Medallas eclesiales

El domingo pasado asistí en la catedral de Pamplona a la entrega de la medalla de la iglesia diocesana 2011. La mañana dominical, en este otoñal y todavía suave noviembre, invitaba a cierta melancolía. Desde la calle Curia, la fachada de la catedral, magníficamente rehabilitada en lo material y cada vez más valorada en lo artístico, brillaba con luz suave envuelta en los sones de las campanas comandadas por el tono grave de la hermana mayor, la campana María. El interior del templo ofrecía un aspecto esplendoroso, con autoridades, galardonados, invitados y feligresía, arracimados en la nave central en torno al sepulcro de Carlos III y doña Leonor.

Dejando a un lado el elemento religioso de la celebración, el esencial en la consideración de un creyente, pocos ámbitos alcanzan hoy la hondura y belleza de la liturgia cristiana, fruto de una decantación histórica y cultural de siglos. Y, una vez más, la celebración catedralicia fue un notable ejemplo de esa tradición. Aun sin la presencia del arzobispo, de visita pastoral en Corella, la novedad de las cruces parroquiales y los coros participantes, la capilla de música de la propia catedral, y los de Espinal-Auritzberri y Tudela añadió un plus de universalidad y solemnidad digno de resaltar.

Bajo el nombre de “iglesia diocesana” se incluyen muy diferentes realidades: desde la estructura administrativa y de poder, hasta el feligrés de la última parroquia; desde sectores de vanguardia en la ayuda social y acompañamiento al necesitado, a comunidades recluidas en el interior de sus iglesias y conventos; desde movimientos conservadores o inmovilistas, hasta sectores mucho más aperturistas, en difícil diálogo con la jerarquía. Todo eso, y mucho más, constituye la rica y plural personalidad de la iglesia diocesana, tan diversa como la misma Navarra. Una iglesia, que afortunadamente perdido parte de su poder e influencia material, busca en un contexto secularizado e indiferente, cuando no crítico, su identidad, su autonomía y una autofinanciación que le permita ser más libre todo poder.

¿Y por qué y para qué una medalla de la iglesia diocesana? Ambas cosas pretende dejarlas claras el señor arzobispo en su carta de presentación: “este galardón tiene como objeto reconocer por parte de las iglesias diocesanas de Pamplona y Tudela, como signo y expresión de agradecimiento, la tarea llevada a cabo por personas, grupos o instituciones, que hagan visibles los valores del evangelio en la sociedad navarra, de manera especial trabajos continuados y trayectorias relevantes”. La medalla será concedida por un jurado encargado de recibir propuestas de sacerdotes, parroquias, agentes de pastoral, organismos diocesanos, etc. Este año, como preámbulo, hechas las consultas oportunas, el arzobispo ha decidido otorgar el premio a la Fundación Caja Madrid por su decisiva participación en la rehabilitación de la fachada de la catedral.

De la misma forma que discrepé de la nueva orientación del Premio Príncipe de Viana de la Cultura que otorga el Gobierno de Navarra, me permito hacerlo ahora, desde el máximo respeto, con esta concesión diocesana por un doble motivo. En primer lugar, y dado el contexto en el que vivimos, no me parece oportuno que la primera medalla se conceda a una institución dependiente de una entidad bancaria y por una razón estrictamente material: la aportación económica a la rehabilitación de la fachada de la catedral. Y la segunda, porque puestos a premiar a instituciones que velen por el patrimonio, me parece que el galardón se lo merece mucho más la Diputación Foral-Gobierno de Navarra que, a través de la Institución Príncipe de Viana y desde hace 71 años, ha dirigido y financiado la restauración de buena parte del patrimonio eclesiástico, incluidas las catedrales de Pamplona y Tudela.

En todo caso, sobran colectivos y personas que hacen visibles los valores del evangelio en nuestra sociedad, merecedoras de esta distinción. En años sucesivos tendremos ocasión de comprobarlo. Mientras tanto, y pese a las reticencias, enhorabuena a los premiados en esta primera edición, porque todos han realizado un buen trabajo.

 Diario de Navarra 17/11/2011

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