Siria y Jordania: impresiones de un viaje 2.- Camino de Damasco (9 de abril)

Nuestra jornada se inicia muy pronto, a las 3’30 de la mañana. La cita es a las 4’30 en Estella. Allí hemos quedado citados parte de los componentes del grupo que iniciamos viaje a Siria y Jordania. Los desvelos de Rosa y Nicanor, además de Francisco Donázar, han hecho posible, un año más, que los antiguos alumnos del Verbo Divino se reúnan y viajen juntos. Tras recoger al resto del grupo en Pamplona, iniciamos viaje a Barcelona. Escribo estas primeras líneas en medio de una emoción apenas contenida. Hemos atravesado Cerdeña y la Península Itálica por Calabria, -un recuerdo para los muertos, heridos y damnificados del terremoto de L´Aquila- y nos hemos adentrado en unos mares, aunque surcados desde el cielo, muy queridos para mí.

Es la primera vez que veo desde el aire las islas jonias –Corfú, Cefalonia, Zakintos-, atravieso el Peloponeso, he surcado las Cícladas entre nombres tan emblemáticos como Paros, Naxos, Milos, y ahora me encuentro sobre Kárpatos, entre Rodas y Creta. Los “dulces caminos del mar” de los que hablaba Homero, el Mare Nostrum romano, vistos desde aquí son, efectivamente, poco más que un lago interior.

Llevo unos minutos expectante, porque las costas de Palestina, el Israel actual, están a punto de aparecer bajo la ventanilla del avión de las líneas aéreas jordanas. No olvido que es Jueves Santo y que durante muchos años de mi vida esta tarde la he pasado casi siempre en el monasterio de Alloz, asistiendo a la celebración de la Cena del Señor.

¡Y aquí está! Hoy, en el día del amor fraterno, llego a la tierra de Jesús de Nazaret, un profeta que supuso un antes y un después en la historia de la humanidad. Un oscuro nazareno que, todavía hoy, remueve las conciencias de millones de personas en el mundo y suscita una esperanza cierta en el destino del hombre, más allá de sí mismo y más cerca de Dios. Y todo ello, aunque su tierra siga desangrándose entre odios y peleas fratricidas. Sobrevolamos Israel a la altura de la Samaria y la Judea bíblicas y nos internamos en la Cisjordania, el corazón de un hipotético y deseado Estado palestino que tarda demasiado en llegar. Y de allí, en cuestión de minutos, porque aquí las dimensiones son muy reducidas, estamos ya en Ammán, capital del reino hachemita de Jordania, escala de nuestro destino final a Damasco.

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