La fiesta barroca

Las grandes exposiciones vinculadas al patrimonio artístico, afortunadamente, ya no son un hecho excepcional en nuestro país. El modelo ya clásico de “las edades del hombre”, pionero en esta iniciativa, se ha extendido a otras comunidades autónomas y las grandes restauraciones suelen culminar con un evento en el que patrimonio mueble e inmueble se presentan a la consideración y disfrute de la ciudadanía de forma secuenciada, pedagógica y multidisciplinar.

Una las Comunidades que se ha unido a esta corriente es La Rioja. Con el nombre de “La Rioja Tierra Abierta”, son ya cinco las ediciones organizadas para mostrar distintas facetas del patrimonio. La última, objeto del presente artículo, se encuentra instalada en la ciudad de Alfaro, justo al lado de nuestra muga foral. La colegiata de San Miguel es un imponente edificio barroco de ladrillo levantado a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Probablemente, su elemento más interesante y significativo sea la fachada, dotada de triple entrada, galería alta y torres a ambos lados, ejemplo perfecto de la escenografía propia del momento. Emblema del barroco riojano, en los últimos años ha sido objeto de un importante proceso de recuperación patrimonial que ha afectado a la cabecera del templo, las capillas, las pinturas murales, el órgano, la sillería del coro y las torres, como elementos más significativos, aunque no únicos.

Pues bien, aprovechando este preciso momento, toda ella en su interior ha dado paso a una exposición que, con el nombre de “La Fiesta Barroca”, recrea el ambiente del siglo XVII y la participación de los diferentes estamentos -monarquía y Corte, clero, milicia y estado llano- en la vida y en las celebraciones, desde una sofisticada coronación hasta los festejos más populares, pasando también por conmemoraciones religiosas y militares. Sobresalen, entre otros, la indumentaria, con réplicas de grandes cuadros de autores como Van Dyck, Bronzino y Pantoja de la Cruz; las formidables tallas de Gregorio Fernández, sobre todo los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael; algunos retablos y la gran sillería del coro.

Como suele ser usual en estas manifestaciones, los contenidos expositivos se completan con un amplio programa de actividades que incluyen conciertos, rutas teatralizadas y un tren turístico hasta los sotos, enfocado al disfrute de las aves, no en vano la colegiata alberga la mayor colonia de cigüeñas de Europa sobre un único edificio. La vista de cerca de sus nidos en la subida a la torre o la visión general de las aves desde cualquier banco de la plaza de España, situada los pies del templo, tampoco tiene desperdicio.

La fiesta no termina en Alfaro. Corella, distante pocos kilómetros, es la ciudad barroca por excelencia de Navarra, con una buena colección de iglesias, conventos y edificios civiles. A fin de completar la perspectiva, el lector interesado podrá pasar del amplio pero discreto interior de la colegiata riojana a la exuberante y profusa decoración de la parroquia navarra, también dedicada a San Miguel, que alcanza su apoteosis en el retablo y la cúpula, con ángeles y demonios que parecen caer hacia el presbiterio en una solución absolutamente teatral.

Si pueden, hagan un hueco a esta fiesta en su calendario estival. Tras sus respectivas restauraciones, los dos conjuntos visten sus mejores galas.

Diario de Navarra 11/8/2011

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