Un ejemplo de superación

Hoy he asistido a la entrega de la Medalla de Oro de Navarra a la ONCE. El acto ha sido entrañable y la ovación que han recibido los representantes de la institución, en el momento de recibir el galardón, es la más nutrida y sonora que recuerdo. Como reconocimiento a la ONCE, con un galardón tan trabajado como merecido, reproduzco el artículo que publiqué hace unos días.

Esta semana comienzan los actos conmemorativos del Día de Navarra. La ley foral que lo instituyó señala como objetivos esenciales de la celebración “el fortalecer la concordia, la solidaridad y la conciencia de hermandad en una serie de actos que simbolicen la unidad y la identidad en un proyecto histórico común y permitan exaltar de manera señalada la personalidad del territorio, de su cultura y de sus gentes”. En línea con lo enunciado, el acto central de la celebración institucional lo constituye la entrega de la medalla de oro de Navarra, el máximo galardón que otorga la Comunidad a personas, colectivos o instituciones. Este año 2013 la distinción, muy merecida, ha recaído en la Organización Nacional de Ciegos de España, la ONCE, en reconocimiento a su importantísima labor de integración de personas con discapacidad.

El colectivo está formado en Navarra por 805 afiliados. Todos son merecedores de la distinción y a todos pertenece, pero me van a permitir que la personalice en un joven, excepcional por muchas razones, que constituye un ejemplo de superación digno de ser  contado, elogiado e imitado. Para los aficionados a la música culta, la estampa de un joven ciego con sus gafas oscuras, impecablemente vestido, que camina del brazo de su madre, es una imagen habitual en las salas de conciertos. Se llama Xabier Armendáriz, tiene 25 años, es licenciado en LADE Grupo Internacional en la UPNA, con premio extraordinario fin de carrera. Es también titulado superior en Piano por el Conservatorio Superior de Música de Navarra y estudiante de musicología del mismo centro. Entre otros reconocimientos ha recibido el premio literario Prometeo, la beca para participar en el Aula Ortega y Gasset de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, y la beca de la fundación Universia del Banco de Santander por su trayectoria. Domina el inglés, el francés y el alemán, y ha realizado estancias en otros países como Canadá, Inglaterra y Alemania donde realizó el curso 2009-2010 como estudiante Erasmus. Ese mismo curso obtuvo el premio Erasmus, incluyéndose su experiencia en el libro conmemorativo de los 25 años de existencia del programa.

Su faceta como músico abarca la interpretación, la creación, la divulgación y la crítica musical. Y arrestos no le faltan, ya que desde febrero de 2012, es el crítico musical en el Diario de Navarra, sustituyendo en su función al exigente, temido, cultísimo y añorado Fernando Pérez Ollo.

¿Y cómo vive un joven como Xabier Armendáriz su peculiar situación vital? Él mismo nos lo cuenta en su blog “Música clásica en Pamplona”, en una entrada que es una verdadera declaración de principios, titulada “Ser ciego”. “Ser ciego es un reto continuo porque me obliga cada día de mi vida a adaptarme a un mundo que está preparado para los que ven (…) Pensando en positivo: no podemos dejar pasar la vida sin más, habrá que aprovecharla a tope para compensar. Los ciegos podemos hacer muchas más cosas que las que la gente generalmente imagina, si cuenta con un poco de apoyo. Tu apoyo (…) Piensa cómo serías tú si dejaras de ver. Para compensar tu torpeza te concentrarías más, pero tu coeficiente intelectual no cambiaría. Para obtener más información de todo lo que te rodea prestarías más atención a los demás sentidos, pero no adquirirías poderes sobrenaturales. Tendrías más miedo, pero lo superarías para poder vivir, porque si te quedas bloqueado y te encierras en casa tu vida se limitaría. ¿Te haces una idea, verdad? Vale, pues lo mismo me ha pasado a mí. Soy más vulnerable que los otros chicos de mi edad que ven, necesito ayuda porque hay muchas barreras arquitectónicas y también sociales que son más difíciles de superar. Tengo que adaptarme y lo hago porque me compensa vivir, aunque tenga que asumir más riesgos”.

Tras escuchar estas palabras, solo nos queda felicitar a la ONCE y a Xabier por la medalla, acompañarles y gritar todos juntos ¡Qué bello es vivir!

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