Todo lo que era sólido

El fin de semana pasado, a modo de  reflexión cívica preparatoria del curso que se inicia, he vuelto a leer de un tirón el libro “Todo lo que era sólido” de Antonio Muñoz Molina, publicado hace unos meses. El escritor y académico, un intelectual lúcido y crítico, comprometido con su tiempo y su país, reflexiona en un ensayo escrito a borbotones sobre lo acontecido en España en las tres últimas décadas, un periodo en el que hemos pasado, según sus propias palabras, de ser un país de nuevos ricos a un país de nuevos pobres. Con mano maestra y preciso bisturí no exento de algunos excesos, Muñoz Molina describe los cambios acontecidos con  agudas reflexiones y anécdotas tan chuscas y crueles como  veraces, a veces más explícitas que sesudos tratados de sociología política. Si tuviera que reunir en pocas palabras el compendio de estos 30 años, estos serían algunos de sus hitos: en el anverso, profesionalización política, ruido de sables, pelotazo, comunicación, paroxismo de la fiesta, victimismo y narcisismo, mediocridad y falta de compromiso cívico; y en el reverso, que también lo hay, la conquista de la democracia, los logros del estado del bienestar y la ampliación de las libertades civiles. Y como estos últimos son valores tan esenciales como endebles, el ensayo es una apelación constante a su cuidado y una crítica implacable a las elites económicas, sociales y políticas que los han puesto en riesgo o dilapidado. Por  supuesto, el grupo más denostado es la clase política, sin apenas distinción ideológica o territorial, de la que realiza un retrato demoledor.

En esta feria de las vanidades en la que España ha estado inmersa, tampoco Navarra se salva de la quema. Lo sabemos bien quienes vivimos en ella. Las cifras de paro, los recortes en salud y educación, la deriva de la CAN, y algunas construcciones, tan ruinosas como disparatadas, no son sino el peaje foral a una época que también nos contaminó. Entre las anécdotas que cuenta el autor, referidas a las megalomanías de las autoridades autonómicas en su obligado paso, faltaría más, por Nueva York, recuerda las frase de un prócer foral que repetía: Yo a lo que vengo es a hacer ruido con Navarra en Nueva York. ¿Se imaginan ustedes la indisimulada sonrisa de sus interlocutores norteamericanos, si es que los tenía, ante este huracán?

Son muchas las reflexiones de Muñoz Molina que no caben en este folio. Puestos a elegir me quedo con dos últimas para terminar: la razón de su escritura y la fórmula para la mejora. “Lo que para nosotros era inusitado para nuestros padres y nuestros abuelos había sido inimaginable: lo mismo que para nuestros hijos ha sido casi tediosamente normal y sólo ahora está en peligro. Las pocas cosas fundamentales que de verdad hacen mejor la vida: el derecho a la educación pública y a la sanidad pública; el imperio de la ley; la garantía de seguir disponiendo de una vida decente en la vejez. En la mayor parte del mundo sólo los ricos o los muy ricos tienen acceso a tales privilegios que para nosotros han llegado a ser derechos indiscutibles. No hace mucho más de treinta años que nosotros disfrutamos de ellos. Los que conocimos el mundo anterior tenemos la obligación de contar cómo era (…) para que los que han venido después y lo han dado todo por supuesto sepan que no existió siempre, que costó mucho crearlo, que perderlo puede ser infinitamente más fácil que ganarlo. Y que si nos importa de verdad tenemos que comprometernos para defenderlo y mantenerlo”.

¿Y qué hacer para mejorar? “No tendremos disculpa si no hacemos todos lo poco y lo mucho que está en nuestras manos, en las de cada uno, para que no se pierda lo que tanto ha costado construir, para asegurar a nuestros hijos un porvenir habitable, si no los alentamos y los adiestramos para que lo defiendan. Ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real. Después de tantas alucinaciones, quizás sólo ahora hemos llegado o deberíamos haber llegado a la edad de la razón”.

¿No es esto una educación para la ciudadanía tan real como necesaria?

Diario de Navarra, 5/8/2013

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