La ridícula idea de no volver a verte

Bajo este sorpresivo título se esconde un libro original, obra de Rosa Montero, más conocida para mí como periodista que como novelista, si es que la obra citada es una novela. Porque la primera duda que me asalta es el género al que pertenece. Al hilo de la historia más personal de Marie Curie, casi una santa laica que la autora trata de humanizar para que su vida no se convierta en una hagiografía, Rosa Montero mezcla en la narración recuerdos personales, análisis de nuestra época, evocaciones íntimas, y todo ello con una soltura y naturalidad poco comunes.

El estilo alegre y desenfadado, con un uso peculiar del lenguaje y de la puntuación, ha sido para mí la segunda sorpresa. Da la sensación de ser un relato que la autora te narra a ti en primera persona, con guiños sorpresivos y hallazgos sorprendentes. Es la primera vez que tengo la oportunidad de leer un libro en el que determinados temas son subrayados mediante hashtags, que viene a ser el recuerdo de los grandes temas tratados. Su curiosa relación es la siguiente: Ambición/Coincidencias/CulpaDeLamujer, Culpa,Culpabilidad/DebilidadDeLosHombres/Felicidad/HacerLoQueSeDebe/HonrarAlPadre, HonrarALaMadre, HonrarALosPadres/Intimidad/Ligereza/LugarDeLaMujer, LugarDelHombre/Mutante/Palabras, Palabra/Raros.

El texto está lleno de frases lúcidas y reflexiones de interés. Recojo algunas que me han gustado especialmente:

–          La infancia es un lugar al que no se puede regresar, pero del que en realidad nunca se sale.

–          El amor consiste en encontrar a alguien con quien compartir tus rarezas.

–          No hay nada ridículo en la intimidad, no hay nada escatológico ni repudiable en ese lento fuego doméstico de sudor y de fiebre, de mocos y estornudos, de pedos y ronquidos.

–          Acarreamos a nuestros muertos subidos a nuestra espalda: eso me decía Amos Oz en una entrevista (los judíos tienen tantos muertos, sostenía él, que el peso es sobrehumano) O más bien somos relicarios de nuestra gente querida. Los llevamos dentro, somos su memoria. Y no queremos olvidar.

–          Morir es parte de la vida, no de la muerte: hay que vivir la muerte, dice con deslumbrante sencillez la doctora Iona Heath. Los humanos no sabemos qué hacer con la muerte. Grande impensable inmanejable cruel horrible. Así que, como no sabemos qué hacer, hemos fabricado túmulos, dólmenes, necrópolis megalíticas, mastabas, pirámides, sarcófagos, panteones, tumbas colectivas, tumbas individuales, sepulcros, monumentos memoriales, lápidas, criptas, nichos. Osarios, solemnes cementerios. El tiempo, el dinero, el esfuerzo y espacio invertidos en construir para los muertos hubieran podido mejorar bastante la vida de los vivos. Aunque, si se piensa bien, ¡qué más da! Esos vivos no eran más que proyectos de cadáveres.

–          La pena es pura y es sagrada, le dijo una nonagenaria al escritor Paul Theroux, y es una frase que se me ha quedado grabada a fuego en la memoria. Cierto: la pena es pura y sagrada, y hasta en la muerte puede haber belleza, si sabemos vivirla.

–          El funeral debe servir a los vivos cuidando a los muertos (Thomas Lynch, escritor norteamericano que dirige una funeraria)

–          No existe una sola vida sin su cuota de mugre, aunque sea en proporciones pequeñas.

–          Los personajes de ficción son las marionetas del inconsciente.

–          Ya conoces la famosa frase de John Lennon: la vida es eso que sucede mientras nosotros nos ocupamos de otra cosa. Y es verdad que perdemos el tiempo preocupándonos por nimiedades, que nos aturdimos y nos empecinamos tontamente, que tendemos a pensar que la auténtica vida está por llegar.

–          La insatisfacción de los humanos, ese querer siempre algo más, algo mejor, algo distinto, es el origen de innumerables desdichas. Además la Felicidad es minimalista. Es sencilla y desnuda. Es un casi nada que lo es todo.

–          Os deseo un año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de poner esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir. Cuanto más se envejece, más se siente que saber gozar del presente es un don precioso, comparable a un estado de gracia. (Carta de Marie Curie a su hija Irene y Frederic en diciembre de 1928)

Un libro es también reflejo del tiempo vivido. Los cinco felices y tranquilos días de agosto pasados en un modesto hotel de Peníscola, con largos paseos por la playa con María Luisa, fueron el contexto ideal para una lectura que se desarrolló básicamente en la terraza de un chiringuito situado en la misma playa, acompañado de una caña con limón y unas hermosas vistas del litoral entre Peníscola y Benicarló, convertido hoy en una sucesión interminable de hoteles y apartamentos. También allí se desarrollaban vidas paralelas, dignas de contarse. Los turistas, casi todos nacionales, compartíamos lugar, que no espacio vital, con las decenas de inmigrantes subsaharianos que, tras larga caminata, recorrían las playas vendiendo sus variopintos productos. Pero esa es otra historia.

MONTERO, R., La ridícula idea de no volver a verte, Seix Barral, Barcelona, 2013

Un comentario en “La ridícula idea de no volver a verte

  1. Gracias por explicarme el uso de hashtags. Muy interesante tu comentario. Estoy empezando a leer este libro, que desde las primeras páginas me ha encantado y subyugado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s