La Ruta de la Seda. Khiva, la joya escondida (IV, 6 de abril)

28 mayo 2012

María Luisa, Maria Puy y Nicanor escuchan atentamente las explicaciones de Lautaro a la entrada de la fortaleza de Khiva

 La noche en la habitación 329 de la madraza ha sido corta en sueño. Lástima de un espacio tan espléndido para una infraestructura tan mal rematada. Pero el contexto lo compensa casi todo: la habitación abovedada, las celosías, los nichos sobrios y, sobre todo, la galería exterior situada junto a la solemne entrada desde la que es posible acariciar los azulejos azul turquesa del siglo XVI y palpar los tonos verde-azulados del minarete cortado del siglo XIX, situado junto a la madraza.

De buena hora, tras un correcto desayuno en un espléndido espacio contiguo a la escuela coránica, iniciamos nuestra ruta.

Khiva es una ciudad espectacular, algo apartada de la ruta de la seda de la que forma parte. Situada en un amplio oasis, es hoy una población de 50.000 habitantes que guarda en su interior una espléndida ciudadela declarada a principios de los noventa patrimonio de la humanidad. Rodeada de murallas de adobe de gran basa y escasa altura, su interior es toda ella un conjunto monumental de primer orden.

Panel con los monumentos de interés  de la ciudadela de Khiva señalados en azul

La visita la iniciamos junto a una de las puertas de entrada de la ciudadela. Un gran panel nos recuerda la ruta de la seda y la posición privilegiada de Uzbekistán en esta vía. Junto al panel, una estatua en bronce recuerda a uno de los hijos ilustres de Khiva, el pensador y matemático al-Juarismi, creador del algoritmo.

El tiempo se ha detenido en Khiva. Y los matices artísticos apenas son visibles para nosotros, no iniciados, si hablamos de los siglos XII al XIX. Así sucede en el mausoleo de Pahlavon Mahmud, el primero de los monumentos visitados. El edificio, centro actual de peregrinación, recoge los restos del fundador de la poesía sufí, en un edificio que resume la evolución artística de la región: siglos XII, XIV, XVI, XVIII, XX y XXI. Un patio con agua purificadora recibe a los peregrinos que pasan a un oratorio donde un imán ofrece alimentos y dirige una oración, tras la que las familias depositan una limosna. De ahí se pasa al espacio en el que reposa el pensador sufí, completamente decorado con mármoles y cerámica de gran gusto y suntuosidad. Dos aberturas en el cristal permiten depositar la limosna y tocar las jambas de la puerta con los que recibir los mejores augurios y esperanzas.

Vista general del interior de la ciudadela

El paseo por la ciudadela, un dédalo de edificios cívico-religiosos en los que habitaban el kan y su corte, nos conduce hasta la mezquita del viernes conocida con el nombre de Juma. El edificio es impresionante en medio de su sencillez y sobriedad: 212 columnas de madera tallada diversas y dispares componen un espacio espectacular. Los materiales más diversos y las etapas más discontinuas se aúnan para ofrecer un espacio de oración emblemático. Aunque de caracteres bien distintos, la mezquita de Juma se sumará a partir de ahora a la triada más relevante que yo conocía: Damasco, Córdoba y Kairuan. La visita nos permitió, además, conocer el tratamiento de la madera para hacer de las columnas elementos casi pétreos que aguantan impertérritas el paso de los siglos.

Vista de una de las columnas de madera, prácticamente petrificadas, de la mezquita de  Juma

Buena parte de los edificios del complejo arquitectónico de Ichan-Kaka, por supuesto muy rehabilitados, aunque con gusto y buena técnica, corresponden al siglo XIX, época en que algunos de los kanes levantaron suntuosos minaretes, palacios y madrazas.

De aquellos sobresale el minarete cortado de Kalta Minor, un cilindro abigarrado en el que los colores azul, blanco y verde conviven armoniosamente. Además de símbolo de Khiva, fue nuestro vecino de habitación por lo que su recuerdo perdurará especialmente para nosotros.

Vista del minatere cortado de Kalta Minor y la madraza, nuestro hotel en Khiva

De entre los palacios, tuvimos ocasión de conocer, disfrutar y descubrir dos, correspondientes a los siglos XVIII y XIX. Sus rasgos dominantes serían lo intrincado de su arquitectura, la sobriedad exterior, y la exuberancia interior, sobre todo en la decoración de patios públicos y habitaciones privadas. La visión desde el mirador del castillo Kunya Ark, tiene un doble interés: unas magníficas vistas sobre Khiva y su entorno con el oasis cercano y el amenazante desierto bordeándolo todo, y la perspectiva del propio conjunto monumental, que encierra mucho más de lo que aparentemente .sugiere.

La visita vespertina termina con un espectáculo folklórico en el patio central de una de las madrazas de Khiva. La rusticidad de los elementos utilizados y la simpatía del niño que formaba parte del conjunto, junto con el entorno, merecen ser recordados.

Se echa la noche y los tenderetes que pululan por doquier dejan paso a una luna llena, un cielo estrellado y unas calles apenas transitadas. Mientras paseo acompañado de la hermosura y el silencio de una ciudad adormecida en la historia, Íñigo juega fuera de las murallas al ping-pong y al billar con unos jóvenes uzbecos acompañados de una estridente música de fondo. Separados por culturas y educaciones bien distintas, la edad les une en  una relación que gratifica y consuela. Todos somos ciudadanos del mundo y ni la lengua ni la religión  impide el trato fraternal y amistoso.

La sobriedad exterior del castillo de Kunya Ark contrasta con su riqueza interior

Y todo esto el Viernes Santo que, aparentemente, ha pasado inadvertido. Para recordarlo y revivirlo, nada mejor que transcribir el texto que el padre Donázar ha seleccionado para el folleto del viaje, correspondiente al evangelio de Juan: “José de Arimatea, discípulo de Jesús, solicitó de Pilato el permiso para hacerse cargo del cuerpo de Jesús y Pilato se lo concedió. Vino también Nicodemo, trayendo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Entre ambos llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas de lino bien empapadas en los aromas, según acostumbran a hacer los judíos para sepultar a sus muertos y depositaron el cuerpo de Jesús en sepulcro nuevo”.

¡Victoria, tú reinarás, oh Cruz tú nos salvarás!


La Ruta de la Seda. Sin rebelión a bordo (III, 5 de abril)

15 mayo 2012

Vista exterior del Museo de Historia de Uzbekistán

El Museo de Historia de Uzbekistán está situado en el centro de la ciudad administrativa, a medio camino del hotel en que nos alojamos a la Plaza de la Independencia. Es un edificio de los años cincuenta del pasado siglo, levantado en el rígido estilo soviético dominante y dedicado a Lenin. El vestíbulo y la escalinata lo dicen todo: magnificencia y frialdad brillan por igual.

Pero con la independencia de 1991, el museo fue reconvertido en centro de historia del nuevo-viejo país y la decoración varió sustancialmente. El primer piso está dedicado a la historia patria, desde la prehistoria hasta la revolución soviética de 1917. Una serie de vitrinas con materiales significativos van señalando los pasos fundamentales de la historia de Uzbekistán, una tierra de paso entre Oriente y Occidente que explica buena parte de su devenir. Característico de los años ochenta, al museo le sobran piezas menores y le faltan elementos relevantes. Pero es lo que hay. Lo mejor ha volado a San Petersburgo, Moscú o los países occidentales. Nuestra entusiasta guía local, con una dentadura dorada, como buena parte de los uzbekos, traducida por Irina, le pone ganas e ilusión. Pero el tiempo apremia y el segundo piso, dedicado al periodo soviético se queda para mejor ocasión.

Sección de las especias en el colorista mercado de El Chorsu

De allí al mercado más conocido de la ciudad, el Chorsu, situado en un barrio más popular. Sorprenden varias cosas en el recinto: la riqueza, limpieza y abundancia de los puestos distribuidos por mercancías: especias, frutos secos, tubérculos, hortalizas, etc.; el espacio en el que está ubicado, una gran cúpula que le da un aire especial; y la abundancia de personas dedicadas al mercado negro de intercambio de divisas en medio de la pasividad de la policía que asiste impertérrita al espectáculo. Y no es porque el dinero no se vea, ya que el cambio hace que los fajos de billetes de 1000 sum, la moneda local, sean la tónica de todos los componentes del grupo.

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Vista de Íñigo, parco en euros pero millonario en sum

 Tras la comida en un reciente y minimalista restaurante de la ciudad, el escaso tiempo restante lo dedicamos a pasear brevemente por el Tashkent administrativo, oficial y concurrido: la plaza de Tamerlán, centro radial de la ciudad nueva programada por los rusos, la plaza de la Independencia, con los espacios públicos del parlamento y los ministerios, además del Memorial de los caídos en la segunda guerra mundial, inscritos en unas planchas planchas como recuerdo imperecedero, y el metro, relativamente reciente y único en el Asia central. Pese a su modernidad, la magnificencia recuerda al metro moscovita, instrumento de propaganda del régimen. Con la guerra fría aún reciente, el metro es no fotografiable, en una imagen que nos trae recuerdos de otras épocas. Pero no es despreciable recordar que estamos en un país rodeado de estados inestables, cuando no declaradamente conflictivos y que la seguridad tiene un precio.

Plaza de Amin Temur, centro radial de Tashkent

Tras la visita a la capital, nos trasladamos al aeropuerto, y lo que lo iba a ser un apacible vuelo interno, acabó convertido en un episodio a mitad de camino entre el chiste, la pesadilla y el caciquismo. Cinco minutos antes de la salida, nos comunican que 19 personas del grupo, cuyas plazas estaban confirmadas, no pueden viajar en el mismo. La razón es tan humana como inexplicable: quienes detentan el poder han decidido que las plazas las ocupen unos diplomáticos que, al parecer, tienen prioridad sobre los ciudadanos que han pagado y confirmado su billete. Más tarde nos enteramos de que los diplomáticos, que efectivamente estaban en sus asientos cuando subimos al avión, no eran tales sino personal de determinado ministerio que acompañaba al titular, de visita al día siguiente a la ciudad de Urgench, a donde nosotros nos dirigíamos, distante 1119 kilómetros de la capital.

María Luisa vivió el episodio con enfado y cierta preocupación, ya que Íñigo era uno de los 19 afectados por el desembarco caciquil del poder. Aunque no fui muy consciente de lo sucedido hasta llegar al avión, no me preocupé grandemente. Nicanor, el guía y otras personas quedaban en tierra y esto para él era una anécdota más que añadir a su experiencia viajera. Pese al enfado y el pequeño caos de las maletas que nos acompañó al llegar a Uschent, predominó la sensatez y un vuelo posterior los trajo junto a nosotros pasada la una de la madrugada. Con una anécdota adicional, digna de una película de James Bond. Íñigo se quedó dormido y, aunque el móvil estaba apagado, sonó la alarma que sobresaltó a la tripulación. Afortunadamente, todo quedó en un susto que añadir al cuaderno de viaje.

Pero Khiva, la reina del desierto, nos deparaba la primera sorpresa. El hotel que íbamos a ocupar, una madraza recientemente restaurada y especialmente hermosa en su estructura arquitectónica, no tenía el mínimo confort exigible a una instalación de estas características. Nuestra inicial habitación, en la que literalmente no cabíamos, fue sustituida por otra más amplia, tras ardorosa lucha de María Luisa con el responsable, batalla librada en correcto castellano, lo que no impidió al uzbeco comprender el problema.

Las idas y venidas de la habitación, la espera de Íñigo que no llegó hasta casi las dos de la mañana y las incomodidades de la cama hicieron que la noche fuera casi toledana. Pero poco importaba, Khiva prometía mucho y su descubrimiento y goce era lo importante.

Portada de nuestro hotel en Khiva, una madraza del siglo XVI, con Elena y Lautaro, nuestros guías, en primer término

Pese a ser un día distinto,  no puedo olvidar que hoy es Jueves Santo, un día que me trae recuerdos de ropa limpia y religiosidad popular, procesión y Hora Santa. Antes de ir a dormir, recojo el texto que Francisco nos ha puesto en el folleto del viaje: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final. Jesús se ciñó una toalla a la cintura, echó agua en la jofaina y se puso a lavar los pies a sus discípulos”. Hoy, en todo el mundo, las comunidades cristianas cantarán: ubi caritas et amor, Deus ibi est.


La Ruta de la Seda. Tashkent, capital de Uzbekistán (II, 4 de abril)

11 mayo 2012

María Luisa e Íñigo ante el aeropuerto de Tashkent

El aeropuerto de Tashkent nos deparó una primera y desagradable sorpresa. Las maletas de cuatro de nuestos compañeros no llegaron y al incordio de la pérdida hubo que sumar los inconvenientes de la reclamación y la espera. El aeropuerto, relativamente cercano a la ciudad, es una instalación relativamente reciente, con algunos tics burocráticos y administrativos que recuerdan épocas pasadas. Será inevitable que un país que pretende abrirse al turismo como una de las fuentes de riqueza del inmediato futuro, mejore rápidamente en este terreno y de facilidades a un sector que está llamado a adquirir gran importancia en la vida de las próximas generaciones uzbecas.

El hotel Tashkent Palace ofrece todos los ingredientes de comodidad y amplitud exigibles a instalaciones de este tipo. Somos tres y el espacio se achica, sin llegar a ser reducido. Nuestra primera visita es al Museo de Artes Aplicadas, edificio del siglo XIX ubicado en la residencia de un diplomático. Las colecciones tienen su interés, aunque es este un ámbito que nunca me ha interesado especialmente: vestimenta, ornato doméstico, artesanía y tejidos constituyen el grueso de las colecciones que están instaladas en habitaciones revestidas a la moda del siglo XIX, con un elemento musulmán dominante y variaciones locales.

La comida tiene lugar en uno de los restaurantes habilitados para turistas que empiezan a aparecer en la nueva república. Será la primera de una serie casi idéntica, en la que el pan, las ensaladas y las sopas, todo ello adobado con plantas aromáticas, se harán omnipresentes.

Monumento a los muertos en el terremoto que asoló la ciudad

La tarde la reservamos para visitar el llamado casco antiguo de Tashkent. Es la primera vez que un casco antiguo en un país musulmán carece de espacio urbano abigarrado, callejuelas y espacios propios de una medina. Lo visitado es, más bien, una ciudadela o recinto sagrado, donde los minaretes, las cúpulas y las madrazas lo dominan todo, en medio de amplios espacios abiertos donde los niños vuelan sus cometas con indudable habilidad. Cinco edificios sobresalen en el conjunto. En primer lugar, la gran mezquita moderna, con minaretes exentos y cilíndricos, reservada para la oración de los viernes, sede del gran muftí de Uzbekistán. En segundo lugar, la llamada biblioteca, una pequeña madraza que alberga el Corán de Usmán, un pergamino de extraordinario valor histórico y cultural que recoge un texto del libro sagrado de los musulmanes, fechado en el siglo VII. En tercer lugar, la gran mezquita del siglo XII, precedida de un gran portalón  o fachada, que da acceso a un patio interior, hoy ocupado por una serie de tiendas artesanales dedicadas a la venta de productos locales. En cuarto lugar, uno de los mausoleos que contiene las tumbas de los muftíes de la región desde el siglo XVI. Y, finalmente, una escuela islámica moderna que recoge a los alumnos procedentes de las 12 escuelas coránicas que en el país preparan a los aspirantes para ejercer de imanes. Sobresalen de todo el conjunto las cúpulas de los edificios, de un verde turquesa cerámico engarzado en juegos geométricos y frases coránicas.

El grupo ante la gran mezquita del siglo XII

El cansancio hace mella en el grupo y decidimos un pequeño cambio sobre la marcha. Dejamos para mañana algunas visitas y nos volvemos al hotel a descansar y reponer fuerzas, porque el sol aprieta y empieza a pesar en unos y otros.

La siesta, reparadora y extensa, y la ducha relajante nos prepararon para el último acto del día, una cena de conjunto en un conocido restaurante de la ciudad. El amplio local tiene el tipismo algo impostado de los lugares turísticos que tanto y tan bien hemos explotado en España: un gran salón, habitaciones pequeñas adosadas y un mirador de madera con sus correspondientes espacios reservados. Un grupo de música autóctono, pundonoroso y veterano, nos amenizó la velada que terminó en lo gastronómico mejor de lo que empezó, con unos pinchos de cerdo y cordero bien asados y un pastel relleno tan sabroso como contundente.

¿Y qué sensación nos ha producido Tashkent? No es una ciudad impresionante por ningún concepto, pero no carece de interés. Es una gran urbe, ubicada en un cruce de caminos histórico. Fundada hace 1200 años, ha conocido periodos de esplendor y decadencia. El periodo de influencia ruso, en la segunda mitad del siglo XIX, dejó una ciudad renovada, con un urbanismo monumental y radial, a la manera de París, Viena y otras ciudades centroeuropeas. La plaza de Amin Temur, Tamerlán para nosotros, es el centro de la nueva ciudad. De este punto nacen las grandes avenidas que distinguen actualmente su urbanismo.

El futbol y el Barça también estaban presentes en Tashkent

En ella conviven los restos de la ciudad antigua, los grandes edificios de la dominación zarista, a la que siguió la época soviética, y los modernos edificios actuales. Sin especial tráfico, con un clima especialmente benigno, entre 20 y 25 grados, la ciudad es algo impersonal y falta de fuerza. Desarrollada en horizontal, los parques, el arbolado y una edificación de escasa calidad dominan el conjunto. Pero esta ciudad, probablemente es otra cosa a 20 grados bajo cero en invierno y a 45 grados en verano. Una vez más, la vida y la cara amable que ofrece al turista no es la verdadera y el día a día para la inmensa mayoría de ciudadanos que la habitan se rige por otros parámetros menos amables. ¡Suerte para ellos en la nueva etapa de la globalización que les espera!


La Ruta de la Seda. De camino hacia Uzbekistán (I, 3 de abril)

8 mayo 2012

Mapa de Uzbekistán con las cinco ciudades visitadas

Son muchos y buenos los recuerdos de mi viaje a Siria en el año 2009, un país asomado a la orilla del Mediterráneo, encrucijada de culturas, y hoy envuelto en la cruel pesadilla de una guerra civil. Un viaje sugerente y bien aprovechado que los amigos del Verbo Divino pusieron a nuestra disposición, de la mano de Rosa, Nicanor y Francisco.

Por eso, cuando este año, tras estancias anteriores en Sicilia y Grecia, ofrecieron la posibilidad de viajar al corazón de la Ruta de la Seda, no lo dudé un momento. El viaje me interesaba en lo cultural, lo etnográfico y lo turístico.

La ruta de la seda y su referencia máxima, Samarkanda, es un hito y un mito en los destinos culturales del Asia Central. Las referencias se acumulan: camino entre oriente y occidente, Gengis Kan, imperio mongol, Tamerlán, grandes culturas, Marco Polo, Ruy González de Clavijo, siglos de oscuridad y abandono, dominio ruso, pertenencia a la URSS y nueva independencia.

Un panel en Khiva nos informa del recorrido de la Ruta de la Seda

Poco me podía imaginar yo que aquel tema que rehuí en la oposición a agregado de instituto en el año 1976 en Córdoba, titulado “Gengis Kan y Tamerlán”, iba a tener ocasión de experimentarlo y conocerlo 36 años después en los próximos días.

La jornada amaneció triste y casi lluviosa en Oteiza. Con celeridad, porque el despertador nos ha jugado una mala pasada, nos preparamos y Benito nos acerca a Estella, lugar de salida de nuestro viaje. Nos acompaña Íñigo, que por primera vez viene con nosotros a un viaje cultural largo y algo complicado para él. Es el más y casi único joven en una expedición de veteranos. Pero le puede la curiosidad y aquí está con nosotros.

El viaje en autobús a Madrid nos depara la grata novedad de la lluvia, tras una sequía tan pertinaz. Navarra, La Rioja, Soria, Guadalajara y Madrid esperan la llegada de las lluvias de primavera para paliar la sed de un campo apenas verdecido.

Los aeropuertos son espacios imprescindibles en los viajes de hoy, pero frente a la puntualidad de autobuses y trenes, siguen siendo una pesadilla. Así sucedió hoy, ya que el viaje previsto a Milán, por razón de una huelga que afectaba al espacio aéreo francés, se retrasó más de una hora.

La abarrotada aeronave de Iberia despegó a las cinco y media de la tarde y llegó a Milán a las siete y cuarto. Una vez más, Italia, que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar en lo personal y lo cultural a María Luisa y a mí, como cabeza de puente hacia Oriente.

El grupo espera animado la partida de Barajas

La terminal internacional de Malpensa, exquisita en sus tiendas, aunque algo anticuada en sus instalaciones, nos deparaba una doble sorpresa: la falta de un televisor para retransmitir el Barça-Milán de los cuartos de final de la copa de Europa y un nuevo retraso, camino de Tashkent. Pero la tecnología lo puede casi todo y Mikel, el amigo de Íñigo, fue retransmitiéndole desde Oteiza en tiempo real los pormenores del partido que, a su vez, Íñigo iba comunicando a los componentes de la expedición, que lo celebraban con júbilo durante la espera en el aeropuerto.

Al final, tras resistirse, embarcamos con cierto retraso camino de Tashkent. Un vuelo nocturno caracterizado por el cansancio, el sopor y la duermevela que acompaña a traslados considerablemente largos.

En la fila del mostrador de pasajeros tuvimos una pequeña muestra del país que nos esperaba: jóvenes y mayores con rasgos faciales muy distintos y peculiares, fruto de la mezcla de razas de un territorio por el que han cruzado casi todos los pueblos a lo largo de la historia.

Tras casi seis horas de vuelo, el cielo limpio de Tashkent apareció ante nosotros. Era un amanecer distinto, en el mejor sentido de la palabra. Con la adecuación horaria, las cinco de la mañana se convertían en las ocho, hora local de Uzbekistán.

Atrás habíamos dejado, en un viaje que dejaría estupefactos a los grandes exploradores de antaño, Italia, los Balcanes, los países del Este de Europa y Turquía, para adentrarnos en espacios aéreos del Cáucaso, el mar Caspio y las exrepúblicas soviéticas de mayoría musulmana, hoy países independientes.

Una nueva región del mundo, apenas conocida si no es por las noticias negativas de los conflictos y el terrorismo islámico, se abría a nuestros ojos.


El Camino de Santiago (V)

16 agosto 2010

 

Cuarta etapa: Pamplona-Puente la Reina (29 de mayo de 2010)

 1º.- Guión de la etapa

 1.- Hitos fundamentales de la etapa

            1º.- Cuenca de Pamplona

-         Encomienda Sanjuanista de Cizur Menor

-         Anillo de pequeñas iglesias medievales: Cizur Menor, Zizur Mayor, Gazólaz, Sagüés, Paternáin

2º.- El Perdón

-         Divisoria geográfica

-         Fuente de la Reniega

-         Monumento al peregrino

3º.- Valdizarbe

-         Paso a la Navarra Media

-         Basongáiz, Legarda, Uterga, Muruzábal, Obanos

4º.- Puente la Reina

-         Al principio existió el puente

-         Todos los Caminos se hacen uno a Compostela

 2.- Programa aproximado

8…………………             Salida del parking del rectorado de la UPNA

8,15……………              Salida del puente sobre el Sadar, camino de Cizur Menor

8,45…………..               Llegada a Cizur Menor

-         Visita de la Encomienda Sanjuanista

9,30…………..               Salida hacia Guenduláin

10,30…………               Llegada a Zariquiegui

11,15…………               Alto de la Reniega. Monumento al peregrino. Pausa para el almuerzo

12…………….                Salida hacia Uterga, Muruzábal y Obanos

14……………..               Llegada a Puente la Reina

14-16………..               Pausa para la comida

16………………              Visita a Puente la Reina

-         Iglesia del Crucifijo

-         Calle Mayor

-         Iglesia de Santiago

-         Puente medieval

18………………              Salida hacia Pamplona. Parking del rectorado de la UPNA

 Profesor: Román Felones Morrás, profesor de Arte Antiguo y Medieval del Aula de la Experiencia

 Guías y colaboradores: Ricardo Galdeano, Germana Latorre, Goio Ganuza y Loli Latorre, miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella

 3.- Comentarios de etapas anteriores

Blog “El valor de la palabra” romanfelones.wordpress.com

4.- Bibliografía

FELONES MORRÁS, R., Los Caminos de Santiago en Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999.

SEGURA URRA, F., El Camino de Santiago en Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, Pamplona, 2004.

VV.AA., Pamplona en el Camino de Santiago, Ayuntamiento de Pamplona, Pamplona, 2001.

 2º.- Desarrollo y comentario de la etapa

 El mes de mayo está casi vencido. Aunque Pamplona es tierra de poca primavera, el día hace honor a la estación y la mañana, fresca y luminosa, anuncia una jornada placentera.

El recorrido en el autobús, un pequeño tramo urbano, nos deja en la Fuente del Hierro, en la puerta del hermoso y cuidado campus de la Universidad de Navarra. Cruzamos el puente sobre el río Sadar, y poco más tarde el del río Elorz. El camino es un tramo peatonal recientemente pavimentado y arbolado, que supera las vías del tren, deja Pamplona y nos conduce hasta Cizur Menor.

El grupo camina unido, ya que la primera parada del día está apenas a un kilómetro. La iglesia de Cizur Menor, único resto reconocible de la Encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén, nos retrotrae a un momento concreto de la historia de Navarra, el final del siglo XII y los comienzos del XIII. El conjunto (dependencias monacales, claustro, torres, iglesia y hospital) ha desaparecido. Sólo subsiste una de las torres y el templo, perfectamente apreciable desde lo lejos, culminado con su pendón de la Soberana Orden de Malta. La iglesia, de planta de nave única dividida en cuatro tramos, se cubre con bóveda de cañón apuntado, que culmina en un ábside semicircular cubierto con cuarto de esfera.

Salvado de la ruina y rehabilitado en la década de los ochenta del pasado siglo, la Orden de Malta continúa con su labor hospitalaria, manteniendo un albergue de peregrinos en un edificio anejo a la iglesia medieval.

Por la nuevas calles de Cizur Menor, bordeadas de plataneros, unifamiliares más o menos afortunados y nuevas infraestructuras, salimos a los espacios cerealísticos de la Cuenca, enfilando el perfil norte de la sierra del Perdón, con el pueblo de Galar en el horizonte. Estamos en campo abierto, en mitad de tierras despejadas, y el horizonte se vuelve terroso y se ensancha. El Camino ha sufrido en este tramo algunas embestidas de terrenos de cultivo. Los setos vivos y árboles del entorno rompen la monotonía de la travesía hacia Guenduláin entre cereales. Uno, que ha nacido y vive en Tierra Estella, recuerda la macro-ciudad prevista en estos campos y no puede menos que reprobar un proyecto que considera disparatado para Navarra y especialmente dañino para el tramo de la Autoría del Camino, ahora que esta vía ha abierto expectativas ciertas de crecimiento y desarrollo para la zona.

Desde Guenduláin la subida es constante hacia Zariquiegui, población que ha visto rodeado su pequeño casco urbano con urbanizaciones de dudoso gusto. El camino ascendente cruza la regata de Erdoitz bordeando cultivos hasta dar con la antigua senda de trazado firme y estrecho. Con cierta dificultad, por camino excavado en la roca del cordal del Perdón, nos acercamos al alto de Santa María de Erreniega.

Es hora de almorzar, que la pendiente aprieta y el calor empieza a hacer mella. El horizonte es hermoso y limpio. A la derecha, la Cuenca, con el cereal a punto de cuajar en una excelente cosecha; a la izquierda,  Valdizarbe, animado con el verde joven y tierno de las cepas que producirán excelentes caldos a comienzos del otoño. Y en medio, los ya inevitables molinos que inundan la zona y el monumento al peregrino, que Vicente Galbete creó y que forma ya parte del paisaje.

El Camino atraviesa la carretera asfaltada del Perdón, la cañada real Valdorba-Andía y desciende por la solana de la sierra por una amplia pista que atraviesa el encinar sobreexplotado. Llegado al límite de los cultivos, el camino convertido en pista agrícola discurre por lenguas de monte, algunas de las cuales todavía conservan algunas encinas, entre campos alargados de cereal. Llegados al Pocico de Irunbidea, una amplia pista nos acerca hasta el casco urbano de Uterga. La villa llama la atención por sus bien cuidadas calles, la anchura de sus plazas, las hermosas viviendas y la fuente, la mejor entre Pamplona y Puente la Reina, como queda reflejado en la leyenda de su sillería. Un moderno y coqueto albergue a la salida de la población da paso a un tramo del Camino especialmente hermoso. Cereales, almendros, viñas, frutales, vegetación natural y sendero florido convergen en este tramo que huele a primavera, vida y feracidad.

De nuevo, otra cañada se cruza en nuestro camino, la que de Milagro conduce a la Aezkoa. Muruzábal es también villa de interés: iglesia, edificaciones y urbanismo nos hablan de un pueblo en alza. Aunque el camino es un paso constante de peregrinos, el pueblo está desierto. Todos están en Eunate, que hoy es la romería general del valle y día de fiesta grande en Valdizarbe. Pero una persona ha querido permanecer y ejercer de anfitriona perfecta: nuestra compañera de curso del Aula de la Experiencia no ha querido olvidarse de sus colegas y nos ha preparado un suculento almuerzo, que a este hora se agradece doblemente. Gracias,                 , por el almuerzo y el detalle. Y gracias también por proporcionarnos la llave de Eunate cada  vez que la hemos necesitado. Así es el Camino y así lo hacen sus gentes.

El Camino deja la carretera para descender por la Guindalera y por un tramo asfaltado e incluso decorado con conchas metálicas, ascender hasta Obanos, la villa del Misterio.

Siempre sorprende la anchura y placidez de su urbanismo. Incluso su iglesia, neogótica, parece haber encontrado un razonable acomodo en el entorno.

El grupo se ha desperdigado y los más presurosos ya se encuentran en Puente la Reina. Pero aún quedan unos amables kilómetros finales, aunque tengamos cansados los pies, para llegar al final de la etapa. El descenso hasta la carretera y el camino junto al río Robo se acompañan de un calor que ya aprieta, pero las torres de la población no dan lugar a la impaciencia.

El autobús situado a la entrada de la población nos permite dejar botas y mochilas y cambiarnos las ropas empapadas en sudor. El tiempo para el descanso, la comida y el reencuentro lo hacemos en pequeños grupos. Unos, en los diferentes restaurantes de la villa, buen surtida para el peregrino. Otros, en los lugares de descanso con los bocadillos traídos para la ocasión. Mis hermanas y yo optamos por una terraza con sombrilla a la entrada de la población. Corre un cierzo agradable y compartimos espacio con otros peregrinos, estos en bici, de varias nacionalidades. 

Nuestro objetivo es andar y ver. Y, de acuerdo a nuestros planes, a las 4 de la tarde nos reunimos de nuevo todo el grupo para iniciar la visita a Puente la Reina. La comenzamos en la iglesia del Crucifijo, peculiar edificio de dos naves contrapuestas de los siglos XII y XIII. De ahí hacia la calle mayor, una de las rúas más emblemáticas del todo el Camino de Santiago. Atentos a su urbanismo y a su estructura de bastida, nos aproximamos hasta la iglesia de Santiago, el gran edificio religioso de la población. En origen del siglo XII, fue reedificada en el siglo XVI y rematada con una hermosa torre a finales del siglo XVIII. Su interior conserva dos hermosas imágenes de Santiago: la gótica del siglo XIV y la titular del siglo XVIII.

La rúa continúa entre palacios y portaladas hasta alcanzar el puente que dio nombre a la población y sortea el río. Impresionante su estructura, se mire por donde se mire. Y más impresionante aún su pervivencia y su articulada belleza. No sorprende que el próximo de la autovía, obra de Javier Manterola, sea un homenaje a éste, el puente por excelencia de todo el Camino.

“Y desde aquí, todos los Caminos se hacen uno a Compostela”, nos dice el Codex Calixtinus. Precisamente para hacerlo realidad, nosotros retrocederemos en las próximas etapas, a la búsqueda del Camino aragonés.  Por hoy, misión cumplida.


El Camino de Santiago (IV)

5 julio 2010

 

Tercera etapa: Zubiri-Pamplona (24 de abril de 2010)

 1º.- Guión de la etapa

 1.- Hitos fundamentales de la etapa

1º.- Valle de Esteríbar

-         Poblaciones diseminadas

-         Iglesias de origen medieval, con remodelaciones renacentistas o barrocas

-         Capital histórica: Larrasoaña, villa de francos desde 1174

2º.- Cuenca de Pamplona

-         Contraste bioclimático

-         Trinidad de Arre, iglesia hospital, puente y presa

-         Pamplona, la ciudad

o       La político-administrativa

o       La eclesiástica

o       La militar

 2.- Programa aproximado

9             Salida del parking del rectorado de la UPNA hacia Zubiri

9,30     Salida de Zubiri. Breve explicación inicial

10,30   Llegada a Larrasoaña y visita a la población

10,45   Salida hacia Zabaldika

11,30   Pausa para el almuerzo

12,30   Llegada a la Trinidad de Arre y visita al conjunto

13          Salida hacia Pamplona

14,30   Llegada a Pamplona y pausa para la comida

16          Visita a la Pamplona jacobea

-         Portal de Francia

-         Calle del Carmen o de los peregrinos

-         Calle Aldapa

-         Calle de la Navarrería

-         Calle Curia. Visita al Albergue de Jesús y María

-         Calle Mercaderes

-         Plaza Consistorial

-         Visita a la iglesia de San Cernin

-         Calle Mayor

-         Visita al Palacio del Condestable. Maqueta de la ciudad

-         Visita a la iglesia de San Lorenzo. Tesoro de San Fermín

18,30   Salida hacia el parking del rectorado de la UPNA

 Profesor: Román Felones Morrás, profesor de Arte Antiguo y Medieval del Aula de la Experiencia

 Guías y colaboradores: Ricardo Galdeano, Germana Latorre, Goio Ganuza y Loli Latorre, miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella.

 3.- Comentarios de etapas anteriores

Blog “El valor de la palabra” romanfelones.wordpress.com

 4.- Bibliografía

FELONES MORRAS, R., Los Caminos de Santiago en Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999.

SEGURA URRA, F., El Camino de Santiago en Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, Pamplona, 2004.

VV.AA., Pamplona en el Camino de Santiago, Ayuntamiento de Pamplona, Pamplona, 2001.

 2º.- Desarrollo y comentario de la etapa

 Nos encontramos en plena primavera. El día se presenta fresco y luminoso y los árboles del campus de la UPNA empiezan a mostrar el verdor de sus hojas tiernas. El viaje a Zubiri es apenas un paseo en el que topamos con buen número de ciclistas aficionados que se arriesgan a disfrutar de su deporte favorito a pesar de la estrechez de calzadas y arcenes.

Al llegar a Zubiri, en el propio autobús, leemos con detenimiento el guión de la etapa, los hitos más significativos y el calendario aproximado hasta Pamplona.

Cruzamos a pie el puente de la Rabia y por una carretera asfaltada nos dirigimos al barrio del cementerio. De allí, el camino continúa por camino viejo, entre prados con seto vivo y árboles, una de las características de la etapa. Una pista atraviesa los residuos minerales de la fábrica de Magnesitas, un horrendo peaje que el valle ha tenido que pagar parar hacer posible la industrialización de la zona y la pervivencia de muchos de sus hijos. Más adelante, el camino va perdiendo adustez y ganando en amabilidad, acercándose a un pequeño puente donde enlaza con el camino antiguo de Ilarratz, adornado de seto vivo y muretes de piedra.

Las poblaciones diseminadas empiezan a aparecer a cada paso: Osteritz, Ilarratz, Ezkirotz, Urdaitz, Irure y, tras la venta de Akerreta, el puente sobre el Arga nos conduce al casco urbano de Larrasoaina. Es el momento de reagruparse, reponer fuerzas y proceder a una pequeña explicación, porque la población, capital histórica del valle, bien merece la pena.

El Arga nos ha acompañado desde Zubiri, pero a partir de este momento va a ser nuestra referencia constante y  entrañable de viaje. Aunque la cartografía es casi plana, el camino es un continuo sube y baja, un pequeño tobogán lleno de sorpresas y sutiles cambios de vegetación. A lo largo del trayecto se percibe un progresivo cambio en el clima, en las rocas y en los suelos, en la vegetación y en los colores y aromas del campo. La fuerte caída del nivel de las precipitaciones que reciben los robledales y pinares del valle del Arga respecto de los hayedos de Ibañeta, unido a la elevación de la temperatura media, cierto nivel de sequía estival y la continentalidad inicial, determinan la desaparición de los tipos de bosque de hoja tierna, lampiña, plana y caduca, especialmente el hayedo y los robledales de roble común o aritza. El paisaje, progresivamente luminoso, está constituido por otros robledales de hojas coriáceas, peludas y persistentes en invierno, a los que la acción humana ha añadido pinos. Y junto a estos árboles, el boj, con su inconfundible olor acre y sus característicos tonos verdeamarillentos y rojizos.

Akerreta nos demuestra que es posible acceder a la modernidad sin perder un ápice de la hermosura y el respeto a la arquitectura tradicional.

La mañana ha avanzado y se hace necesario un alto en el camino. El almuerzo lo tomamos en Zuriain, junto al puente y el prado próximo al río. El calor no aprieta, pero la sombra tampoco resulta desagradable. El bocadillo, la pieza de fruta y el agua fresca resultan todo un manjar para el cuerpo y el espíritu. Y de nuevo, al camino. En un pequeño tramo, por la carretera general. Más adelante, el camino serpentea entre pinos aislados elevándose suavemente sobre los prados y la arboleda del río. Una senda estrecha a media ladera nos conduce a Irotz. Luego, siguiendo una pista de hormigón tal vez excesiva, el camino baja al río y nos acerca a Zabaldika. Pasado el palacio en el barrio de abajo, con información sobre las horas de apertura de la iglesia que se agradece, ya que se encuentra en lo alto, salimos a la carretera. De ahí, aunque la opción del parque del Arga es más cómoda y segura, decidimos marchar por el camino tradicional del monte, con una pista descarnada y poco presentable. Poco después, Arleta nos recuerda lo que fue y ya no es. Todavía se conservan los nombres de las calles, pero la vegetación ha invadido el pórtico de la iglesia que dentro de poco será solo una ruina. Esta parte del camino la hago en solitario, saludando a peregrinos variopintos que uno encuentra. Tras pasar la variante norte por el paso subterráneo, un suave descenso nos conduce a la Trinidad de Arre. Tardamos un tiempo en reagruparnos, ya que los más veloces ya han llegado hace un rato y los más rezagados no acaban de aparecer. Al fin, con el visto bueno del hermano marista que amablemente nos facilita la entrada, pasamos a la pequeña iglesia. Arre es un conjunto que engloba el hospital, el puente y la presa. Se agradece el frescor del interior y la pequeña explicación, cómodamente sentados en los bancos de la basílica. Un pequeño ejemplo de estilo neorrománico, que no carece de interés.

De allí, partimos hacia  Pamplona por las más diversas vías. Unos pocos, los menos, en autobús, que el camino empieza a pesar. Otros, a través de la calle mayor de Villava, el caso urbano de Burlada y el puente de la Magdalena, nos adentramos en la ciudad a través del portal de Francia.

Tras reponer fuerzas en la misma plaza de la catedral, cómodamente sentados, con las torres de Ventura Rodríguez a las espaldas, a la espera de su definitiva restauración, iniciamos nuestra sesión vespertina con la visita a la Pamplona jacobea. Hemos dejado atrás, la calle del Carmen o de los peregrinos, la calle Aldapa, la calle Navarrería y la calle Curia. Tras una somera explicación de la historia de la ciudad, nos acercamos a la calle Compañía, a conocer el albergue de Jesús y María, una reconversión feliz de una iglesia conventual del siglo XVII en un albergue moderno de los siglos XX y XXI. De allí, a través de la calle Mercaderes, plaza del Ayuntamiento, iglesia de San Cernin ¡cerrada una vez más a las 5 de la tarde! y calle Mayor nos acercamos al Palacio del Condestable, recientemente rehabilitado. Una explicación ante la gran maqueta de la ciudad nos permite hacernos una idea de la evolución urbana.

Nuestro penúltimo hito es el tesoro de San Fermín en la iglesia de San Lorenzo. Santos Villanueva nos ha ofrecido la posibilidad, que no hemos rechazado. Nos recibe amablemente, después de esperar el final de un bautizo, y Ana Ulargui nos acompaña en la visita al tesoro. Las piezas tienen más interés sentimental e histórico que propiamente artístico, pero todos salimos satisfechos. Una novedad no prevista, que a todos parece gustar.

Nos despedimos en Fuente del Hierro, tras comprobar con satisfacción que los objetivos están cumplidos. Hermosa jornada de primavera jacobea. Un tramo intenso y variopinto en lo paisajístico, con elementos singulares y llenos de encanto como la Trinidad de Arre. Y el colofón final de Pamplona, una novedad para muchos. A partir de ahora nos esperan los horizontes amplios y las tierras llanas.


Tres pasiones compartidas

16 mayo 2010

 

Corría el año 1976. Tras una peripecia vital muy común en la Navarra de la época – familia humilde, estudios en un colegio religioso, licenciatura en Historia en la Universidad de Zaragoza, ya que el acceso a la Universidad del Opus en Pamplona no era ni fácil, ni barato ni en muchos casos deseable, acababa de incorporarme como primer profesor titular al recién inaugurado Instituto de Bachillerato de Estella. Atrás habían quedado unos años universitarios más preocupados por los resultados académicos, ya que la beca me resultaba indispensable para poder seguir estudios, que por las algaradas políticas o la lucha por la libertad de las que participaba solamente a prudente distancia.

La alegría de mi licenciatura, era el primer universitario en mi familia, se vio empañada por una noticia inesperada. La suerte me había sido esquiva y, tras no poder enrolarme en las milicias universitarias –la razón aducida fue la falta de espíritu militar- el sorteo de la mili me deparó un destino indeseado, Ceuta, al otro lado del estrecho de Gibraltar. Mi ascenso a cabo primero me permitió pasar largas horas de las tardes y los fines de semana encerrado en mi oficina, con mi infiernillo camuflado para calentar la leche y el nescafé, preparando mis oposiciones de bachillerato y ayudando a sobrellevar una etapa gris y plomiza donde la reflexión era sustituida por el ordeno y mando, y la inteligencia por las estrellas del hombro o la bocamanga. Porque los tiempos no fueron fáciles. La muerte de Franco, escuchada de madrugada mientras hacía guardia en el monte Hacho, o los preparativos de combate para hacer frente a la “marcha verde” lanzada por Hassan II contra El Sahara, son algunos de ellos. Pero recuerdo sobre todo, el lento y cansino discurrir de los días sin sentido, viendo desde mi ventana el ir y venir del barco –“la paloma”, lo apodábamos-, que traía mercancías y pasajeros desde la Península. Y junto a ello, el lado positivo. Los soldados, venidos de las cuatro puntos cardinales, llenos de pasión juvenil, amorosa y hasta militar en algunos de ellos. Y también algunos jefes: aquel brigada comprensivo, el joven y complaciente teniente de complemento, e incluso la figura del general Gutierrez Mellado, entonces comandante militar de la plaza, visitándonos en Nochebuena.

La plaza en el instituto fue el comienzo de una de mis tres pasiones, la enseñanza. De la segunda, mi familia, no hablaré. A la tercera, la política, dedicaré el resto del relato. Las clases de historia de España y de historia del mundo contemporáneo me ayudaron a sumergirme en la nueva etapa que se abría en España con el ímpetu, el brío y la pasión juvenil que no les había dedicado en mi etapa universitaria. Todavía recuerdo el fervor de los mítines vividos en la campaña electoral de 1977 en Los Arcos, mi pueblo.

En esa campaña, los representantes navarros del partido de Ruiz Jiménez –persona admirable que acaba de fallecer-, esperaban pacientemente en el inmenso frontón la llegada de asistentes al mitin. Pasados unos minutos, como sólo éramos tres los dispuestos, el cabeza de lista se nos acercó para saber si estábamos interesados en que el mitin se celebrara. Yo, joven impulsivo, tomé la palabra y les dije: creo que se pueden ahorrar ustedes el esfuerzo. Este señor es Pablo Antoñana –renombrado escritor recientemente fallecido- que tiene criterio propio; este otro es el sargento de la guardia civil, que viene por obligación; y el tercero, que soy yo, tengo ya el voto decidido. Convinimos en tomarnos un vino juntos como alternativa. Eso sí, creo que el sargento declinó tomar el vino con contertulios no demasiado recomendables.

Fue la primera vez que deposité en la urna el voto para el PSOE ¡Y eso que Tierno y su partido me resultaban especialmente atractivos!. Pero la personalidad arrolladora de Felipe, al que escuché en sendos mítines en Estella y Pamplona acabó por decantar el sentido de mi voto. En su verbo encendido, su vehemencia controlada y sus propuestas modernizadoras se anunciaba ya un prometedor futuro.

Apenas año y medio después, mi compromiso ciudadano, manifestado en el voto, dio un salto cualitativo.  Sin saber exactamente por qué, fui invitado a formar parte de la lista del PSOE al Parlamento de Navarra por la merindad de Estella. El cuarto puesto de la lista, que en ningún caso tenía perspectivas de salida, no impidió que me implicara hasta el fondo. En mi R7 verde me recorrí todos los rincones de la merindad, con los altavoces a pleno volumen,  pregonando los principios de un programa apenas digerido e interiorizado. Allí comencé a probar el complejo mundo de la acción política: las preguntas incómodas tras el mitin – la primera fue, ¡quién me lo iba a decir! una interpelación sobre el aborto-; el sectarismo de los violentos –por dos veces tuvimos que salir por piernas de sendos mítines porque venían a por nosotros-; y, sobre todo, el cariño de afiliados, simpatizantes y ciudadanía. Una campaña electoral, en definitiva, que fue un master acelerado en teoría y acción política y que me exigió lanzarme a la piscina sin saber si había agua dentro.

La victoria del 28 de octubre de 1982 difícilmente se borrará de mi mente. Como tampoco la llamada, pocos meses más tarde, de los responsables del partido en Navarra para pedirme que me hiciera cargo de la Dirección Provincial del Ministerio de Educación en Navarra. Era consciente de mi responsabilidad y, empujado más por mis ansias que por mis conocimientos, acepté el reto. El día 4 de febrero de 1983 cumplía 32 años y el BOE, rubricado por Felipe González y José María Maravall, publicaba mi nombramiento.

Fueron meses especialmente intensos. Yo era consciente de que el mundo educativo esperaba un cambio en las formas y en el fondo. Y que ese cambio lo debía de ejemplificar yo con mi trabajo, actividad y cercanía. Los retos no eran menores: la integración del euskera en la enseñanza, que a veces me impedía conciliar el sueño, las nuevas necesidades de escolarización, la democratización de los centros escolares.

Pero la sorpresa fue todavía mayor cuando, tras las elecciones forales de 1983, fui designado Consejero de Educación, Cultura, Deporte y Juventud. ¡Yo, que no tenía carnet del partido ni una estrecha conexión con su estructura orgánica! Fueron, lo reconozco, los siete años más intensos de mi vida política y personal. Y tuve la oportunidad, en los tres primeros, de hacer realidad dos de los sueños plasmados en el programa electoral que yo ayudé a redactar: la aprobación, por mayoría absoluta del Parlamento de Navarra, pese a que el nuestro era un gobierno en minoría, de la Ley Foral del Vascuence, un instrumento esencial para el desarrollo y normalización del euskera en la Comunidad, y la creación, también por mayoría absoluta, de la Universidad Pública de Navarra, probablemente la iniciativa educativa y cultural más importante realizada en Navarra en el último cuarto del siglo veinte. Confirmado en el cargo tras las elecciones de 1987, la segunda fue la legislatura de la gestión, hubo que asumir las transferencias de Educación y pasar a dirigir el segundo departamento del Gobierno por presupuesto y funcionarios a su cargo.

Maduro ya para una militancia de vocación tardía, di el paso de afiliarme aprovechando una circunstancia favorable. Lo hice el día anterior al referéndum de la OTAN, mostrando así mi apoyo al partido en un momento especialmente delicado.

Tres ideas básicas guiaron mi actuación en esos años: la gratitud hacia el partido, que me permitió dedicar los siete años más intensos de mi vida al servicio de mis conciudadanos; mi convicción de que de que yo debía de ser un profesional al servicio de la política, pero no un político profesional; y mi determinación de que, aunque debía servir a todos, mi objetivo preferente debían de ser los sectores más necesitados, esos que justifican el nacimiento y desarrollo de un partido como el nuestro.

Las elecciones de 1991 supusieron un cambio de rumbo en la política navarra. La unión de la derecha propició su acceso al gobierno, y esta situación, unido a los episodios de corrupción protagonizados por algunos dirigentes de nuestro partido y las sucesivas peleas internas en las que hemos estado inmersos, explican que no hayamos recuperado el gobierno, 18 años después.

Pero quien había ostentado responsabilidades externas, debía de aceptar trabajos internos en el seno de la organización. Y pese al mal momento del partido, acepté la secretaría de educación en una etapa, que yo quería nueva y distinta. No fue posible y presenté mi dimisión, discreta y razonadamente, continuando con la responsabilidad de la Alta Inspección que se me había encomendado.

La pérdida de las elecciones en 1995 por parte de nuestro partido coincidió con mi vuelta a mi trabajo como profesor en el instituto de Estella. El regreso al trabajo profesional, doce años después, no fue fácil, pero fue una decisión consciente, acertada y perfectamente asumida. Una actitud, señalo de paso, que debía de ser la regla y no la excepción en el quehacer de nuestro partido. La legitimidad, reiterarlo no es ocioso, no la da el puesto político que ocupas, sino tu compromiso con los ideales socialistas en el trabajo ordinario que puedas desempeñar, sea éste en el tajo, la oficina o el ámbito docente.

Pero nuestro partido es una institución democrática, en la que el poder lo ostenta quien gana los congresos pertinentes y lo lidera quien cuenta con la confianza mayoritaria de la afiliación. Y esta no fue mi etapa. Discrepante con la línea política oficial imperante en Navarra, no quise dejar de aportar mi visión crítica en el órgano adecuado para ello. Durante ocho años, asistí a todos los Comités Regionales y en todos manifesté mi opinión personal sobre los temas objeto de debate. Confieso que fui escuchado con atención, pero igualmente debo de señalar que no se me hizo mucho caso. Era, sin duda, mi tarea, pero no era mi hora.

Esta llegó de nuevo en el año 2003. Un congreso muy duro y disputado eligió por escaso margen como nuevo secretario general al malogrado Carlos Chivite. Fui propuesto como presidente del partido y aquí continúo en la actualidad. Para mí la presidencia tiene una gran responsabilidad. No tiene especiales trabajos ejecutivos, pero la responsabilidad moral es grande y es preciso estar a la altura de las circunstancias. Presidir y dirigir las reuniones internas, moderar los debates, ayudar al secretario general a conformar criterio y opinión sobre los temas, y ser, en la medida de lo posible, una referencia moral y ética, son algunas de mis actuales preocupaciones. Mi responsabilidad añadida de portavoz de cultura y turismo en el Parlamento de Navarra y, de nuevo, mi dedicación exclusiva a la actividad política, me permiten compaginar una tarea en la que me siento cómodo y útil. No estoy para protagonizar, ya lo hice en el pasado, sino para ayudar. Por edad y convicción creí necesario dejar paso a la siguiente generación en las principales responsabilidades ejecutivas y en ello me ratifico. Pero, aunque tarde, yo me hice socialista de por vida. Y estaré siempre al servicio de un partido que me ha permitido trabajar para mejorar las condiciones de vida de toda la ciudadanía, en especial de los que menos tienen. Sólo espero seguir haciéndolo con esfuerzo y con honestidad. Es lo que me pidieron mis padres, lo que yo prometí a mis hijos,  y lo que me demanda y recuerda cada día desde el modesto despacho de nuestra sede el fundador de nuestro partido, Pablo Iglesias.

 

 

                                                            Román Felones Morrás

                                                            Militante de la Agrupación de Estella (Navarra)

                                                            Presidente del PSN-PSOE 

Este relato ha obtenido el tercer premio en el concurso “Tu historia en nuestra historia”, dentro de la categoría “Experiencias en democracia hasta el año 2000″, convocado por el PSOE para conmemorar el 130 aniversario del nacimiento del partido.


El Camino de Santiago en Navarra (III)

9 mayo 2010

 

Segunda etapa: Roncesvalles-Zubiri (27 de marzo de 2010)

1º.- Guión de la etapa

1.- Hitos fundamentales de la etapa

1º.- Auritz-Burguete: el pueblo-camino

2º.- Aurizberri-Espinal: la entrada en el valle de Erro

3º.- Biskarreta-Gerendiain: citada por el Códice Calixtino

4º.- Lintzoain : capital administrativa del valle de Erro

5º.- Mezkiritz-Erro: la gradación paisajística

6º.- Zubiri: puente de la rabia. Fin de etapa

2.- Programa aproximado

8:             Salida del parking del rectorado de la UPNA hacia Roncesvalles

9:            Llegada a Roncesvalles

-         Inicio del recorrido. Breve explicación inicial

-         Salida hacia Burguete. Breve explicación

10:            Salida hacia Espinal.

10,30:     Alto de Mezquiritz: Alternativas

11,30:      Biskarreta-Gerendiain: pausa para el almuerzo

12:            Camino al puerto de Erro y Zubiri

15:            Llegada a Zubiri. Comida

17,30            Salida hacia Pamplona

18:            Llegada al parking del rectorado, UPNA

Profesor: Román Felones Morrás, profesor de Arte Antiguo y Medieval del Aula de la Experiencia.

Guías y colaboradores: Ricardo Galdeano, Germana Latorre, Goio Ganuza y Loli Latorre, miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella

3.- Bibliografía

FELONES MORRÁS, R., Los Caminos de Santiago en Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999.

VV.AA., Conocer Navarra, EGN Comunicación, Marzo de 2010, nº 18. (Interesante información sobre Roncesvalles y su entorno)

2ª.- Desarrollo y comentario de la etapa

El día, amenazador y lluvioso en Pamplona, no invitaba a lanzarse al Camino, y mucho menos a pie. Pero la voluntad y determinación del grupo, superada la etapa entre San Juan de Pie de Puerto y Roncesvalles, era el intentarlo a toda costa.

La llegada a Roncesvalles no presagiaba una mejora considerable. Arracimados en torno a Itzandegia, pertrechados con gorros, paraguas y chubasqueros para la lluvia, apenas tuvimos la oportunidad de repartir el guión habitual de cada jornada y subrayar algunas características de la misma. Ricardo Galdeano dio la orden de salida y el grupo comenzó a internarse en el hayedo que separa Roncesvalles de Burguete. Fue la primera y agradable sorpresa. El Camino corre paralelo a la carretera entre hayas de porte monumental y un seto de boj. Una fina lluvia, que no impedía la marcha, nos acompañó en el primer tramo de la etapa.

La primera parada fue frente a la iglesia de Burguete. Una breve explicación permitió recordar su carácter de pueblo-camino, la singularidad de un caserío rehecho casi en su totalidad a principios del siglo XIX, consecuencia de la Guerra de la Convención, y lo peculiar de su urbanismo.

La lluvia, algo más intensa sin llegar a ser especialmente molesta, siguió con nosotros en el tramo hasta Espinal. Por momentos, el Camino perdió su condición de tal y un barrizal poco presentable, sobre todo a la salida de Burguete, constituyó el primer lunar físico de la etapa. Un tramo, sin embargo, lleno de encanto, con riachuelos de agua limpia que había que vadear y escasa vegetación caducifolia como compañía. Espinal, impoluto y algo frío, nos recibió sin lluvia y nos invitó, tras cruzar su caserío, a iniciar la rampa de acceso al alto de Mezkiritz. El autobús, situado a pie de carretera, esperaba la visita de los primeros peregrinos con problemas, pero éstos ni se acercaron y todos, con achaques o sin ellos, se internaron en la parte más hermosa del recorrido, el bosque que en suave descenso nos conducía a Biskarreta-Gerendiain. Favorecer el trayecto al peregrino es un objetivo perseguido por el Plan Interdepartamental del Camino de Santiago, puesto en marcha con motivo del Año Santo. De ahí que algunos tramos, especialmente incómodos, hayan sido arreglados. No estoy tan seguro que el resultado final, justo a la entrada a Sorogain, haya sido especialmente afortunado. El asfaltado del Camino o el enlosado del mismo me pareció un punto excesivo.

El almuerzo en Biskarreta-Gerendiain nos deparó una agradable sorpresa. Pocos nos acordamos de que la población, citada por Aymeric Picaud en su Códice Calixtino, tuvo un hospital de peregrinos. Además de nuestro propio bocadillo, tomado a pie de carretera, la entrada en el pueblo nos permitió compartir con una expedición de empleados de una de las grandes empresas nacionales la chistorra, la panceta y el vino tinto preparado para todos ellos. Así que, tras atravesar Lintzoain,  la subida al puerto de Erro, tan corta como penosa, lo fue doblemente porque el almuerzo no había sido precisamente frugal.

El trayecto en suave pendiente descendente por la cresta de Erro fue muy hermoso y gratificante. Las especias caducifolias en torno al Camino, el boj bienoliente tras la lluvia matutina, la atmósfera limpia y especialmente colorida con el verde como color dominante, y los saludos con peregrinos de varias nacionalidades, marcaron la segunda parte de la etapa, con los pies ya cansados y doloridos.

En el cruce del Camino y la carretera nos esperaba de nuevo el autobús. Tampoco fue utilizado por casi nadie, pese a que los kilómetros transcurridos ya empezaban a pasar factura, Pero, ¿cómo no hacer un último esfuerzo, si Zubiri estaba sólo a poco más de cinco kilómetros? ¡Y qué kilómetros! Un pronunciado descenso, sin apenas camino ni alivio para los pies, fue conduciéndonos hasta el cauce del Arga. La entrada a la población se realiza por el bien conocido Puente de la Rabia, construcción medieval de buen porte y esbelta figura. El enclave del puente, el río y el antiguo caserío, del que destacan dos grandes casonas a uno y otro lado es lo más interesante de la población.

Con los pies cansados, pero la satisfacción de haber finalizado una etapa modesta en lo artístico pero extraordinaria en lo paisajístico, nos dispusimos a dar buena cuenta del menú: bocadillos, en unos casos, y platos más contundentes en otros.

La tarde no tenía, como en otras ocasiones, menú artístico. Así que, en pocos minutos nos encontramos de nuevo en el parking del rectorado. Se acababa nuestra segunda etapa. La siguiente cita nos llevará de Zubiri a Pamplona. Cabe pensar que con mejor tiempo y mayor preparación. Pero, pese a todo, podemos decir con satisfacción que esta etapa no ha podido con nosotros.


El Camino de Santiago en Navarra (II)

11 abril 2010

 

Primera etapa: Ostabat-Roncesvalles (27 de febrero de 2010)

1º.- Guión de la etapa

1.- Hitos fundamentales de la etapa

1º.- Ostabat: cruce de caminos a Compostela

2º.- San Juan de Pie de Puerto: enclave histórico y capital de Ultrapuertos

3º.- Valcarlos: evocación carolingia

4º.- Roncesvalles: triple faceta:

-         literaria : la Canción de Roldán

-         asistencial: el hospital de peregrinos

-         artística: un complejo de primer orden

 2.- Programa aproximado

8:             Salida del parking del rectorado de la UPNA hacia Ostabat

9,30:            Llegada a Ostabat

-         Inicio del recorrido

-         Breve explicación

9,45:            Salida hacia San Juan de Pie del Puerto (autobús)

10,15:            Comienzo del tramo a pie. Visita a San Juan de Pie del Puerto

11,15:            Almuerzo en los alrededores de la puerta de España

11,45:            Salida hacia Valcarlos

14:             Llegada a Valcarlos. Evocación carolingia. Subida hacia Ibañeta             (autobús)

14,30:            Llegada al alto de Ibañeta y descenso hacia Roncesvalles

15:            Pausa para la comida en Roncesvalles

16,30:            Comienzo de la visita al conjunto monumental de la colegiata

18:            Salida hacia Pamplona

19:            Llegada a Pamplona, parking del rectorado de la UPNA

 Profesor: Román Felones Morrás, profesor de Arte Antiguo y Medieval del Aula de la Experiencia.

 Colaboradores: miembros de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella.

 3.- Bibliografía

 FELONES MORRÁS, R., Los Caminos de Santiago en Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1999.

 HERREROS LOPETEGUI, S. y  ZUAZNABAR INDA, A., San Juan de Pie de Puerto. Una villa navarra al pie de los Pirineos, Pamplona, 2008.

 MIRANDA GARCÍA, F. y RAMÍREZ BAQUERO, E., Roncesvalles, Pamplona, 1999.

 2º.- Desarrollo y comentario de la etapa

 Ocho de la mañana. Según el plan previsto, nos disponemos a coger el autobús desde el parking del Rectorado de la UPNA, camino de Ultrapuertos. Las perspectivas no son muy halagüeñas. La ciclogénesis expansiva, un fenómeno meteorológico del que apenas teníamos noticia en Navarra,  anuncia su presencia entre nosotros y se adelanta en forma de lluvia y tiempo revuelto. Pero el entusiasmo del grupo vence estos pequeños contratiempos y, con ilusión y muchas ganas, iniciamos nuestra peregrinación.

El inicio de nuestra etapa lo hemos situado en Ostabat, una pequeña localidad de la Baja Navarra, cruce histórico de los caminos a Compostela. A la salida de la población, en un pequeño cerro dedicado al Salvador, una moderna estela recuerda el acontecimiento. Peregrinos de toda Europa, provenientes de las tres vías clásicas, la turonense, la lemovicense y la podense, confluían en este punto para acometer junto el ascenso a Roncesvalles y dar lugar al llamado Camino Francés.

Tras una breve explicación general de los objetivos de la etapa y los hitos fundamentales de la misma, continuamos viaje a San Juan de Pie de Puerto.

La capital de la Baja Navarra nos recibe con una fina lluvia. Lluvia que no impide recorrer la calle principal, admirando el recinto amurallado, la ciudadela, el cuidado urbanismo de la calle principal, algunas notables casonas, la iglesia gótica de Nuestra Señora y la bella vista de la iglesia con el puente y el río.

Una vez finalizada la visita, dedicamos un tiempo al almuerzo y al descanso en los alrededores de la Puerta de España. Repuestas las fuerzas, es el momento de iniciar nuestro camino a pie. Nos esperan unos cuantos kilómetros hasta Valcarlos, casi todos ellos siguiendo y remontando el curso del río. El grupo se estira y los kilómetros, en este primera etapa, empiezan a pasar factura. Pero el pundonor y las ganas vencen todos los obstáculos. Nuestros amigos de la Asociación del Camino de Santiago de Estella no permiten que nadie se extravíe. Dos delante, abriendo camino, y dos detrás, cerrándolo, a fin de evitar despistes, pérdidas y accidentes varios. Los que acceden a Varcarlos por el camino del río, tienen que subir un empinadísima cuesta para llegar a la iglesia de Santiago, cita para subir el puerto, que termina con sus últimas y mermadas fuerzas. Pero unos antes y otros después, nos juntamos todos e iniciamos la subida en autobús hacia San Salvador de Ibañeta.  Mientas subimos, de acuerdo a lo previsto en nuestro guión, realizo desde el autobús una pequeña evocación carolingia, recordando la leyenda de las lanzas.

Pero la ciclogénesis, que nos había respetado la mañana y nos había deparado una temperatura agradable para la marcha, nos esperaba en la cima del monte. Arrebujados en torno al altar de la moderna ermita de San Salvador de Ibañeta, apenas pudimos desgranar una breve explicación. El viento y la lluvia azotaron vivamente y tuvimos que salir casi en estampida. Menos mal que la vaguada de descenso a Roncesvalles, cuesta abajo y entre árboles, disminuyó el impacto del viento y nos permitió llegar indemnes a la colegiata.

Sin apenas tiempo para comer, poco más que un bocadillo algo apresurado, pudimos descansar un ratito tras una mañana densa y apretada. A las cuatro y media nos esperaba en la basílica don Jesús Labiano, durante muchos años prior de Roncesvalles, hombre sensible y culto, a la que conocí hace ya muchos años. Nos recibió en la basílica y desgranó para nosotros una larga explicación sobre Roncesvalles, el Camino y la Virgen, algunas de sus pasiones.

El testigo lo cogió Asunta Recarte, la guía hiperactiva e iconoclasta de Ronvesvalles. Reconozco que, sin participar de sus maneras y de su estilo, tiene indudables dotes pedagógicas y una forma de hacer y de decir que llega fácilmente al usuario. La visita abarcó el claustro, sepulcro de Sancho el Fuerte inclusive, el museo, la iglesia de Santiago y el silo de Carlomagno. Un buen final artístico para una jornada marcadamente carolingia.

La ciclogénesis todavía nos deparaba una sorpresa final. Montados en el autobús, camino de Pamplona, tuvimos que permanecer más de una hora parados en la hermosa recta a Burguete, con las hayas a uno y otro lado de la carretera. Una de ellas cayó empujada por el viento justamente delante de nosotros, con apenas unos coches por delante, y tuvimos que esperar con paciencia a que los bomberos consiguieran trocearla y apartarla de la carretera. Finalmente, empujados más que mecidos por el viento, llegamos ya de noche a Pamplona.

La impresión general era de satisfacción. Cansados, habíamos realizado una densa etapa en la que el “andar y ver” había sido una realidad. Habíamos podido, habíamos disfrutado y el Camino estaba a nuestro alcance. Solo nos separaban 785 kilómetros de Compostela.


El Camino de Santiago en Navarra (I)

28 febrero 2010

 

 Objetivos y programa

 Este año 2010, como todos los que el día 25 de julio, festividad del apóstol Santiago, coinciden en domingo, celebramos un Año Santo Compostelano. Eso hará que el fenómeno jacobeo, un movimiento en auge creciente desde el último tercio del siglo XX, experimente un nuevo impulso en la llegada de peregrinos y en todo tipo de eventos relacionados con el Camino de Santiago.

La Universidad Pública de Navarra ha querido sumarse al acontecimiento y me pidió, como profesor del Aula de la Experiencia y autor de una obra divulgativa jacobea, que preparara un programa susceptible de ofrecerse a toda la comunidad universitaria.

Se juntaron el hambre con las ganas de comer, ya que hacía tiempo que me venía rondando por la cabeza el recorrer el Camino francés en Navarra en sus etapas clásicas. Dicho y hecho. La iniciativa me fue sugerida a mediados de enero y el curso, a día de hoy, ya ha comenzado. Los objetivos son los siguientes:

a.- Conocer la riqueza artística, cultural y religiosa del Camino de Santiago a su paso por Navarra.

b.- Recorrer pausadamente, tratando de disfrutar de los principales hitos del Camino, las nueve etapas del Camino francés a su paso por Navarra.

c.- Celebrar el Año Santo Jacobeo uniéndonos a los miles de peregrinos que recorrerán el Camino a la largo del año.

Y el programa ha quedado definitivamente establecido en nueve etapas, de febrero a noviembre, con descanso en el mes de julio, que desarrollaremos el último sábado de cada mes.

El eco de la convocatoria ha sido positivo y, pese a que inicialmente eran 25 las personas previstas, lo hemos alargado hasta 40 a fin de acoger a cuantos habían lo habían pedido. El grueso del grupo lo constituye el alumnado del Aula de la Experiencia, siempre activos y deseosos de nuevas iniciativas, a los que se han unido algunos profesores y miembros del personal de administración y servicios. Nos acompañarán asimismo en las visitas algunos miembros de los Amigos del Camino de Santiago de Estella, expertos caminantes y amantes de la ruta, que serán nuestros experimentados guías.

El día 20 de febrero, en sesión de 9 a 13 horas, hicimos nuestra introducción teórica, a fin de ponernos en situación. Además de conocer los objetivos, el programa concreto y una sucinta  bibliografía del Camino, en la que no faltaron los portales y las páginas web que han proliferado en los últimos años, entre todos optamos por la modalidad elegida: una propuesta de síntesis entre andar y ver, que nos permita, además de recorrer el camino físico, poder contemplar pausadamente los hitos artísticos más significativos.

Javier Caamaño, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella, hombre siempre predispuesto a favor de la cultura de esta tierra, nos adentró en las necesidades básicas y perentorias para todo aquel que pretenda recorrer a pie el Camino con mediano éxito. Una charla la suya interesante y productiva, que los simplemente aficionados agradecimos mucho y recordaremos en las meses siguientes.

Finalmente, por mi parte, traté de poner a los futuros peregrinos en situación. Aspectos como  la historia, leyenda y culto de Santiago, la formación y desarrollo de la ruta jacobea, las crónicas de viajeros y la figura del peregrino, fueron glosadas con la intención de suscitar alguna lectura antes de emprender el viaje.

Estamos ya dispuestos a ello. Es obvio que hoy y ayer, el Camino de Santiago es algo más que una ruta religiosa. Aquí se dan la mano, cultura, arte, sociedad y economía. Pero también hoy como ayer, late en el fondo un aliento espiritual que no podemos desconocer. El próximo 27 de febrero, nos lanzaremos al Camino. Esperamos que la aventura sea enriquecedora para todos.


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