El circuito de Los Arcos

 

Ayer participé en la inauguración del Circuito de Velocidad de Navarra, ubicado en Los Arcos, mi localidad natal. A lo largo de su construcción sólo lo había visitado una vez, y en el contexto de un plan de actuación para poner en marcha el Plan Director de Santa María de Los Arcos, del que les hablaré a ustedes en otra ocasión. Ya entonces me pareció una obra faraónica, de difícil justificación para quienes no vivimos de cerca el apasionante y apasionado mundo del motor. He seguido con inquietud y preocupación su desarrollo, la ampliación de capital y las preguntas parlamentarias que el Gobierno de Navarra no ha tenido demasiado interés en contestar. Pero la obra se ha culminado, y en medio de un cierto caos en los accesos, fue inaugurado ayer en una jornada de puertas abiertas exitosa y multitudinaria.

El circuito pretende cumplir varios objetivos: ser, en primer lugar, una instalación deportiva de primer nivel que empuje y dinamice el sector del motor en la Comunidad y en su zona de influencia. Los próximos campeonatos nos permitirán apreciar si ese objetivo es alcanzable o es una pretensión quimérica que quedará en agua de borrajas.

El segundo objetivo es dinamizar económica y socialmente Tierra Estella, empezando por el propio municipio de Los Arcos. Resulta sorprendente que por el momento sólo se haya levantado una gasolinera y un modesto hotel de escasas habitaciones en sus inmediaciones. Si las cifras que se barajan son verdad, el municipio verdaderamente beneficiado de su construcción será Logroño, ya que dispone de infraestructura hotelera y está a solo veinte minutos por autoría. En consecuencia, queda mucho camino por recorrer y el empuje público y la iniciativa privada serán claves para complementar la inversión efectuada.

Y Los Arcos, ¿qué beneficio sacará de esta instalación? Cabe esperar que grande, pero los datos de ayer resultaron algo decepcionantes. Las barras instaladas por los bares para servir a los varios miles de personas que se presumía se acercarían a la localidad, prácticamente no se utilizaron y la presencia de visitantes fue mucho menor de la esperada. He ahí una asignatura pendiente que las autoridades forales y municipales tendrán que estudiar para que el circuito repercuta de forma positiva en la mejora de la calidad de vida de los habitantes del entorno y no sufran sólo sus inconvenientes.

Victor Pastor y yo, autores del Panorama dedicado a Los Arcos, en un aparte tras la inauguración, hacíamos una referencia al pasado y al futuro. ¡Cuánto nos gustaría que la próxima edición del texto tuviera que incorporar un nuevo capítulo de la historia de la villa dedicado al Circuito de Velocidad y su impacto! Sería la mejor señal de que el circuito, junto con el polígono industrial, se había convertido en una verdadero hito. Como arqueños y como historiadores, quedamos a la espera.

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