Los enamoramientos

En la segunda quincena de julio he alternado la lectura del “tiempo entre costuras” de María Dueñas con la última novela de Javier Marías. Es este un autor al que he seguido mucho en su faceta de articulista -admiro su buen estilo, su independencia y su falta de prejuicios-, pero menos en su bien nutrida faceta de novelista. Las veces que lo he intentado reconozco que he tenido dificultades para llegar hasta el final. Lo mismo me ha sucedido en esta ocasión. Pero no sé si por vergüenza torera, por militancia literaria o por ser de la misma quinta, el caso es que en esta ocasión la lectura ha sido culminada con éxito.

De entrada conviene señalar que Marías no es un autor fácil, y este libro tampoco lo es. Su prosa, larga y bien construida, es propia de un autor sólido y cuajado, como el maduro Marías que la ha concebido. El sentido reflexivo que anima todas sus páginas, que aparentemente lastra la lenta cadencia de los acontecimientos, no invita a devorar apresuradamente las páginas como si de una novela de éxito se tratara. Y el tema principal del libro, el enamoramiento y lo que conlleva, capaz de lo mejor y lo peor, tampoco ayudan a que la narración tenga la fluidez de las novelas al uso.

Sin embargo, el libro me ha gustado por otros motivos: hay sabiduría literaria en todas sus páginas, el buen conocedor de la literatura y excelente traductor aflora en muchos de sus párrafos, y las reflexiones y vivencias aparentemente cotidianas fluyen sin especial dificultad.

Lo que sí me ha sorprendido en el autor es un final tan poco trágico. Todo apuntaba a una posible venganza, pero el amor tuvo, también en esta ocasión, un efecto redentor: “El empeño de los hombres suele ser el contrario, sin embargo, aunque tantas veces fracasen: grabar a fuego esa flor de lis que perpetúe y acuse y condene, y acaso desencadene más crímenes. Seguramente ese habría sido también mi propósito con cualquier otra persona, o con él mismo, de no haberme enamorado tiempo atrás, estúpida y silenciosamente, y todavía quererlo hoy un poco, supongo, a pesar de todo y todo es mucho”.

En definitiva, a mi juicio, una novela densa, reflexiva y de no fácil lectura. Y, pese a las dificultades, una buena novela, que es lo importante.

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