantía: Navarra siente a esta universidad como propia y ese sentido de pertenencia debemos cuidarlo e incrementarlo, si fuera posible.

Termino con un canto a la esperanza. No seamos pesimistas. Durante toda su historia, hasta la segunda mitad del siglo XX, el 90% de los navarros tenían un objetivo básico: sobrevivir con mediana dignidad y poder comer, que no era poco. Afortunadamente hoy, nuestros objetivos como pueblo son otros. Y no olvidemos que quien nos tiene que devolver al grupo de las treinta regiones más desarrolladas de Europa, nuestros líderes políticos, sociales y económicos, los que dirigirán la Navarra del 2020 y del 2030 serán, en buena medida, los egresados de esta Universidad, que ya son casi 30.000 y que constituyen su principal activo.

El futuro de Navarra se escribirá, en buena medida, con las siglas UPNA que rediseñan cada día los alumnos, los profesores y el personal de administración y servicios que conforman nuestra comunidad universitaria. Trabajemos todos juntos por hacer la mejor universidad posible. Nos va mucho en ello.

Diario de Navarra y Noticias de Navarra, 25/2/2014

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