Un Calderón prodigioso

El pasado domingo tuve la oportunidad de asistir en el Teatro Gayarre de Pamplona a una sesión de teatro de muchos quilates. Se representaba “La vida es sueño”,  de Calderón de la Barca, por parte de la compañía nacional de teatro clásico dirigida por Helena Pimenta, en versión de Juan Mayorga.

No soy gran aficionado al teatro, pero me pareció una obra memorable por tres razones. La primera, el texto de Calderón, en opinión de Helena Pimenta, “uno de los textos más hermosos e inquietantes, no ya del Siglo de Oro español, sino de la dramaturgia universal de todos los tiempos”. En las más de dos horas de representación, seguidas con atención por un público que abarrotaba el teatro, los versos fluían con aparente facilidad y perfección formal, pese a la dificultad y la profundidad de la trama. Resultaba reconfortante recordar de vez en cuando estrofas completas que estudié en el bachillerato y retrotraerme a tiempos educativos marcados por valores distintos a los actuales. Con aspectos positivos, sin duda ninguna.

La segunda, la versión y dirección de la misma. La puesta en escena, con la luz jugando un papel clave; la presencia de música barroca en directo; y el juego y movimiento de actores, incorporando  técnicas propias de mimo y danza, me pareció extraordinaria.

La tercera, la interpretación general de los personajes, sobresaliendo una Blanca Portillo en el difícil papel de Segismundo, capaz por sí sola de articular buena parte de la obra. Su menudo cuerpo lleno de vigor, su buen hacer dramático, y su pulcritud a la hora de declamar el texto poético evidenciaron que Segismundo es más que un personaje masculino, es la quintaesencia de un ser humano privado de libertad. Que sea hombre o mujer no deja de ser una cuestión menor.

Y una constatación final: la buena respuesta del público cuando la obra lo merece. No siempre ocurre así, pero probablemente la presencia de Blanca Portillo le dio ese plus de notoriedad que el teatro necesita para hacerse popular. Lo ratificaron las dos sesiones con el cartel de no hay billetes que tanto gusta a compañías, instituciones y público. La programación promete y es de justicia dejar constancia de ello.

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