El Ángel en el Parlamento

 

En medio de una cierta expectación, dadas las últimas iniciativas parlamentarias en torno a temas tan sensibles como el laicismo y la retirada de signos religiosos de los centros públicos, el Ángel de Aralar ha llegado un año más al Parlamento. A la puerta le esperaba la Mesa de la Cámara y, entre coplillas alusivas a su presencia en Pamplona, el Ángel ha ocupado la parte central del hemiciclo. Un reducido número de parlamentarios de todos los grupos, a excepción de IU, hemos asistido al acto. Mientras el coro entonaba el Nor Jaungoikoa aña?, el capellán, en castellano y euskera, ha insertado la visita en el contexto de la Pascua de Resurrección, ha pedido al Arcángel que guíe nuestros trabajos y nos ha dado la bendición. Finalmente, hemos despedido la imagen con la bien conocida melodía Agur, Mikel Aingeru/ Agintari aundia/Izan beti tronuzat/Aralar mendia.

Esta es una más de las peculiaridades de nuestra tierra. En puridad, en un Estado aconfesional como es España, no deja de ser una anécdota pintoresca que la efigie de un arcángel reciba los máximos honores en su visita a Parlamento de Navarra. Pero el contexto navarro, pese a ser una sociedad progresivamente secularizada, no olvida sus orígenes y no encuentra demasiados inconvenientes en conceder un espacio público al hecho religioso, sea este de un signo o de otro. En el caso del Ángel de Aralar, y como consecuencia del devenir histórico-político reciente, la visita satisface y mucho a los nacionalistas y entusiasma menos a los otros grupos. Pero en un ejercicio de civilidad todos los grupos han asistido al acto y con respeto han escuchado la discutida estrofa Mikel! Mikel!/ Mikel guria!/ Gorde, gorde/Euskal Erría.

Expuse no hace muchos días mi opinión sobre la presencia de lo religioso en el espacio público. Soy claro partidario de la nítida separación Iglesia-Estado, pero eso no me lleva a concluir que lo religioso deba quedar reservado a la esfera estrictamente individual. En nuestra tierra, lo religioso, con los valores que comporta, debe incardinarse positivamente en medio de una sociedad que hunde sus raíces en una cultura de tradición cristiana. Sólo así se explican muchas de nuestras tradiciones y fiestas, sin que sea fácil deslindar lo religioso, lo cultural, lo tradicional y lo social. Mi presencia hoy en el acto de la visita del Ängel ha sido una forma de practicar ese laicismo incluyente que propugno. El Parlamento, un verdadero templo laico de la palabra, es un buen lugar para ejercitar la tolerancia y el respeto. Y el acto de hoy ha sido un buen ejemplo de ello.

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