Fin de curso en Régimen Foral

Ayer, 29 de junio, la Comisión de Régimen Foral, de la que soy presidente, celebró su última reunión del curso político parlamentario. Era perfectamente consciente de la dificultad de la sesión, y esto por dos motivos: el orden del día, en el que se iban a tratar las razones de la crisis de gobierno y el estado de las cuentas de Navarra, por un lado; y por otro, el ambiente caldeado al que se llegaba a la sesión después del cese del vicepresidente primero y secretario general del PSN-PSOE y el pleno celebrado el pasado jueves, en el que UPN empezó a vivir en propia carne lo que es un estricto gobierno en minoría.

Esa fue la razón por la que apelé, en su inicio, al buen sentido de todos los grupos para conseguir un debate cabal y civilizado. Y efectivamente, el debate tuvo mucho interés, al igual que el pleno vivido el día anterior, pero lo que no me imaginaba era que precisamente la que por razón de su cargo y de su actual situación política, estaba obligada a ser más prudente y contenida, fuera la que echara más leña al fuego.

Observé en la señora Barcina una doble contradicción. La primera, descalificar hasta extremos pocos razonables a Roberto Jiménez, secretario general del PSN-PSOE , y reiterar hasta en tres ocasiones que la fórmula UPN-PSN le parece la mejor solución para la gobernación de Navarra. Solo una persona que no ha vivido una cultura de partido, sino que tiene un partido que lo cree a su servicio, puede pensar de semejante manera. La segunda contradicción es también evidente. ¿Con quién va a gobernar a partir de septiembre, cuando el Parlamento abra de nuevo sus puertas, si los votos del PP no le son suficientes y ha roto todos los puentes con el que dice es su socio más deseado, el PSN? Sólo una persona políticamente insensata e imprudente puede obrar de semejante manera. Aquí, imprescindible no hay nadie, como se ha encargado de demostrarnos la propia historia de la Navarra democrática y constitucional. Si continúa por ese camino no será la oposición, sino su propio partido quien tendrá que elegir entre ella o un posible gobierno futuro.

Queda el verano para la reflexión y el sosiego. Pero septiembre está a la vuelta de la esquina y si la cintura política de la señora Barcina no mejora y mucho, el choque de trenes resultará inevitable. Y tal vez entonces será demasiado tarde la apelación a la responsabilidad y a la gobernabilidad que siempre nos toca conjugar a los mismos. Ella, para bien y para mal, será la máxima responsable de lo que suceda.

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