Navarra festiva (XII): Oteiza

 

Sin solución de continuidad, las fiestas de Oteiza se encadenan con las de Los Arcos. De ahí que, en mi maratón festivo particular, mis fiestas patronales duren diez días y las tenga que dosificar si no quiero morir en el empeño.

Las fiestas de Oteiza, mi segundo pueblo, comienzan con un espectáculo lleno de simbolismo: la quema del Roñoso, un muñeco que representa lo negativo del ser humano, aquello que hay que desechar, el año viejo que termina. Tras el desfile por las calles del pueblo, el Roñoso es quemado en la plaza del Raso entre la expectativa de los vecinos que saben que constituye el comienzo de la fiesta. Y con las brasas del fuego, la corporación municipal en persona, además de algunos colaboradores, prepara cientos de tostadas untadas con aceite, ajo y sal que los vecinos recojemos disciplinadamente mientras suena la música de la charanga. El espectáculo ha ido a más en los últimos años, y se está convirtiendo en uno de los actos esenciales de las fiestas. Todo ello además, con el fervor y el calor de lo que está a punto de comenzar entre la ilusión de los niños, las expectativas de los jóvenes, la experiencia de los adultos y la resignación satisfecha de los más mayores que ¡un año más! viven para contarlo.

Las fiestas de Oteiza tienen un marcado signo participativo, que este año ha tenido que intensificarse como consecuencia de la crisis. La razonable propuesta de la corporación, reducir dos días festivos, chocó con la lógica discrepancia de los más jóvenes y no pudo llevarse a efecto la inicial previsión municipal. Como contrapartida, los dos días han debido llenarse con actividades autoorganizadas a fin de estirar un presupuesto que no daba para más. Una de estas actividades, sin duda el espectáculo estrella de las fiestas, fue el concierto de los Zamaka, formación compuesta por un grupo de jóvenes oteizanos que hace 15 años decidieron disolverse después de protagonizar algunos conciertos por Oteiza y la comarca. La muerte de Pedro Mari Lasa, uno de sus componentes, hace diez años fue el detonante para realizar el concierto en su honor. Honor que compartió también con Pizo, otro miembro de la cuadrilla muerto hace escasas fechas. Y los Zamaka armaron el taco. Nunca había tenido ocasión de ver la plaza del Raso llena hasta la bandera, con gente de todas las edades que aplaudía a rabiar las clásicas mexicanas del grupo. Rubén y su buen estilo y Arguiñano y su pundonor llenaron de voz y decibelios una plaza que vibró y se emocionó en el recuerdo a los ausentes, sobre todo cuando Miguel, hermano de Pedro Mari subió al escenario para dar las gracias en nombre de la familia. Se despidieron hasta dentro de otros 15 años, pero me temo que el éxito obtenido no se lo va a permitir y tendrán que volver el año próximo para satisfacer a un público incondicional.

La fiesta grande, el día del patrón San Miguel, se desarrolló dentro de la más absoluta normalidad institucional. Atrás quedan los años en que Oteiza era una isla a la que nadie llegaba y a nadie se invitaba. El presidente en funciones del Gobierno de Navarra, Javier Caballero, cuyo abuelo era oteizano, varios parlamentarios del PSN-PSOE entre los que me encontraba, alcaldes y concejales de los pueblos vecinos, nos acompañaron en la celebración cívica y religiosa. Hasta don Ángel, el párroco de la villa, se unió a la celebración con una homilía adecuada que fue un canto a la unión, la participación y el trabajo en común. Un modesto aperitivo terminó con la fase oficial y abrió la celebración más personal de estos días entrañables. Fueron muchos los ingredientes dignos de resaltar: las extraordinarias pochas de Benito, los agresivos toros de fuego, la estupenda charanga de Cirauqui, el buen ambiente y el sofocante calor que nos ha acompañado estos días. Todo terminó con un “Pobre de mí” cálido y multitudinario en el que los ocho cabezudos de Oteiza saludaron desde el balcón.

Acabadas las fiestas, la corporación, formada mayoritariamente por ciudadanos independientes acogidos bajo las siglas PSN-PSOE, tiene un año por delante para terminar proyectos y someterse al veredicto de las urnas. Los vecinos, jueces últimos, juzgarán la tarea realizada.

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Un comentario en “Navarra festiva (XII): Oteiza

  1. Me encantaria tener mas informacion refernte a todo yo vivo en chile y mi apellido es oteiza y todo me hace sentir orgulloso gracias

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