El Príncipe de Viana de la Cultura

El pasado jueves, 6 de junio, tuvo lugar en Leire la entrega del premio Príncipe de Viana de la Cultura al filósofo Daniel Innerarity. Pasados unos días, en la tranquilidad del fin de semana en Oteiza, recojo algunas de las impresiones que el premio me suscitó.

Por suerte o por desgracia, de casi todas las cosas en las que me tocó participar en mi condición de consejero de Cultura han pasado 25 años. El año que viene se cumplirán, como recordó la presidenta del Gobierno en su discurso, también 25 años de la institución del premio. Todavía recuerdo el desarrollo del modesto primer premio en el claustro del monasterio, entregado en 1990 a don José Goñi Gaztambide, y del que me tocó hacer la laudatio del premiado. Como también la propuesta en favor de Eugenio Asensio al año siguiente, un reputado lingüista casi desconocido en su tierra, al que tuvimos ocasión de dar a conocer con motivo de la concesión del mismo. Afortunadamente, superadas y rectificadas las veleidades de internacionalidad del premio que tan magro resultado dieron, el galardón ha vuelto a sus orígenes, y la nómina de premiados a lo largo de los años es un elocuente ejemplo de la buena trayectoria alcanzada.

La presencia de los Príncipes de Viana desde hace casi 20 años realza, sin duda, los actos de Leire, aunque haya que pagar el peaje de un protocolo más rígido de lo deseable y de unas loas entre convencionales y huecas que acompañan casi siempre los discursos de las autoridades, y de las que no se salvan tampoco las palabras de la mayor parte de los premiados. En esta ocasión los príncipes llegaban a Navarra en un momento de especial zozobra política. La presidenta está en vísperas de ser llevada al Tribunal Supremo en relación con las dietas de la CAN. Sin embargo, aunque los teléfonos móviles echaban humo y en los corrillos de unos y de otros era la conversación dominante, allí estaba Yolanda Barcina como si nada pasase. No dudo que la foto fue incómoda para los príncipes, pero el protocolo los situó pegaditos durante buena parte del día. También yo tuve ocasión de departir con unos y otros, y separar con claridad lo personal de lo político. Saludé con afecto a Enrique Maya al que vi personalmente muy afectado.  Al margen de consideraciones políticas, lamento su situación, más encontrada que buscada, y que le está reportando tantos sinsabores.

Pero el acto central del día fue la entrega del premio. La presidenta del Gobierno enhebró un discurso muy interesante y bien construido. ¡Lástima que en su boca no tuviera la credibilidad necesaria! Bien construido y basado en sólidos principios me pareció también el discurso de Daniel Innerarity. Reflexionó sobre los tres principales desafíos que tenemos como sociedad: la transformación de nuestra cultura política, el valor del pensamiento para la convivencia democrática, y la necesidad de construir una sociedad más respetuosa con su pluralidad y más integrada. Estoy básicamente de acuerdo con sus reflexiones. Su discurso me pareció valiente y coherente. Pero creo que se excedió en sus consecuencias prácticas al reclamar otras mayorías políticas. Esas mayorías las dan las urnas y las tienen que plasmar los grupos políticos presentes en el Parlamento de Navarra. Pero el último párrafo de su discurso merece la pena pensarlo y repensarlo, porque ahí está una de las claves de nuestro futuro: “Tenemos que construir una sociedad más respetuosa con su pluralidad interna y más integrada, lo cual debería llevarnos a superar esa formulación de nuestra identidad en contra de algo, un prejuicio que se ha traducido en una fuerte polarización social. Navarra es más plural que lo reflejado en sus instituciones, y más aún que sus habituales mayorías de gobierno (…) la cuestión clave es si, más allá de nuestras diferencias políticas e ideológicas, estamos dispuestos a respetarnos como personas que forman parte de la misma sociedad, si somos capaces de convivir con el respeto a la diferencia y superar nuestra crónica dificultad de entendernos”.

El autor estuvo acompañado por buena parte del nacionalismo moderado en el que milita, que hizo así su presentación ante la Navarra oficial. No es poca tarea para los próximos meses que seamos capaces de convivir con el respeto a la diferencia y respetarnos. Las mayorías las decidirá la ciudadanía tras las próximas elecciones.

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