Un testimonio estremecedor

Escribo estas líneas en la tarde del 24 de diciembre. El viento y la lluvia azotan las ventanas, invitando a centrar todavía más la atención en la familia, probablemente hoy más numerosa que nunca. Entre cazuelas y sartenes, las madres siguen sorprendiéndonos con esa receta tradicional que heredaron de sus mayores, mientras el resto de la familia charla en el cuarto de estar, cuenta sus vivencias y entretiene a los niños que merodean entre unos y otros. Muchos otros, tanto en la Navarra rural como la urbana, se han abrigado bien y rodeados de los más pequeños, han salido a la calle a recibir al Olentxero, que tampoco este año perdonará su venida pese al mal tiempo, acostumbrado como está a los rigores del invierno.

Pero esta tarde se notan especialmente las ausencias, las recientes y las menos recientes, las que son fruto de la coyuntura laboral o las que tienen el carácter definitivo de la muerte, sea ésta natural o buscada. Y a estas últimas me quiero referir, dedicando estas líneas a todas la víctimas navarras de ETA y a cuantos, presentes o ausentes, nos ofrecieron el pasado 13 de diciembre toda una lección de coraje y civismo, con motivo de la presentación  del libro “Relatos de plomo”, escrito por Javier Marrodán y un pequeño equipo de colaboradores.

Pese a los múltiples asesinatos perpetrados por la banda terrorista ETA, condensados en un texto sobrio y descriptivo, donde las fotos son tan expresivas como las palabras y la emoción solo se desborda en las entrevistas personales a los familiares, la sesión no arrojó ni un ápice de odio ni destiló sed alguna de venganza. Pero fue un contundente ejemplo de que las víctimas constituyen el mejor relato de los hechos, el baluarte más sólido contra el olvido y el acicate más efectivo a favor de la justicia y de la dignidad.

Pocas veces he escuchado un discurso tan coherente, tan bien hilvanado y tan sólido como el pronunciado por Javier Marrodán, coordinador de la obra. Él inició un crescendo que fue sumando enteros a medida que tomaron la palabra algunas de las víctimas. La primera, Carmen Imaz, hija de Joaquín Imaz, jefe de la policía armada y primera persona asesinada por ETA en Navarra, el 26 de diciembre de 1977. Fue la visión de una niña de 7 años que perdió a su padre y le cambió la vida. Y fue, triste es recordarlo, el recuerdo de una época urdida de miedos y silencios cómplices. Después tomo la palabra Íñigo Pascual, hijo de Ángel Pascual, ingeniero jefe de Lemóniz. Él mismo resultó herido en una mano cuando, con 17 años, intentó interponer una carpeta entre la pistola y su padre. Con voz entrecortada, pero firme, contó la férrea decisión de su padre frente a un atentado tan previsible: “creo firmemente en lo que hago y por lo que he luchado”. Y finalmente, Inmaculada Jiménez, hija del promotor inmobiliario Jiménez Fuentes, secuestrada y amordazada junto con su madre, mientras a su padre querían matarlo en la habitación de al lado. “Un día te levantas y esa misma noche te acuestas en otra ciudad, sin tus amigas, sin tu colegio, sin tu vida”. La reacción del auditorio fue la misma: silencio fervoroso, congoja interior y explosión de aplausos que eran a la vez agradecimiento, perdón y solidaridad por tantas horas pasadas a solas sin el apoyo de las instituciones y de la sociedad. Porque este apoyo fue primero escaso, alentado por asociaciones y grupos de ciudadanos beneméritos que proclamaban su solidaridad en medio de la nada; más nutrido posteriormente, cuando la ciudadanía comenzó a tomar conciencia de que el problema nos afectaba a todos; y un clamor al final, con el consiguiente, pero todavía insuficiente, cese definitivo de las armas.

Ahora nos queda el relato. Un hueco que el entorno terrorista pretende  llenar con una historia sesgada en la que se confundan víctimas y verdugos. Por eso el libro y los testimonios son tan importantes. Dejan perfectamente claro quiénes fueron las víctimas y quiénes los verdugos. Y esto, con doctrina Parot o sin ella, no hay quien  lo borre.

Diario de Navarra, 26/12/2013

Un comentario en “Un testimonio estremecedor

  1. “Hª del terrorismo en Navarra 1960-1986”. Que las autoridades navarras aclaren si consideran víctima del terrorismo al guardia civil Luis Moreno Ortega, abatido por comandos republicanos el 9-8-1961 en la presa hidroeléctrica de Irabia, en el municipio de Orbaiceta, 7 años antes del primer asesinato de ETA y 16 años antes del primer asesinato de ETA en Navarra.

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