Mesura, señor presidente

La historia de Andalucía podría resumirse en una sola frase: la lucha por la emancipación social. Tras el deslumbrante momento del califato, en el que Córdoba, su capital, fue la principal ciudad de Occidente, el periodo de la reconquista marcó de forma indeleble el destino de esa tierra. Un grupo de nobles latifundistas se hizo, por conquista y donación de reyes y príncipes, con buena parte de las mejores tierras de cultivo, y una gran mayoría de jornaleros, que sólo tenían como propiedad el trabajo de sus manos, malvivió durante siglos en medio de no pocas dificultades. Avanzado ya el siglo XIX, la falta de una burguesía comercial próspera y emprendedora, unido a la oligarquía y el caciquismo personificados en la figura del señorito, agostó los iniciales intentos de industrialización. Iniciado el siglo XX, la respuesta de la clase trabajadora no se hizo esperar: extensión y predominio del socialismo, desarrollo del anarquismo, reivindicación de la reforma agraria pendiente, y, tras la guerra civil, éxodo a otras zonas de España, Europa o el continente americano. Este sombrío panorama, comenzó a cambiar en la segunda mitad del siglo XX, empujado por el turismo de los últimos años del franquismo y la acción decidida de los gobiernos nacionales y regionales habidos en las tres últimas décadas, la mayor parte de signo socialista. La realidad de Andalucía hoy, teniendo en cuenta el punto de partida, es la de una autonomía pujante, brillante en lo cultural, y con mejoras indudables en los ámbitos económico y social, que ha hecho un gran esfuerzo para acortar el diferencial que le separaba de las regiones punteras de España. Una región que, bueno será no olvidarlo, supera los 8 millones de habitantes, casi tantos como Portugal, Bélgica o Suecia, y presenta un futuro envidiable en sectores tan estratégicos como el turismo, el ocio o la innovación.Si alguien, ante el panorama descrito, concluyera que “el Gobierno andaluz sólo nos puede enseñar a fabricar parados” diríamos de él que, además de prepotente, tiene una ignorancia supina de la historia de esa tierra, y calificaríamos su análisis de zafio y realizado con brocha gorda. Y ahí se acababa la cuestión. Pero quien ha dicho esa frase no es un ciudadano cualquiera, sino don Miguel Sanz, presidente de UPN y, lo que es más serio, presidente del Gobierno de Navarra. Por lo tanto, desde la consideración que me merece, como persona y como máximo representante de nuestra Comunidad, me es obligado decirle que su actuación no ha sido ni prudente ni políticamente oportuna,  aunque en la carta de respuesta a las críticas recibidas dentro y fuera de nuestra tierra matice sus declaraciones –acto loable- e intente paliar el alcance de las mismas.Navarra, lo señalo una vez más, corre un serio riesgo, y es caer en la autocomplacencia. No prosperaremos pensando que somos los mejores y dejándonos llevar por unas estadísticas más favorables que las de otras regiones españolas. Nuestro horizonte debe ser el de las regiones más desarrolladas de Europa, sin olvidar que todas las españolas también tienen cosas que enseñarnos. Nuestro escaso peso demográfico no nos permite dedicar demasiados equipos y recursos a la innovación puntera en los más diversos campos. Debemos seleccionar bien los propios y copiar las buenas prácticas ajenas. Y para ello se necesita humildad, limpieza de miras, y ganas de aprender.Tres cosas han definido nuestra relación con los restantes pueblos de España: la defensa de nuestra identidad, la lealtad institucional, y la solidaridad. Y todo ello aderezado con una característica que ha sido proverbial en las relaciones exteriores: la discreción. El resultado lo tenemos a la vista: el máximo nivel de autogobierno, compatible con una percepción por parte de los españoles de que somos gente seria, discreta y fiable. Los alardes, sin distinción de ideologías, pueden satisfacer el ego o concitar aplausos de públicos afines, pero ni para propios ni para extraños son ejemplo de buen gobierno. ¡Mesura, señor Presidente!                                                  

                                                                                                                                                                                                                                  Román Felones Morrás

Presidente del PSN-PSOE                                                

Diario de Navarra, 16/2/2007 

       

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