Siria y Jordania: impresiones de un viaje. 5.- El Dios de las dos religiones (12 de abril)

Hoy, domingo de resurrección, día también de fiesta en el mundo musulmán, dedicamos la jornada a Aleppo, la activa, febril e industrial capital del norte, con 3,5 millones de habitantes, y sus alrededores.

Nuestra primera visita es a una de las joyas del arte tardorromano del próximo Oriente: el complejo monástico de San Simeón Estilita, el eremita que vivió 27 años subido en una columna. La dimensión, calidad y perfección del conjunto supera con creces lo imaginable. En medio de un paisaje pedregoso hasta el extremo, en lo alto de una colina descarnada, se encuentra Qalat Simon. Un pórtico de entrada da paso a un baptisterio octogonal de una inusitada perfección. La Vía Sacra conduce a un complejo monástico articulado en torno a los restos de la columna, hoy apenas una masa informe de no más de dos metros de altura. Cuatro brazos iguales de tres naves cada uno, uno de los cuales provisto de ábsides constituye la basílica propiamente dicha, son el exponente de gran nivel alcanzado por el arte tardorromano de Oriente: piedras perfectamente escuadradas, decoración exquisita –sogas, ajedrezado jaqués, hojas de acanto, cruces patadas-, arcos de medio punto y columnas de acrisolado clasicismo nos permiten adelantar en casi 600 años los mejores resultados del románico occidental y encontrarnos con elementos retomados por el renacimiento, en pleno siglo XVI.

Hoy, Qalat Simon era un hervidero festivo, con los niños de las aldeas del entorno y sus profesores visitando el conjunto en grupo o en familia. Actitudes, rostros y vestimentas que me han recordado mi niñez en Los Arcos, recién salidos de la miseria de la guerra y transitando ya por la austeridad y pobreza de los años cincuenta.

Aleppo conserva sorpresas bien distintas. Una en lo alto, la ciudadela, otra bien resguardada, el imponente zoco que ocupa buena parte de su centro histórico. La fortaleza es la réplica musulmana al Krak de los Caballeros cruzado. Una colina natural, unida a los estratos de civilizaciones antiguas han dado como resultado la actual ciudadela, el mejor ejemplo de estructura militar murada de todo el Próximo Oriente. Una obra que, pese a su carácter netamente defensivo, no olvidó las proporciones ni la belleza en su estructura y decoración.

La visita a la mezquita, también en día festivo, nos ha permitido apreciar de nuevo el respeto y la tradición en torno al hecho religioso. Pese a todo, la mujer, en su mayor parte cubierta de negro, y no pocas con sólo los ojos al descubierto, sigue siendo la gran incógnita de estos países. ¿Podrá sobrevivir la actual situación o se abrirá a nuevos horizontes?

La tarde la dedicamos a visitar el zoco, una inextricable sucesión de callejas y laberintos donde la bullía la vida y el tiempo parecía haberse detenido. Olor penetrante, agobio, vida, mezcolanza, habilidad para el negocio y seguridad personal son las impresiones de la visita.

El día termina con un espectáculo folklórico en pleno centro histórico, en un viejo caravansarai, hostal de caravanas para hombres y camellos, del siglo XIII. El espectáculo en sí parecía de andar por casa, pero los derviches siempre tienen un punto difícil de encajar. Un niño, dos jóvenes y un adulto dieron vueltas y vueltas, en un espectáculo entre folklórico y religioso.

Tras la vuelta por la medina, hermonsa, decadente, sucia y solitaria a esta hora de la noche, regresamos al hotel. Un día completo y pocas horas de sueño. Mañana el despertador sonará a las 6,30. Palmira y Zenobia, las reinas del desierto, nos esperan.

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