Asignaturas pendientes

Con la llegada del 1 de septiembre, se reinicia oficialmente el curso político. He tenido por costumbre en los últimos años publicar, por estos días, un artículo de balance y perspectivas. Así también lo había hecho esta semana. Pero cuando iba a enviarlo al periódico recibí una copia de la carta abierta que Roberto Jiménez, secretario general del PSN-PSOE,  había enviado a los medios de comunicación. Y donde hay patrón no manda marinero. Es al secretario general a quien corresponde fijar la línea política del partido y, por lo tanto, esa opinión era la que interesaba a la opinión pública. Pero el mismo secretario general, en su misiva a todos los afiliados, animaba a todos a reflexionar sobre el nuevo tiempo que se abre con el curso que comienza. Mi opinión es, obviamente, coincidente en sus líneas generales con la tesis que él expone. Pero cada uno le aporta sus matices y su lenguaje. Esta es, en todo caso, mi visión concreta de la situación, que espero sea una aportación más al debate en el que estamos inmersos.

En la medianoche del 15 de junio de 2012, la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, cesó al vicepresidente de ese mismo gobierno y secretario general del PSN-PSOE, Roberto Jiménez. Pocos días después, y en este mismo medio, me atreví a calificar la decisión de  lamentable para el presente y especialmente preocupante para el futuro. Transcurrido ya más de un año de la penosa y muy personal decisión de la presidenta, pasemos a evaluar los logros alcanzados y las perspectivas para el inmediato futuro.

No dudo que el Ejecutivo ganara en tranquilidad y homogeneidad, pero ni la eficacia, ni la intensidad, ni la capacidad de acuerdos han sido virtudes que lo han acompañado a lo largo del curso político 2012-2013. Al gobierno en minoría -un dato fundamental- no le ha sido suficiente el apoyo entusiasta del PP, contrapartida lógica al apoyo también entusiasta de UPN al gobierno del PP en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Y  las consecuencias no se han hecho esperar: prórroga presupuestaria, ausencia de iniciativas, deterioro creciente de la salud y la educación públicas, atonía económica, aumento alarmante de las cifras de parados, creciente contestación social, y una falta evidente de liderazgo político.

Por si eso no fuera suficiente, tres acontecimientos, uno interno y dos externos, han mermado la credibilidad ya de por sí escasa del gobierno: el resultado del congreso de UPN, los asuntos en torno a la CAN y el progresivo distanciamiento entre UPN y el PSN-PSOE. Del primero no hablaré por ser cuestión que compete al propio partido, pero las secuelas están a la vista. El resultado final del proceso de la CAN  lo conocemos: las personas imputadas han quedado exoneradas penalmente, sin que eso signifique que, ética y políticamente, las cuentas hayan quedado saldadas. Y la retórica apelación de la presidenta a la búsqueda de consenso con el PSN-PSOE, sí, aunque sorprenda, el mismo que echó del gobierno, no ha dado resultados tangibles. La brecha ha aumentado y lo que se pensaba eran incompatibilidades personales están dando paso a incompatibilidades políticas. Y esto es mucho más serio, porque los líderes pasan pero los partidos permanecen.

Con este pobre bagaje hemos iniciado la segunda parte de la legislatura. Es a UPN y a su presidenta, que a la vez lo es del gobierno, a quien corresponde mover ficha en esta penosa situación política, social y económica. A mi juicio, tienen tres opciones: dedicarse a gestionar la nada y convertir en ordinario lo que en cualquier democracia asentada sería extraordinario, perder una tras otra las votaciones en el Parlamento; recuperar la iniciativa política y conseguir los apoyos suficientes para hacer frente a una situación de extrema gravedad; o convocar nuevas elecciones.

La primera de las opciones la hemos vivido a lo largo del año que termina. Su resultado tal vez favorezca a UPN y a su presidenta, pero sin duda provocará más frustración en la ciudadanía y un mayor alejamiento entre administración y administrados. La segunda exige coraje, generosidad y mucha cintura política. Esto solo será posible si todos los esfuerzos van encaminados a garantizar el estado del bienestar y la incentivación económica. Aun reconociendo la dificultad del momento y la reducción de la recaudación,  las políticas de rigurosa austeridad se han demostrado contraproducentes. En consecuencia, solo un cambio de rumbo permitiría propiciar la mayoría necesaria.

Si esto no es posible, tal vez la solución menos mala pase por la convocatoria de elecciones y que sea la ciudadanía quien decida el rumbo a seguir en el inmediato futuro. Afortunadamente, en democracia, la última palabra siempre la tiene el pueblo.

¿Y qué responsabilidad tiene el PSN-PSOE en todo este proceso? La respuesta no puede ser otra que importante pero relativa, es decir, la derivada de su fuerza electoral: 51.238 votos y 9 parlamentarios. Unos votos y parlamentarios comprometidos no con UPN, sino con Navarra. Como ha reiterado nuestro secretario general, no formaremos parte de ninguna coordinadora del no, como a veces se nos acusa. Si de muestra sirve un botón,  fue el PSN-PSOE quien propició la Mesa por el Empleo y dotó al gobierno de un instrumento eficaz para luchar contra el principal problema que nos aqueja.

Y si el horizonte son unas nuevas elecciones, también estaremos preparados, tratando de liderar un bloque social de progreso, alternativo a UPN, que garantice una salida social y solidaria a la crisis, y defienda la identidad de Navarra. Con el plus adicional de que nuestro cabeza de lista, una vez concretada la fórmula en la conferencia política de noviembre, será el que nuestros militantes decidan en unas elecciones primarias convocadas al efecto.

El curso que comienza es complejo, importante y esperanzador. Nunca la clase política había suscitado un rechazo tan grande de la ciudadanía. Y casi nunca ésta se había sentido tan huérfana de liderazgo.  Tenemos un curso por delante para aprobar estas asignaturas pendientes. ¿Lo conseguiremos?

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