El Buen Pastor

Icono bizantino representando al Buen Pastor

Ayer, IV domingo de Pascua, la liturgia nos presentaba  dos lecturas de gran interés. La primera hacía referencia al momento clave en que Pablo y Bernabé, a la vista del rechazo que su predicación provoca entre los judíos, deciden dirigirse a los gentiles. Un acto que, además de su profunda significación, expresa claramente las distintas sensibilidades existentes ya desde los primeros tiempos entre “conservadores” y” progresistas” representando Pablo, claramente, la segunda.

El evangelio del Buen Pastor, tan enraizado en la tradición semítica, dado que Israel fue básicamente un pueblo de agricultores y ganaderos, tiene hoy una traducción  nada fácil para nuestra civilización. Eso de que “somos las ovejas” no suena bien a nuestra mentalidad. Pero aunque la forma sea equívoca, el fondo del mensaje tiene plena actualidad.

Angel, el párroco de Oteiza, ha realizado una sencilla, actual y hermosa catequesis que queda resumida en una frase: ¿Por qué nos ocupamos tanto de cosas y nos preocupamos tan poco de las personas? Lo importante al final del día no es cuánto de bueno he hecho hoy, sino a quién he ayudado hoy.

Esto es aplicable a todos los órdenes de la vida, tanto al religioso como al civil. Y no es mal mensaje para mi tarea como parlamentario: lo importante son las personas, en especial, las que menos tienen.

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