Un acuerdo necesario

Imagen de la Comisión que ha debatido los cambios en la ley

Llevo más de treinta años, con viajes de ida y vuelta, en la vida política. He vivido todas las emociones y todos los estados de ánimo en una época y en una tierra de especial intensidad. Debo reconocer, no obstante, que el descrédito, en muchos casos ganado a pulso, que ahora tiene esta actividad no lo había vivido nunca. Si de muestra sirve un botón, el espectáculo de las dietas de la CAN es el último episodio conocido de una larga lista que parece interminable. Lo que en otras épocas pasaba más o menos inadvertido, hoy, dada la coyuntura socioeconómica en que vivimos, resulta un escándalo considerable. Una vez más habrá que recordar que no todo lo legal es ético, y que el liderazgo político exige un plus de ejemplaridad  que lo legitime.

Pero con ser un sistema con muchos defectos, el democrático es el modelo menos malo posible. Y el que nos permitirá convivir con decencia y articular una sociedad donde se respeten los derechos de todos, en especial el de los que menos tienen. Lo he vuelto a pensar y a verbalizar esta mañana en la comisión de Cultura, Turismo y Relaciones Institucionales a propósito del debate de la modificación de la Ley de Comercio.

Al ser portavoz de cultura, he añadido una responsabilidad nueva en la actual legislatura, la de responsable del área de comercio. Nunca hasta ahora me había preocupado tal cosa, y eso que mi madre detentó una tienda de ultramarinos en Los Arcos, que nos ayudó a sacar adelante la familia numerosa que éramos.

El PP, probablemente empujado por las grandes superficies, ha modificado la Ley de Comercio en vigor en España, ampliando la apertura de horas y de festivos y declarando la normativa legislación básica, lo cual la hacía de obligada aceptación.

UPN trasladó dicha normativa a Navarra de forma casi mimética, sin tener en cuenta sino a una de las partes en juego, los sindicatos del sector que representan a un numerosísimo grupo de trabajadores especialmente afectados por horarios amplios y salarios bajos. Su paso por el Parlamento en forma de Decreto Ley Foral se saldó con un fracaso anunciado. Toda la oposición, excepto el PP, se opuso a la norma.

Nabai presentó una Proposición de Ley que pretendía legislar en contra de la normativa básica nacional, con el consiguiente peligro de liberalizar totalmente el sector.

Ante este escenario solo cabía tratar de acordar entre las partes, comerciantes y sindicatos e intentar aproximar posiciones. No ha sido tarea fácil. Se descolgaron los sindicatos nacionalistas y  las grandes superficies. Pero quedaron UGT y CC.OO. y los pequeños comerciantes en la mesa, con ganas de aproximación y ánimo constructivo. Puedo decir con satisfacción que creo haber ayudado a que el acuerdo haya sido posible. Aunque luego el acuerdo haya tenido que ser compartido con los grupos que han querido firmar las enmiendas que lo hacían posible.

Esta es la grandeza de la vida política. Ayudar a hacer realidad un acuerdo que sin satisfacer a ninguna de las partes, haya dejado razonablemente contentos a todos. El trabajo no ha consistido en la hora que ha durado la comisión, y que ratificaremos en un próximo pleno. Atrás quedan muchas llamadas de teléfono, muchas horas de diálogo con las partes y la satisfacción del deber cumplido. Espero que el acuerdo sea duradero y que sirva a los intereses de las partes: trabajadores y pequeño comercio, que hoy no pasan precisamente por sus mejores momentos.

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