La Ruta de la Seda. Cuaderno de viaje (y XII)

A lo largo de los días precedentes, he procurado dejar constancia de los lugares visitados y de los monumentos admirados. Pero un viaje es mucho más que la contemplación de monumentos y paisajes, aunque como en este caso sean Patrimonio de la Humanidad y deslumbren por su belleza. Todo viaje es una invitación a salir de uno mismo y comunicar con los demás, a conectar con gente de todo color y condición cultural, social y política. De ahí que el grupo, inexistente el primer día, vaya tomando mayor presencia a medida que transcurren las etapas, hasta convertirse, si el viaje merece el nombre de tal, en parte esencial del proceso final.

Las imágenes que siguen pretenden reflejar la otra cara del viaje y de Uzbekistán. No tanto los monumentos, sino el grupo que los visitó. No tanto los paisajes, sino las gentes que lo habitan. Uzbekistán es, además de bellísimo, un país joven y prometedor que siempre quedará en nuestros corazones. Corazones que, si la crisis no lo impide, nos volveremos a juntar el año próximo para visitar otro país que lo tiene casi todo, Turquía. Mientras tanto, gracias de nuevo a todos los que han hecho posible el viaje y feliz verano.

 

 

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