Lo que mueve el mundo

Uribe

Hay libros en los que tardas en entrar y te preguntas si merece la pena continuar con su lectura. El de Kirmen Uribe ha sido uno de ellos. Animado por el éxito de Bilbao-New York-Bilbao y la concesión del Premio Nacional de Narrativa, cogí entre mis manos “Lo que mueve el mundo” sin ninguna otra referencia. En sus primeras páginas, parecía no pasar nada, discurrir todo entre cierta inanidad. Sin embargo, poco a poco su lectura me atrapó y el mundo literario comenzó a enriquecerse. Y apareció una novela singular, con muchos matices, a veces crónica narrativa, y otras historia atemporal, con el autor apareciendo en primera persona en medio de sus personajes. En la página 212, casi al final del libro, el autor nos resume su contenido:

“Pero cuéntame, ¿cuál es tu razón profunda para escribir esta novela?(…)

– Llevaba meses sin escribir nada –le dije-, y ni siquiera sabía cómo iba a ser mi próximo libro. La muerte de un gran amigo me había dejado completamente hundido. Aquella pérdida coincidió con la llegada a casa de nuestra hija pequeña. Me sentí desorientado, por un lado contento, por otro triste. Claro que ya conocía algunas historias de los niños de la guerra, siempre me habían llamado la atención sus experiencias, pero me resultaba muy complicado contarlo como estaba mandado.

-No debía de ser el momento.

-Puede que no. Sin embargo, tirando del hilo de Karmentxu, me di cuenta de que sentía muy mía la historia de Robert. Luego apareció Herman, su mejor amigo, también escritor. Y la pequeña Carmen, la hija a la que pusieron el nombre de aquella chiquita vasca. Y sobre todo Vic, la mujer que conservó la memoria para que Carmen tuviera un padre… lo que conservó la biblioteca, las cartas, los escritos, objetos, absolutamente todo. Algo me decía que esta era la historia que debía contar, una historia que coincide plenamente conmigo; una novela que relfeje lo que yo entonces sentía, porque aparecerán en ella el amigo perdido, el amor, la hija. La felicidad y la ausencia. El hundimiento de un mundo y el comienzo de otro. Eso fue lo que me trajo aquí. Sinceramente te digo que conocer la vida de Robert ha sido una manera de calmar el dolor”.

Y esto es justamente lo que la novela da: sentimientos, ambientes, instantes fugaces, ternura, convicciones. Todo contado con buen tono y talento narrativo. Un aicerto.

He aquí, resumidos, algunos párrafos que me han llamado la atención:

“La humanidad será cada vez más consciente de que necesitamos volcar nuestra atención en la poesía para interpretar la vida, para buscar consuelo, para llenarnos de sentido. Sin poesía, la ciencia se queda a mitad de camino” pág. 53.

“Marchaban en fila india, uno detrás de otro, el batallón de los inútiles soldados de buen corazón. Así llegaban a la cima en un suspiro, casi sin darse cuenta” pág, 58.

“Non vobis, sed vos. Es decir, No lo que tienes, sino lo que eres” pág. 59.

“Ante el odio, nadas mejor que el silencio. Una persona bella solo lo es mientras la ven los demás, pero una persona sabia lo es incluso cuando nadie la ve. Si la muerte fuera buena, los dioses no serían inmortales” Frases de Safo, pág. 73.

“Las rupturas no llegan de repente, acostumban a ser consecuencia de una herida que lleva tiempo abierta. Como en los terremotos, las capas interiores de la tierra presionan en silencio, una contra otra, hasta que en un momento dado, desgarran la corteza terrestre. La razón de la ruptura, la causa más profunda, tampoco solemos verla con claridad hasta que ha pasado un tiempo. Y pocas veces suele ser única –un solo desencuentro, una sola riña- la razón que provoca todo el terremoto. Además, con el paso del tiempo, aquella razón que tanto nos ofendió se va difuminando, va perdiendo sus aristas, igual que las figuras de las portadas góticas, y ya no nos hace sufrir tanto” pág. 84.

“Un amigo te aceptará tal como eres, defectos incluidos, aun cuando por un momento lo dejes de lado. Y a pesar de que pase mucho tiempo sin que estéis juntos, no se preocupa; para un amigo, el tiempo tiene otra medida, así que no se apura. Te pondrás a hablar con él como si os hubierais visto la víspera; como si, a pesar del paso de los años, siguieras siendo el mismo de siempre. Saber que siempre estará ahí, que admitirá los excesos que hagas en la vida, aporta una gran tranquilidad, una paz que tal vez no pueda alcanzarse en otro tipo de relación. Quizás sea la amistad la más perfecta de las relaciones, la más humana” pág. 104

“Un viejo poema chino dice que si dos personas se quieren mucho, si han estado muy unidas y una de las dos muere, la que muere en realidad es aquella que sigue andando” pág. 202.

K. URIBE, Lo que mueve el mundo, Seix Barral, Barcelona, 2013

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