Lamento por Siria

Desde mi época de estudiante en la universidad, he tenido una evidente inclinación por los viajes culturales. He utilizado todos los medios inimaginables para recorrer España y buena parte de los países europeos, con incursiones en algunos otros continentes. Desde el autostop al avión, cualquier medio era bueno, en función de las disponibilidades económicas y de tiempo, para hacer una escapada y disfrutar del arte y la naturaleza.

De entre todos los viajes efectuados, uno de los que más me impactó por su belleza es el realizado hace tres años a Siria, en el marco de las salidas programadas por un grupo de antiguos alumnos del Verbo Divino. Su ubicación geográfica, como ruta de acceso entre Oriente y Occidente; su riquísima aculturación, con elementos artísticos de primera magnitud de los más diversos estilos artísticos; y su peculiar estructura socio-política, lo hicieron inolvidable. Dejé constancia de ello en una especie de diario de viaje que, en forma de notas, colgué en los meses de abril y mayo de 2009 en este mismo blog.

He tenido estos días la oportunidad de releer dichas notas, porque Siria, desgraciadamente, está muy presente en los medios de comunicación. Aunque la falta de libertades era evidente -siempre pensé que nuestro veterano guía Jacinto era más que un estricto acompañante turístico-, nada hacía sospechar que el aparentemente occidental y refinado Bashar al-Assad iba a seguir los pasos de Hafez, su sanguinario padre. Pero la represión está superando todas las cotas inimaginables y el hijo está abocado, cual nuevo Gadafi, a morir con las botas puestas tras ser declarado reo de crímenes contra la humanidad.

¿Y qué hacen los organismos internacionales? Reunirse y dilatar un proceso que está inexorablemente abocado a una guerra civil. Tal vez no quede sino solidarizarse con un pueblo antiguo, amable y lleno de vida y desearle que su primavera no se vea demasiado ensangrentada. Y que el tirano desaparezca cuanto antes. Siria y su pluralismo religioso, social y cultural, necesitan una salida democrática, con todas las peculiaridades que su coyuntura exija.

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