Persona, libertad, don

El pasado viernes, 6 de septiembre, asistí a la inauguración del curso de la Universidad de Navarra. Son ya muchos años, casi treinta, los años que he asistido a esta celebración académica que, en el caso de la citada Universidad, adquiere un especial relieve protocolario. El desfile académico, con su amplia gama de vestimentas, incluidas las procedentes de las universidades anglosajonas y norteamericanas, resulta de una especial solemnidad y vistosidad. Y no son nada infrecuentes, sobre todo entre el grupo de los clérigos, los birretes con franjas de dos colores, que indican un doble doctorado. Además de la memoria del curso, que en el caso del actual secretario general suele ser breve y no exenta de humor, los dos momentos fundamentales del acto suelen ser la lección inaugural y las palabras del rector.

Los rectores que he conocido han tenido gran altura. Traté sobre todo a Alfonso Nieto, listo y con mucha mano izquierda, pese a que las relaciones no fueron fáciles, ya que su rectorado coincidió con la creación de la Universidad Pública de Navarra. Todavía recuerdo mi visita a su despacho para presentarle la memoria de creación de la nueva universidad. Recuerdo también los discursos de   Alejandro Llano, siempre doctos, mesurados y con mensaje. Y, cómo no, las palabras de Ángel Gómez Montoro y Alfonso Sánchez Tabernero, más próximos y cercanos, tanto ellos como sus mensajes.

He asistido a todo tipo de lecciones inaugurales, tan variopintas en su desarrollo y temática como los propios docentes que las imparten. He escuchado verdaderas lecciones magistrales y brillantes intervenciones, junto a piezas que han pasado sin pena ni gloria.

Una de las del primer grupo la ha protagonizado este año el doctor Ángel Luis González, catedrático de Metafísica. Lo conocí en mis tiempos de consejero, en los que él ejerció de vicerrector, y mantuve con él un trato cordial y afectuoso. Su lección no fue fácil, y pese a la densidad de la misma, suscitó en mí un gran interés. Una lectura de conceptos tan poliédricos como persona, libertad y don, le permitió explorar mundos y autores variados, con especial interés en el recientemente fallecido, Leonardo Polo. No me atrevo a hacer un resumen de sus palabras pero sí a recoger sus últimas frases, de especial belleza y profundidad: “En la libertad como donación reside, a mi juicio, la fundamentación de la lógica del don en cualquiera de sus formas, intentando cumplir así aquello tan conocido de Aristóteles: hacer todo lo posible para vivir en consonancia con lo mejor que hay en nosotros. Por eso decía Einstein que el valor de un hombre tendría que juzgarse en función de lo que da y no de lo que recibe. Lo expresa también, de modo excelente, Saint Exupéry en su novela inacabada Citadelle: Bendigo este intercambio entre el dar y el recibir que permite continuar la marcha y dar más. Al recibir el pago, se rehace el cuerpo, pero solamente se alimenta el alma”.

Esta vez la vuelta a casa fue con un triple regalo: el ejemplar de la lección inaugural, la memoria, magníficamente maquetada y de impecable y moderno contenido, y un ejemplar de la revista Nuestro Tiempo, también de impecable formato y excelente contenido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s