Navarra festiva (VII): Lodosa

 

A lo largo de mi vida política me he acercado con frecuencia a Lodosa, pero nunca había tenido la oportunidad de compartir el día grande de sus fiestas. Unas fiestas, las de agosto, dedicados a dos soldados de la Hispania romana vinculados a Calahorra, Emeterio y Celedonio, que murieron martirizados a finales del siglo III. Fiestas también compartidas con las de septiembre, en la que la Virgen de las Angustias, la patrona, y el toro ensogado, son los protagonistas.

En la calurosa mañana del sábado 31 de julio, una nutrida representación de UPN y el PSN-PSOE, ésta última compuesta por Samuel Caro, lodosano consorte, Pedro Mangado y yo mismo nos acercamos hasta el edificio del ayuntamiento, donde departimos unos minutos con la corporación, presidida por su alcalde, Jesús María García Antón.

La procesión cívica apenas tuvo oportunidad de formarse, dada la cercanía de la casa consistorial a la parroquia. Los sones de la banda de música, nutrida y rejuvenecida, y la comparsa de gigantes y cabezudos nos acompañaron hasta la iglesia. Algunas cosas me llamaron la atención. La primera, las dimensiones y calidad del templo, una de las grandes iglesias navarras del siglo XVI. Y junto a su arquitectura, la cantidad y calidad de retablos, imaginería y órgano, correspondientes todos ellos a los siglos XVII y XVIII. De entre todos sobresale el retablo mayor, obra monumental de Diego de Camporredondo, bien conocido para mí por ser autor, entre otras obras, del órgano de Los Arcos. Y allí, presidiendo el altar, San Miguel, su titular, escoltado por los santos Emeterio y Celedonio, y la Virgen de las Angustias en el aparatoso templete expositor.

La liturgia, con presencia de solo dos sacerdotes en la fiesta grande, cosa poco usual todavía en nuestros grandes pueblos, resultó sencilla y bien acompañada por la coral parroquial y la rondalla. No es la “misa navarra” un dechado de finura, pero los sones no le dejan a uno indiferente. Y mucho menos a la no muy nutrida presencia de lodosanos y lodosanas, que vibraron una vez más de emoción con la jota de un veteranísimo vecino, llena de buena voz, sentimiento y estilo, “te quiero, Angustias, te quiero”, y el canto a la Virgen entonado por todos los asistentes. Hasta la homilía, bien preparada y con mensaje, cosa que no sucede todos los días, resultó adecuada para la ocasión.

La salida nos devolvió a la casa consistorial, donde los gigantes, encabezados por Pimentonero, bailaron en nuestro honor y sonó, a modo de final, el himno de Navarra.

No es fácil evitar la lejanía, pero la Lodosa real no estaba en el acto. Se encontraba, familiar y festiva al otro lado de la carretera, en la plaza, tomando el aperitivo en bares y terrazas. Allí nos acercamos también corporación e invitados a compartir el nuestro. ¡Cómo saben los fritos a esa hora y más, si como en este caso, estaban excelentes!  Pese al día y el momento, siempre hay un aparte para la actualidad política. Y es que el verano vuela, llega el nuevo curso político y las elecciones se adivinan en el horizonte. Perspectivas, ausencias y presencias, rumores no confirmados son el componente de esta etapa. Pero el párroco ha dicho, y ha dicho bien, que la fiesta es paréntesis, recuerdo, raíces y encuentro. Todo eso y mucho más deseo a los lodosanos en estos días.

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