El control al Gobierno

 

Una de las funciones fundamentales de los grupos parlamentarios es el impulso y control al Gobierno. Para ello existen en el reglamento determinadas figuras como la proposición de ley, la interpelación, la moción, la comparecencia y la pregunta oral y/o escrita. Y esto en los dos ámbitos en que suele desarrollarse la actividad parlamentaria: el Pleno, para los asuntos más relevantes, o la Comisión para los que tienen un carácter más sectorial.

La figura de la pregunta oral en Pleno es habitualmente utilizada como parte esencial de todas las sesiones plenarias. En este apartado, conviven las preguntas de máxima actualidad y las formuladas a un miembro del Gobierno relacionadas con los asuntos de su departamento. Tengo la costumbre de formular una pregunta al menos por Pleno en el ámbito de Cultura y Turismo para recordar a todos los parlamentarios la importancia cualitativa de un sector cada vez más en alza, pese a que los presupuestos sean modestos en relación a los grandes departamentos. Pero apenas había formulado preguntas orales en comisión al Consejero de Cultura y Turismo, pese a que su presencia en la Cámara es relativamente frecuente. Pero dada su tendencia a exposiciones enciclopédicas, en muchos casos de más de una hora de duración, en las que no aborda de frente las cuestiones que se le plantean, el grupo ha decidido variar de táctica y formular preguntas orales que por tener su tiempo tasado, 10 minutos entre la formulación y la réplica, resultan más operativas y menos cansinas para el resto de los grupos.

Hoy ha tenido lugar un sesión en la que hemos formulado al sr. Consejero 11 preguntas: 7 por parte de nuestro grupo y 4 a instancia de Nabai. El balance es relativamente satisfactorio. Pese a su tendencia a no responder taxativamente, a obviar las preguntas incómodas y a echar balones en numerosas ocasiones, la formulación concreta de las preguntas ha permitido un acercamiento mayor a las cuestiones suscitadas. Las preguntas formuladas resultan ilustrativas de las preocupaciones a estas alturas de curso: el desarrollo presupuestario, afectado por los recortes anunciados por el Gobierno; el retraso en las convocatorias, que está consiguiendo que las convocatorias anuales se conviertan en semestrales; y el encargo del Plan de las Artes Escénicas y de Música a una comisión de Consejo Navarro de Cultura, una verdadera ocurrencia que hará inviable la presentación a tiempo de dicho plan.

La sesión ha discurrido por los cauces de la corrección, no exenta de cierta dureza de fondo en la defensa de las respectivas posiciones políticas. Todo dentro de lo razonable en la dinámica parlamentaria. La vacaciones están al caer y hay que apurar las iniciativas en marcha. A partir de septiembre lo que se dibuja ya no es la acción ordinaria, sino la inmediata convocatoria electoral. Sin duda, entraremos en otro tiempo político.

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