En una sociedad polarizada

El domingo pasado, Emilio Garrido escribía un lúcido artículo en este mismo medio  titulado ¿Dónde vivimos realmente?. Tras analizar un grupo aleatorio de 2º de la ESO de un instituto de Pamplona llegaba a tres conclusiones: la enorme complejidad de las aulas de la enseñanza pública como consecuencia de la emigración, entre otras causas; la soledad del profesorado en esta nueva situación; y la necesidad de hacer frente a los  retos de una sociedad cambiante, compleja y mestiza.

Participo de la tesis de fondo del autor, aunque la haya descrito con tintes un tanto dramáticos. Y apunto una fórmula para paliar el problema que, evidentemente, está en manos de responsables políticos y educativos: el reparto equitativo entre redes de alumnos con problemas.

En Navarra, todos los centros educativos de nuestra Comunidad entre los 3 y los 18 años están sostenidos con fondos públicos. Parecería lógico, por tanto, que las dos redes existentes, la pública y la concertada, participaran en porcentaje equivalente a su peso específico en la escolarización de alumnos con problemas, inmigrantes o no. Pero las cifras nos demuestran que esto no sucede. El 80% de los inmigrantes, en números redondos, están escolarizados en la red pública, pese a que su matrícula global en los núcleos urbanos apenas llega al 50%. Por eso el doctor Garrido, con buen criterio, habla en su modelo de “un instituto” y no de un colegio de secundaria.

Ya sé que las razones son fáciles de enunciar: libertad de enseñanza, preferencia de los propios padres, ubicación geográfica, falta de plazas escolares. Pero en el fondo estas excusas no encubren sino una insolidaridad manifiesta, que se extiende a todo tipo de centros, confesionales o no, de enseñanza en castellano o en euskera. Hay comportamientos honrosos, muy honrosos, de compromiso social, educativo y cristiano en este campo, pero no son sino la excepción que confirma la regla.

Hasta tal punto me parece preocupante la situación, que una acción como la descrita justificaría por sí sola el apoyo a todo un presupuesto. Con ser importante la escolarización temprana, la enseñanza del inglés, la mejora de la formación profesional o la necesidad de más y mejores medios,  nada me parece tan perentorio como la corresponsabilidad en este ámbito. Puesto que todos salimos ganando con la llegada de inmigrantes en los ámbitos económicos y culturales, todos debemos de contribuir a paliar sus efectos en los ámbitos educativos y sociales. Espero y deseo que los presupuestos de 2009 supongan un paso adelante en este sentido.

¿Dónde vivimos realmente? se preguntaba el doctor Garrido. A la vista de lo descrito la respuesta es fácil: en una sociedad educativamente polarizada. En nuestra mano está persistir en el error o tratar de enmendarlo.

 

       Román Felones Morrás

        Catedrático de Geografía e Historia del I.E.S. Tierra Estella

Diario de Navarra, 28/10/2008

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