A vueltas con el laicismo

En las últimas semanas, dos importantes documentos, de signo bien distinto, han venido a reavivar el recurrente debate del papel reservado a la religión en la vida pública de una sociedad democrática. El primero, titulado “Orientaciones morales ante la situación actual de España”, es una instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española, interesante y densa, elaborada en gran parte por don Fernando Sebastián, que parte de un diagnóstico pesimista, consecuencia, son sus palabras, de la fuerte oleada de laicismo que nos invade. Este laicismo radical y excluyente, cito textualmente, está en la base de algunas legislaciones promovidas recientemente en España, que deterioran gravemente el bien común de una sociedad, formada en buena parte por católicos. El texto expresa el deseo de los obispos de que se pueda ir encontrando poco a poco el ordenamiento justo para que todos podamos vivir de acuerdo con nuestras convicciones.

El segundo, titulado “Constitución, laicidad y educación para la ciudadanía”, es un breve y coyuntural manifiesto del PSOE con motivo del XXVIII aniversario de la Constitución en el que, tras subrayar que el principio constitucional de laicidad es garantía de la libertad de conciencia, reitera que aquella es requisito para la libertad y la igualdad. Tras una equívoca referencia a los fundamentalismos monoteístas o religiosos como sembradores de fronteras, manifiesta su compromiso con el fomento de la ciudadanía y se congratula de la creación de la materia “Educación para la ciudadanía”.Como ven, el debate está servido. No obstante, para poder avanzar en el diagnóstico y la solución es imprescindible precisar con claridad qué se entiende por laicismo y darle el valor que históricamente ha tenido. Definimos el laicismo como una filosofía y movimiento social que, sobre la base de la autonomía moral y racional del individuo, propugna la libertad de conciencia, ideológica y religiosa frente a la imposición política o eclesiástica. El laicismo ha logrado, en los dos últimos siglos, objetivos hoy compartidos por todos, desde la proclamación de los derechos del hombre y del ciudadano, hasta conquistas tan obvias como la escuela pública, la libertad de cultos, la supresión de la censura eclesiástica o la secularización de los cementerios. Por ello, en mi opinión, el laicismo es bueno para la sociedad civil, en tanto que garantiza la libertad y la autonomía moral del individuo, y también para la Iglesia, en la medida en que la ha despojado de poderes terrenales y la ha situado ante su verdadera finalidad: acompañar a los cristianos en el seguimiento de Jesús de Nazaret.Pero hay dos laicismos: el incluyente, en el que la religión es un factor positivo en la vida del individuo que se respeta, y el excluyente, aquel que persigue la actividad proselitista de la Iglesia y busca eliminar su influencia en la vida pública. Este último bebe en el positivismo, el marxismo, el anarquismo y la clerofobia, azuzado por el histórico e insolidario papel de la Iglesia ante la explotación y la miseria de la clase trabajadora. Y en un partido como el PSOE conviven ambos, fruto del doble origen ideológico de sus militantes: el marxismo y el humanismo cristiano.Las posiciones de Iglesia y PSOE, aparentemente contradictorias, no lo son tanto si se analizan detenidamente. La apelación de la Iglesia en su documento al laicismo radical y excluyente, indica que acepta como válido el otro, el incluyente, el que sus documentos llaman laicidad.  Y la votación del mes pasado en el Congreso, rechazando los diputados socialistas por abrumadora mayoría la revisión de los acuerdos Iglesia-Estado, indica el deseo de estos de mantener la situación actual. La relación fluida que ha dado como resultado acuerdos totales o parciales en la LOE, financiación o enseñanza de la religión, indica que también en este tema el camino se hace al andar. Es de desear que en el inmediato futuro triunfen en ambas instituciones las posturas más templadas y que el entendimiento sea posible. La ciudadanía lo agradecerá.    

                                             Román Felones Morrás  

                                             Presidente del PSN-PSOE 

                                             Diario de Navarra, 3/1/2007 

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