En memoria de Carlos Chivite

Nos ha tocado en varias ocasiones, pero no nos acostumbramos. En nuestra trayectoria política en el PSN-PSOE, un partido recio y centenario acostumbrado a vendavales de uno y otro signo, nos hemos topado de bruces con muertes inesperadas y, humanamente hablando, injustas: Paco Álava, Jesús Malón, Joaquín Pascal, José Ramón Zabala. A todos ellos les unía una misma militancia, unos mismos ideales, un mismo compromiso y una generosidad sin límites, que les llevó a entregar los mejores años de su vida a una causa en la que creían. A esta nómina, desgraciadamente ya demasiado extensa, tenemos que sumar hoy la de Carlos Chivite Cornago, socialista de corazón grande y abierto, y, sin ningún complejo, cirbonero, navarro y español.

El destino me ha situado muy cerca de él en su última etapa. El pasado 1 de marzo le acompañaba en el acto oficial de celebración de la fiesta de la Policía Foral. Tras el mismo, un leve gesto de su párpado y de su labio nos permitió atisbar algo inusual en él. Apenas unos minutos más tarde, entraba en el hospital de Navarra en situación crítica. Sólo nos caben palabras de agradecimiento a los profesionales, las autoridades, las fuerzas políticas, los compañeros y compañeras de partido, y ciudadanos anónimos que, en aquel duro trance, nos animaban y nos empujaban.!Tiene que salir! ¡Lo superará!

Hemos procurado estar junto a su familia, su mujer Isabel, sus hijas Lorena y Leire, sus padres y hermanos, en un mes interminable de duermevela y tensa espera. Con la secreta esperanza de que los mimos de su esposa, los abrazos de sus hijas, los ánimos de sus padres y hermanos, y el aliento de su familia socialista, le despertaran del sueño insondable y misterioso que lo atrapó desde el primer momento.

¿Merece la pena tanto esfuerzo?, nos preguntábamos hoy desasosegados sus amigos y compañeros de partido. La respuesta nos la ha dado el propio Carlos por boca de su madre, que nos repetía lo que tantas veces habían tenido oportunidad de comentar con él. “Hijo, cuídate, lleva una vida más tranquila”. A lo que él respondía: “si muero en esta empresa, has de saber, madre, que he dado la vida por lo que yo más quiero, mi partido y mis ideas”.

Esta fue precisamente la faceta más relevante de su personalidad, una generosidad sin límites que le hacía vivir la vida sin las cautelas que ésta impone a una determinada edad. No había horarios, ni fines de semana, ni vacaciones, si de las cosas del partido se trataba. Compañeros en dificultades políticas, humanas o económicas, saben de su desvelo, de su cercanía y de su disponibilidad. Un móvil que no se apagaba, un sueño ligero y un cigarrillo -mala compañía, especialmente para él- eran su bagaje ordinario y su corto equipaje. No necesitaba mucho más, sólo unos folios para desgranar ideas, recordar tareas, o preparar informes.

Y todo esto sin alharacas. Lo ha sido casi todo en esta Navarra nuestra. Buen alcalde de su pueblo, diputado al Congreso por decisión democrática de sus conciudadanos, secretario de organización de su partido, lo que le permitió conocer uno a uno y por su nombre a todos los militantes de Navarra, senador durante dos legislaturas, y una más que hoy mismo debía de estrenar, y sobre todo, secretario general del PSN-PSOE, probablemente su mayor timbre de gloria y su mayor cruz. Porque no han sido tiempos fáciles los vividos en el cargo, pero ha sabido sostener su posición con dignidad, negociar con flexibilidad, y comprender sin límites, sabiendo que era a él a quien correspondía asumir unas decisiones que eran de todos.

Atrás queda una vida corta en años, pero plena en vivencias y emociones. Si vivir es despertar cada mañana y soñar que un mundo mejor era posible, Carlos lo hizo y fue un hombre. Si vivir es compartir con los humanos sus ansias y preocupaciones, Carlos lo ejemplificó y fue un digno ciudadano. Si vivir es preocuparse de los más necesitados y estar dispuesto a dejar lo mejor de sí mismo en el empeño, Carlos lo interiorizó y fue un buen socialista. Y esto tiene premio. Así lo atestiguan el cariño de los suyos, el respeto de los adversarios políticos y la confianza de los electores.

A los compañeros y compañeras, querido Carlos, sólo nos queda, además de la gratitud, cumplir los que serían tus dos deseos más sentidos: arropar a la familia y continuar tu compromiso. Trabajaremos para no defraudarte.

                                        Román Felones Morrás

                                        Presidente del PSN-PSOE

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