Antonio Cabrero Santamaría

El pasado jueves, 7 de junio, el ayuntamiento de Pitillas celebró un pleno extraordinario en el que, por unanimidad, se rindió un merecido homenaje de reconocimiento a Antonio Cabrero Santamaría, ugetista y socialista, alcalde de la localidad en julio de 1936, asesinado en las tierras altas de Soria el 3 de septiembre del mismo año.

Compañeros de partido del alcalde asesinado, entre otros Roberto Jiménez, secretario general del PSN-PSOE, y algunos vecinos asistimos al acto con la emoción a flor de piel. Tras la lectura por parte de Amador Jiménez, actual alcalde socialista de Pitillas, de un escrito glosando la vida y obra de Antonio Cabrero, dos nietos del homenajeado recibieron como recuerdo un libro recopilatorio de las actas que su abuelo firmó como alcalde de la localidad. Tras un recuerdo también para los cuatro concejales que le acompañaron en la corporación y los 21 pitilleses asesinados en la represión subsiguiente a la guerra, los asistentes subimos a la antigua casa del alguacil para conocer la nueva sala de reuniones que, a partir de ahora, llevará el nombre de Antonio Cabrero Santamaría.

Como resumen de un acto que  constituyó una elemental y justa reparación histórica, recojo algunos de los párrafos del discurso de Amador Jiménez.

 “Ser socialista en Navarra no era fácil. Indalecio Prieto, en su visita a Pamplona en 1932 reconocía la grandeza, el heroísmo que supone ser liberal, ser demócrata, ser republicano o socialista en Navarra. Uno de estos héroes tiene para nosotros nombre y apellidos: Antonio Cabrero Santamaría. Alma de los socialistas y ugetistas locales, el jornalero Antonio Cabrero, casado con Juliana Urzáin y padre de cuatro hijos, se involucra progresivamente en la vida del pueblo. Preocupado por el porvenir de los suyos participa activamente en la recuperación de los comunales y colabora en el semanario “Trabajadores”. Su compromiso, iniciada la II República, da un paso más y se convierte en concejal de su pueblo por el PSOE. En el libro que entregaremos como recuerdo a la familia, hemos recogido algunas de sus iniciativas en los meses inmediatamente anteriores a la guerra civil. El 9 de abril de 1936 presenta en nombre de su grupo una moción de censura contra el alcalde, según sus propias palabras “por no haber hecho renuncia de su cargo al no contar con la confianza necesaria para desempeñarlo, desconfianza que se ha hecho visible en anteriores sesiones”. Elegido alcalde, inicia una frenética actividad que se refleja en el diario de sesiones: las condiciones de vida de los jornaleros, los comunales y las corralizas son algunas de sus principales preocupaciones. Pero el tiempo lamentablemente se acaba, ya que el golpe de estado del 18 de julio de 1936 da paso a un periodo de represión interna que alcanza a cuantos militan en organizaciones de izquierda y, en especial, a los cargos públicos de la misma.

Despojado de la alcaldía el 20 de julio entre amenazas de muerte, Antonio Cabrero se resiste inicialmente a dejar Pitillas. Pero sabedor del fin que le esperaba, huye junto con Valentín Llorente, maestro de escuela de 28 años y simpatizante del Frente Popular, hacia las tierras altas de Soria. En Acrijos encontraron el refugio de unas amistades en el corral de Los Hoyuelos, donde varios pastores les proporcionaron su ayuda durante cerca de 40 días. Pero también allí la situación se hace insostenible. Los registros y amenazas a los vecinos consiguen que éstos les pidan abandonar el municipio para que el pueblo no se viera más comprometido ni sufriera más represalias. Antonio y Valentín salieron hacia la Alcarama y a su paso por Fuentebella se alojaron en un corral. De nuevo bajo presión, el alcalde y varios cazadores obligaron a un vecino a revelar el corral donde se escondían. Subieron por la noche y dispararon un tiro al aire junto a la puerta haciéndoles salir. El primero en ser asesinado fue Antonio Cabrero. Posteriormente fue el turno de Valentín Llorente. Sus restos reposan en algún lugar del barranco que, pese a todos los esfuerzos posteriores, no se han podido localizar.

Y comenzó la etapa del dolor y del silencio. Juliana primero con sus escasos medios; Valentín, el hijo de Antonio, después; y finalmente sus nietos, continuaron su búsqueda. A día de hoy y desde julio de 2010, en ese mismo entorno, un monolito recuerda la memoria de Antonio y Valentín. Junto a la bandera republicana y las fotos de los asesinados, una letrilla recuerda al alcalde de Pitillas:

“La vara de la Libertad/la lleva quien la merece/la lleva Antonio Cabrero/ y en sus manos resplandece”

Han pasado 76 años desde que Antonio Cabrero abandonó obligadamente Pitillas, su segundo pueblo, huyendo de una muerte segura. Él, que había sido elegido democráticamente por sus vecinos para representarles. Él, que había sido elegido democráticamente por la corporación para presidir el municipio. Él, que tenía como objetivo fundamental en esta vida luchar y defender los derechos de los que menos tenían.

Han pasado tal vez demasiados años sin que Pitillas le haya rendido el reconocimiento que se merece a una persona que perdió su vida por defender la de los suyos. Sirva pues este acto como testimonio de afecto, reconocimiento y admiración”.

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