Cultura, también en verano

Pocas expresiones resultan en nuestros días más repetidas, invocadas y valoradas que la palabra “cultura” y todo lo que conlleva. Sobre todo desde que los países más avanzados la incorporaron a las normas básicas como un derecho de toda la ciudadanía. Eso sucede también en España, donde la Constitución reconoce en su artículo 44.1 que “los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho”.

Pero si intentamos definir qué se entiende por cultura, desaparece la unanimidad y comienzan las divergencias. Aristóteles, Cicerón, Ortega y Gasset -“lo que el hombre hace para sobrenadar en la vida”, es su escueta y lúcida definición-, Freud, Weber, Geertz son algunos nombres que han reflexionado sobre este polisémico concepto. Para no entrar en compleja polémica, quedémonos con la aséptica y poco comprometida definición de la RAE: “Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre”.

No hay duda de que, aún con todas las dificultades y carencias que la crisis ha generado, la etapa democrática en España y también en Navarra se ha caracterizado, entre otras cosas, por el auge y la generalización de la cultura. Y esto entendido tanto en sentido cuantitativo como cualitativo, y aplicado, aunque con carencias, a todo el territorio,  tanto a la Navarra urbana como rural.

Hagamos un poco de historia. Hasta 1984, el organismo encargado de la cultura, la Institución Príncipe de Viana, centraba sus esfuerzos en  patrimonio, archivos, museos y bibliotecas, y solo esta última disponía de una red que mereciera tal nombre. Unos años antes habían nacido los Festivales de Olite, un hito relevante en el panorama cultural navarro, que permitió disfrutar de espectáculos teatrales y musicales inexistentes durante el resto del año. Solo los ayuntamientos de mayor población y capacidad aportaban algo más a este exiguo balance. La creación del departamento de Educación, Cultura y Deporte supuso la aparición de un organigrama en el que la difusión y promoción cultural tomó cuerpo y se desarrolló una programación modesta y estable. Todo ello con un crecimiento sustancial de los presupuestos, que nos acercó al 1% tenido por objetivo deseable en los países desarrollados. Los ayuntamientos se unieron de forma entusiasta a esta dinámica y la programación cultural se convirtió en un capítulo obligado, y no el menor, de la actividad municipal. La red de casas de cultura y centros cívicos, excelente aunque parcialmente infrautilizada, es hoy el mejor exponente de una política continuada en el tiempo.

Es un lugar común, solo parcialmente cierto, que el verano cultural navarro es un yermo, como si la cultura tuviera que coger también vacaciones y esperar a septiembre para volver a desperezarse. Sin embargo, pocos tiempos tan propicios para la cultura en sentido amplio como el estival. La lectura de un libro, sea en la biblioteca o en casa, está a nuestro alcance en cualquier punto del territorio. Si usted no es socio de la red, le recomiendo que se haga. Es sencillo, gratuito y le atenderán de forma muy amable y profesional. Los museos y colecciones museográficas se extienden por toda nuestra geografía. Haga turismo interior. Lo tenemos todo, naturaleza, gastronomía y arte, con ejemplos señeros que podemos visitar en excursiones de un día, sin pernoctar fuera de casa. Los festivales de música -Pamplona, Euguí, Mendigorría, Larraga- han arraigado en los últimos años. El Festival de Olite, este año con buen tiempo, nos ha deparado espectáculos de calidad. El programa Cultur nos ofrece una variada programación durante el mes de agosto a precios populares, cuando no gratuitos. Las visitas teatralizadas a espacios y monumentos ya no son una excepción. Y las programaciones locales, sean en fiestas patronales o no, también han hecho un hueco a la cultura.

No desaproveche la ocasión. El año ha sido duro y el que viene tampoco se promete fácil. Siguiendo a Ortega, coja fuerzas y ayúdese de la cultura para sobrenadar en la vida. Hay pocas cosas que resulten más gratificantes.

Diario de Navarra, 8/8/2013

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