Siria y Jordania: impresiones de un viaje. 4.- La Siria fértil y verde (11 de abril)

Iniciamos nuestro viaje hacia el norte de buena hora. El fértil oasis de Damasco cede progresivamente paso a la cadena del AntiLíbano y el verde se transmuta en un pardo omnipresente. Nuestra primera parada es Maaloula, una aldea de mayoría cristiana con una singularidad: sus habitantes conservan como preciado don la lengua aramea, casi con seguridad la lengua natal de Jesús de Nazaret. En el monasterio de los Santos Sergio y Baco, situado en la cima de la montaña, parcialmente excavado en la roca, un monje católico de rito griego, nos recita el Padre Nuestro en arameo. Así se dirigía Jesús al Padre, y así nos dirigimos todavía hoy a Él. ¡Venga a nosotros tu Reino! La iglesia, un pequeño recinto de planta de cruz griega con un iconostasis y un altar peculiar, se remontan al siglo VI, en plena época bizantina, y resulta evocadora y llena de resonancias.

La autopista nos introduce en el valle del Orontes, el río rebelde, un de los escasos cauces de agua que discurren de sur a norte. Con el Líbano a la izquierda y el monte Hermón en el horizonte, el Orontes riega un frondosísimo valle dominado por la ciudad de Homs, la tercera ciudad de Siria, y el Krak de los Caballeros.

La fortaleza es impresionante y la evocación de los cruzados algo más que inevitable. Pero toda la pericia del mundo y una gran calidad arquitectónica y militar no fueron suficientes para contener el empuje musulmán, y lo que Saladito no consiguió a mediados del siglo XII lo llevó a efecto el sultán mameluco Baybars en 1271. Impresiona el monumento en el artístico y en lo histórico. Y sorprende mucho más encontrar uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica defensiva en pleno Oriente Medio, en Siria, sueño de los cruzados camino de Jerusalén.

Continuamos por el fértil valle del Orontes, tierra roja como nuestra Berrueza y suelta como la orilla del Ebro, hasta llegar a Hanna y sus famosas norias, hoy mortecinas y malolientes debido al escaso caudal del río. Y entre vestigios romanos, árabes y bizantinos llegamos a uno de los hitos de nuestro viaje, la helenística Apamea, espléndida en su desoladota decrepitud. ¡Un cardo máximo, porticado y deslumbrante, compuesto por casi mil columnas! A tramos levantado, a tramos caído, a tramos sepultado, Apamea, un bello regalo de Seleuco I a su esposa, es la ruina helenística más espectacular que he conocido hasta el presente. Confiemos en que el tiempo y una organizada campaña de excavaciones permita descubrir parte del esplendor perdido y devolver a Apamea a los libros de historia de los que un día desapareció.

Cae la tarde en medio de columnas y entablamentos corintios y compuestos,, el sol declina e iniciamos nuestro último tramo hasta Aleppo. Cansados y satisfechos llegamos al hotel, situado en un barrio residencial, en medio de bloques de piedra rosada que me recuerdan y mucho a Salamanca.

No olvido que hoy es la Vigilia Pascual, una noche especial e inolvidable en la que Jesús Resucitó y con él todos nosotros. Si Jesús no ha resucitado, nos recuerda San Pablo, vana es nuestra fe. Unas lecturas alusivas a la Vigilia constituyen mi último recuerdo. ¡Feliz Pascua Florida! ¡Aleluya!

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Un comentario en “Siria y Jordania: impresiones de un viaje. 4.- La Siria fértil y verde (11 de abril)

  1. Que envidia nos das! Este post sobre la Siria fértil esta muy bien. Lo que dariamos muchos por estar entre esas columnas y entablamentos corintios para disfrutar de esa tranquilidad.

    Que sigáis disfrutando del viaje.

    Un saludo.

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