Un cortejo excepcional

Mi periplo por la geografía festiva navarra me llevó el sábado pasado a Sangüesa, la que nunca faltó. Había tenido la ocasión de asistir en otras ocasiones a sus fiestas y conocía la importante tradición cultural de la pequeña ciudad, pero nunca había participado en su día grande.

Un acuerdo de 1910 de su Ayuntamiento decidió que las fiestas en honor de San Sebastián se celebraran el 12 de septiembre, fecha sin duda más propicia que el día 20 de enero en que lo conmemora el calendario litúrgico. Y como tal día, la fiesta religioso-festiva lució en todo su esplendor.

El Ayuntamiento, en cuerpo de ciudad, junto con sus invitados entre los que me encontraba, desfiló a los sones de la banda de música, excelente por cierto, desde los porches de la calle mayor hasta la iglesia de Santiago donde recogimos al párroco y los clérigos que le acompañaban para dar comienzo a la procesión con la imagen de San Sebastián. Ésta se inició con el baile de la jota vieja por parte de los gigantes en honor del santo. Bellísimo el colorido, el sonar de la banda y las gaitas, el bandeo de campañas, la presencia de mayores y pequeños y el desfilar de la imagen portada por veteranos sangüesinos que se turnaron en el recorrido. Un paseo por las calles del casco antiguo, engalanadas con banderas de la ciudad, navarras y españolas que le daban al cortejo un aire marcadamente añejo y señorial.

La fiesta continuó con la celebración litúrgica en la que, siguiendo la costumbre prevista en el acuerdo de 1910, un hijo del pueblo presidió la eucaristía. La hermosa iglesia románico-gótica de Santiago relucía para la ocasión, repleta de cánticos y de fieles. La despedida del párroco, Carlos Ayerra, tras trece años de estancia en la ciudad, dio al acto una emoción añadida.

La vuelta al ayuntamiento, ya en desfile estrictamente cívico, volvió a recorrer las viejas rúas medievales. Y bajo los porches de la casa consistorial, la banda y los gaiteros volvieron a repetir los sones de la jota vieja que los gigantes enhebraron con ritmo, limpieza y armonía. Allí estaban también los gigantes txiquis, con sus pequeños portadores expectantes, absortos con el ritmo de los mayores.

Lo reitero, hermoso, muy hermoso el espectáculo religioso-festivo. Me lo subrayaba hoy en Viana Juan Cruz Labeaga, probablemente su mejor conocedor, con el que he compartido también unas horas de fiesta. En Sangüesa lo que sobra es clase a la hora de mantener la tradición. Frente a otros actos religioso-festivos que tienen los días contados, la presencia joven de los danzaris, los maceros, los músicos y los portadores de los gigantes nos permiten ser optimistas en el caso de Sangüesa. La ciudad se lo merece y el resto de Navarra se lo agradecemos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s