La Ruta de la Seda. De camino hacia Uzbekistán (I, 3 de abril)

Mapa de Uzbekistán con las cinco ciudades visitadas

Son muchos y buenos los recuerdos de mi viaje a Siria en el año 2009, un país asomado a la orilla del Mediterráneo, encrucijada de culturas, y hoy envuelto en la cruel pesadilla de una guerra civil. Un viaje sugerente y bien aprovechado que los amigos del Verbo Divino pusieron a nuestra disposición, de la mano de Rosa, Nicanor y Francisco.

Por eso, cuando este año, tras estancias anteriores en Sicilia y Grecia, ofrecieron la posibilidad de viajar al corazón de la Ruta de la Seda, no lo dudé un momento. El viaje me interesaba en lo cultural, lo etnográfico y lo turístico.

La ruta de la seda y su referencia máxima, Samarkanda, es un hito y un mito en los destinos culturales del Asia Central. Las referencias se acumulan: camino entre oriente y occidente, Gengis Kan, imperio mongol, Tamerlán, grandes culturas, Marco Polo, Ruy González de Clavijo, siglos de oscuridad y abandono, dominio ruso, pertenencia a la URSS y nueva independencia.

Un panel en Khiva nos informa del recorrido de la Ruta de la Seda

Poco me podía imaginar yo que aquel tema que rehuí en la oposición a agregado de instituto en el año 1976 en Córdoba, titulado “Gengis Kan y Tamerlán”, iba a tener ocasión de experimentarlo y conocerlo 36 años después en los próximos días.

La jornada amaneció triste y casi lluviosa en Oteiza. Con celeridad, porque el despertador nos ha jugado una mala pasada, nos preparamos y Benito nos acerca a Estella, lugar de salida de nuestro viaje. Nos acompaña Íñigo, que por primera vez viene con nosotros a un viaje cultural largo y algo complicado para él. Es el más y casi único joven en una expedición de veteranos. Pero le puede la curiosidad y aquí está con nosotros.

El viaje en autobús a Madrid nos depara la grata novedad de la lluvia, tras una sequía tan pertinaz. Navarra, La Rioja, Soria, Guadalajara y Madrid esperan la llegada de las lluvias de primavera para paliar la sed de un campo apenas verdecido.

Los aeropuertos son espacios imprescindibles en los viajes de hoy, pero frente a la puntualidad de autobuses y trenes, siguen siendo una pesadilla. Así sucedió hoy, ya que el viaje previsto a Milán, por razón de una huelga que afectaba al espacio aéreo francés, se retrasó más de una hora.

La abarrotada aeronave de Iberia despegó a las cinco y media de la tarde y llegó a Milán a las siete y cuarto. Una vez más, Italia, que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar en lo personal y lo cultural a María Luisa y a mí, como cabeza de puente hacia Oriente.

El grupo espera animado la partida de Barajas

La terminal internacional de Malpensa, exquisita en sus tiendas, aunque algo anticuada en sus instalaciones, nos deparaba una doble sorpresa: la falta de un televisor para retransmitir el Barça-Milán de los cuartos de final de la copa de Europa y un nuevo retraso, camino de Tashkent. Pero la tecnología lo puede casi todo y Mikel, el amigo de Íñigo, fue retransmitiéndole desde Oteiza en tiempo real los pormenores del partido que, a su vez, Íñigo iba comunicando a los componentes de la expedición, que lo celebraban con júbilo durante la espera en el aeropuerto.

Al final, tras resistirse, embarcamos con cierto retraso camino de Tashkent. Un vuelo nocturno caracterizado por el cansancio, el sopor y la duermevela que acompaña a traslados considerablemente largos.

En la fila del mostrador de pasajeros tuvimos una pequeña muestra del país que nos esperaba: jóvenes y mayores con rasgos faciales muy distintos y peculiares, fruto de la mezcla de razas de un territorio por el que han cruzado casi todos los pueblos a lo largo de la historia.

Tras casi seis horas de vuelo, el cielo limpio de Tashkent apareció ante nosotros. Era un amanecer distinto, en el mejor sentido de la palabra. Con la adecuación horaria, las cinco de la mañana se convertían en las ocho, hora local de Uzbekistán.

Atrás habíamos dejado, en un viaje que dejaría estupefactos a los grandes exploradores de antaño, Italia, los Balcanes, los países del Este de Europa y Turquía, para adentrarnos en espacios aéreos del Cáucaso, el mar Caspio y las exrepúblicas soviéticas de mayoría musulmana, hoy países independientes.

Una nueva región del mundo, apenas conocida si no es por las noticias negativas de los conflictos y el terrorismo islámico, se abría a nuestros ojos.

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