Domingo de Resurrección

24 abril 2011

 

¡El Señor ha resucitado. Aleluya!

 Tras la vigilia pascual, intensa en horas y acontecimientos salvíficos, la Iglesia proclama la Buena Nueva definitiva: Jesús ha resucitado. Es la gran noche y el gran día, que iluminará el tiempo pascual.

 “El primer día de la semana, María Magdalena feu al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús y les dijo: “Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro: se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo, pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en sitio aparte.  Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la escritura: que él había de resucitar de entre los muertos”.

Juan 20, 1-9


Sábado Santo

23 abril 2011

 

“O vos omnes qui transitis per viam”

 El sábado santo es un día para la espera y la esperanza. La liturgia dedica una especial atención a las Lamentaciones del profeta Jeremías, un canto fúnebre que refleja en sus versos la muerte, la destrucción y la culpa, pero también la absoluta confianza en Dios. Jerusalén y el templo están destruidos y los representantes de la nación se hallan desterrados. Dios ha permitido este desastre, porque el pueblo no ha escuchado su mensaje anunciado por los profetas. El castigo aceptado se convierte así en principio de esperanza y en punto de partida para renovar la confianza plena en el Señor que nunca abandona (Lamentaciones 3, 40-42).

El párrafo más repetido, puesto en boca de Sión, y aplicado posteriormente a la figura de María, es el verso 12 de la primera Lamentación, que dice así:

“O vos omnes qui transitis per viam, attendite et videte

si es dolor similis sicut dolor meus.

Attendite universi populi, et videte dolorem meum :

si es dolor similis sicut dolor meus”.

“Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad y ved

si hay dolor semejante al mío.

Atended pueblos del mundo, y ved mi dolor,

Si existe dolor semejante al mío”.

La historia de la música conoce interpretaciones varias sobre este texto. Pero probablemente ninguno alcanza la perfección del motete del mismo título de Tomás Luis de Victoria. El gran músico español del renacimiento, nacido en Ávila en 1548 y fallecido en Madrid en 1611, funde espíritu, religión, estilo y técnica en una obra de la más alta calidad estética y musical. Forma parte del Responsorio de Tinieblas para los Maitines del Sábado Santo. Está interpretado por el grupo The Sixteen, bajo la dirección de Harry Christophers. Es una pieza para disfrutar, sentir y orar.


Viernes Santo

22 abril 2011

 

“Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo”

 Este triste y lluvioso 22 de abril celebra la iglesia la festividad del Viernes Santo. Y, como ayer, la celebración consta de varias partes: la liturgia de la Palabra, la oración universal, la adoración de la Cruz y la comunión. Tras la celebración, si el tiempo lo permite, Navarra y España entera iniciarán los desfiles de la procesión del Santo Entierro, la más conocida y populosa de cuantas se celebran a lo largo de la semana.

 “Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús (…)

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

-         Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Luego, dijo al discípulo:

-         Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

-         Tengo sed.

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

-         Está cumplido.

E inclinando la cabeza, entregó el espíritu”.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan, 19, 17-30.


Jueves Santo

22 abril 2011

 

“Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-: que os améis unos a otros, como yo os he amado”.

 Estos días de primavera ya florida, de acuerdo al peculiar calendario litúrgico, los cristianos celebramos la Semana Santa. Días de descanso para muchos, y para otros también de recogimiento y oración. Entre Oteiza y Alloz, espero tener tiempo para ambas cosas y retomar fuerzas, en cuerpo y espíritu, para la dura etapa que viene.

Los apuntes de estos días abandonarán la actualidad que habitualmente nos acompaña, y versaran sobre los grandes misterios que celebramos los cristianos.

Hoy es Jueves Santo, el día del amor fraterno. La liturgia es rica es gestos y significado: misa de la Cena del Señor, lavatorio de los pies y reserva solemne del Santísimo.

Pablo de Tarso, en su carta a los fieles de Corinto, recoge la esencia del misterio que hoy celebramos:

“Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

-         Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

-         Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

 De la carta de San Pablo a los Corintios, 11, 23-26.


¿Celebraciones o ritos?

6 enero 2011

 

El pasado día 20 de diciembre, Victor Manuel Arbeloa publicó una entrada  titulada “Celebraciones” en su muy activa e interesante bitácora. El breve escrito decía lo siguiente: “Estos días, en que la liturgia cristiana nos presenta los textos más bellos de la Biblia, escogidos sobre todo de los viejos profetas de Israel, vuelvo a reflexionar sobre el sentido de nuestras celebraciones eucarísticas. ¿Son de verdad celebraciones, desde el punto de vista de los fieles? Me temo que no. Suelen leer esos textos mujeres piadosas -una de las máximas concesiones a la mujer-, muchas veces sin vocalización, entonación ni sentido, y los fieles suelen responder con un Te alabamos, Señor, que dirían igual que si maloyeran un texto del Corán o de Séneca. Y luego, el formalismo rígido y rápido de la liturgia romana, hecha para otros tiempos, otras gentes (…)”.

He vuelto a pensar en ello tras asistir a dos celebraciones, en el pleno sentido de la palabra, disfrutadas en la iglesia de Oteiza en los dos últimos días. El día 5, tras la cabalgata de los Reyes Magos, en la iglesia parroquial se celebra un gran fiesta. Todos, pequeños y mayores, damos la bienvenida a los Reyes Magos, estos se dirigen a los niños, el coro parroquial entona villancicos y finalmente los reyes reparten una serie de juguetes a los más pequeños. La algarabía es notoria, y la iglesia aparece literalmente tomada por los niños y las parejas jóvenes, que no volverán a pisarla en los meses siguientes.

Estos mismos reyes han acompañado hoy la celebración litúrgica de la Epifanía y han ayudado a explicar a los niños y fieles el sentido de la fiesta que celebrábabamos. Afortunadamente tenemos en Oteiza un párroco, Angel Mauleón, misionero del Verbo Divino, que procura que nuestras misas tengan un aire cálido y familiar e intenta en sus cuidadas homilías que la Palabra se encarne en nuestra vida diaria y sirva para acompañarnos y alentarnos en este trance difícil por el que pasamos.

Hoy me he sentido en familia. Don Angel incitaba, los niños preguntaban, los reyes respondían y nosotros asentíamos entre aplausos. Y tras la misa hemos acompañado al sacerdote y a los reyes a repartir la comunión a los enfermos y a dar a besar al Niño. Una celebración, en definitiva, en la que ha primado el sentido comunitario y familiar y nos hemos acordado de quienes dan lo mejor de sí mismos en el anuncio de la Buena Noticia y de todos los que lo están pasando peor, entre nosotros o en países lejanos.

Se impone una reflexión sobre nuestras celebraciones. Probablemente vamos a unas comunidades más pequeñas, más comprometidas y más compartidas. La escasez de sacerdotes hará que desciendan las misas y aumenten las celebraciones de la Palabra. Lo importante, decía el cardenal Martini en su último libro, no es que aquellas sean multitudinarias, sino que sean eso, celebraciones. Y ese objetivo pasa por una mejor preparación y una mayor implicación de todos, sacerdotes y fieles. Aferrarse a la norma y seguir las actuales pautas no hará sino retrasar un cambio necesario.


Poeta a lo divino

14 diciembre 2010

 

Juan de Yepes (1542-1591) es, sin duda, una de las cumbres de la poesía castellana. En este 14 de diciembre, en que la Iglesia católica celebra su fiesta con el nombre de San Juan de la Cruz, dejo uno de sus sublimes poemas en el que el amor humano y el amor divino convergen en estrofas admirables. Buen pórtico, sin duda, para abrir el alma y el espíritu a un tiempo que llega cargado de regalos y añoranzas. Un tiempo, además, en el que celebramos que el Verbo (el Hijo de Dios hecho hombre) se hizo carne y habitó entre nosotros. ¡Feliz Navidad y venturoso Año Nuevo!

CÁNTICO

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dexaste con gemido?
Como el ciervo huyste
haviéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ydo.

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decilde que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,
yré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y passaré los fuertes y fronteras.

¡O bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!,
¡o prado de verduras,
de flores esmaltado!,
dezid si por vosotros ha passado.

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras embiarme
de oy más ya mensajero
que no saben dezirme lo que quiero.

Y todos quantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déxame muriendo
un no sé qué que quedan balbuziendo.

Mas, ¿cómo perseveras,
¡o vida!, no viviendo donde vives,
y haziendo porque mueras
las flechas que recives
de lo que del Amado en ti concives?

¿Por qué, pues as llagado
aqueste coraçón, no le sanaste?
Y, pues me le as robado,
¿por qué assí le dexaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshazellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

¡O christalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibuxados!

¡Apártalos, Amado,
que voy de buelo!.
                                        Buélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu buelo, y fresco toma.

Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas estrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los ayres amorosos,

La noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Caçadnos las raposas,
questá ya florescida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hazemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

Detente, cierzço muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

¡Oh ninfas de Judea!,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros humbrales.

Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras dezillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas estrañas.

 A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, ayres, ardores,
y miedos de las noches veladores:

Por las amenas liras
y canto de sirenas os conjuro
que cessen vuestras yras,
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más siguro.

Entrado se a la esposa
en el ameno huerto desseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces braços del Amado.

Debajo del mançano,
allí conmigo fuiste desposada;
allí te di la mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.

Nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edifficado,
de mil escudos de oro coronado.

A çaga de tu huella
las jóvenes discurren al camino,
al toque de centella,
al adobado vino,
emissiones de bálsamo divino.

En la interior bodega
de mi Amado beví, y, quando salía
por toda aquesta bega,
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía.

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó sciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dexar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.

Mi alma se a empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro officio,
que ya sólo en amar es mi exercicio.

Pues ya si en el egido
de oy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me e perdido,
que, andando enamorada,
me hice perdediza y fui ganada.

De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guinaldas,
en tu amor florescidas
y en un cabello mío entretexidas.

En solo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello
y en él presso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.

Quando tú me miravas,
su gracia en mí tus ojos imprimían;
por esso me adamavas,
y en esso merecían
los míos adorarlo que en ti vían.

No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dexaste.

La blanca palomica
al arca con el ramo se a tornado,
y ya la tortolica
al socio desseado
en las riberas verdes a hallado.

En soledad vivía,
y en soledad a puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

Gozémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cabernas de la piedra nos yremos
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día.

El aspirar de el ayre,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donayre
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.

Que nadie lo mirava,
Aminadab tampoco parescía,
y el cerco sosegava,
y la cavallería
a vista de las aguas descendía.

 

Jesús, aproximación histórica

7 diciembre 2010

 

Con cierta discontinuidad y tardanza, acabo de terminar estos días la lectura de uno de los libros  más controvertidos del año 2007, dedicado a glosar la vida y la obra de Jesús de Nazaret. Su título, Jesús, aproximación histórica, nos indica a las claras cuál es el objeto del mismo: “¿Quién fue Jesús? ¿Qué secreto se encierra en este galileo fascinante, nacido hace dos mil años en una aldea insignificante del Imperio romano y ejecutado como un malhechor cerca de una vieja cantera, en las afueras de Jerusalén, cuando rondaba los treinta años? ¿Quién fue este hombre que ha marcado decisivamente la religión, la cultura y el arte de Occidente hasta imponer incluso su calendario? ¿Por qué todavía hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, su persona y su mensaje siguen alimentando la fe de tantos millones de hombres y mujeres?”. Así comienza el texto su autor, José Antonio Pagola, biblista y profesor de cristología, vicario general de la diócesis de San Sebastián con José María Setién, director del Instituto de Teología y Pastoral de San Sebastián y, desde hace diez años, dedicado en exclusiva a investigar y dar a conocer la persona de Jesús.

El libro, que ha tenido gran éxito de público y crítica, no contó con el visto bueno de determinadas autoridades eclesiales que “obligaron” al autor a matizar ciertas cuestiones y precisar conceptos a su juicio equívocos. El texto que he manejado, la novena edición renovada, de septiembre de 2008, cuenta con el nihil obstat de Juan María Uriarte, obispo de San Sebastián, pese a lo cual la editorial PPC acabó por retirarlo de las librerías.

El libro me ha parecido espléndido de fondo y de forma. De fondo, porque está escrito por un creyente, hijo de nuestro tiempo, que pretende dar a conocer la figura de Jesús de Nazaret, sustentada en un conocimiento profundo de su vida y de su obra. Es verdad que el simple índice del texto nos indica a las claras que no estamos ante un relato convencional. Jesús es judío de Galilea, vecino de Nazaret, buscador de Dios, profeta del reino de Dios, poeta de la compasión, curador de la vida, defensor de los últimos, amigo de la mujer, maestro de vida, creador de un movimiento renovador, creyente fiel, conflictivo y peligroso, mártir del reino de Dios, y resucitado por Dios. Un retrato nada convencional, pero muy próximo a los textos y de una actualidad que sorprende. La otra gran virtud del libro es la forma.  La lectura del texto es sencilla, nada abstrusa ni pretenciosa, con la sencillez propia de quien domina extensamente el tema en cuestión. Algunas aportaciones  de interés son, a mi juicio, las siguientes: ofrece un relato vivo y concreto de la actuación y del mensaje de Jesús; informa en cada tema del estado actual de la investigación; sitúa a Jesús en su contexto social, económico, político y religioso desde los datos más recientes; aporta una respuesta científica a los libros de ciencia-ficción sobre Jesús; y sugiere algunas conclusiones básicas para los creyentes.

Sin duda, un libro para la lectura sosegada, la cita y la reflexión. Lo recomiendo vivamente a todos, creyentes y no creyentes. Son dos lecturas distintas, pero al margen de que los creyentes veamos en Jesús al Hijo de Dios encarnado, los no creyentes no podrán dejar de admirar a un hombre excepcional que ha condicionado como ninguno la historia de la humanidad.

 


Laicismo y fe

8 noviembre 2010

 

No acaban de apagarse los ecos de la visita del papa Benedicto XVI a España. He visto y leído, a lo largo del fin de semana, las reacciones más variopintas: desde la adhesión incondicional a la repulsa, pasando por opiniones más tamizadas. Con un cierto reposo, y a modo de aportación personal, me gustaría hacer algunas reflexiones.

1.- La liturgia. Existen pocas instituciones tan sabias y contrastadas como la Iglesia Católica a la hora de presentar y expresar sus creencias y su fe. La plaza del Obradoiro –uno de los espacios más emblemáticos del mundo cristiano- y la basílica de la Sagrada Familia –una aportación singular y relevante del fecundo diálogo entre arte y fe-, sirvieron de marco a dos preciosas ceremonias litúrgicas, adobadas con todo el calor y el color de la tradición heredada de siglos. Resultó magnífica la realización, la puesta en escena, la música interpretada y la organización del evento.

2.- Los mensajes. Sorprende que muchos se sorprendan de los mensajes enviados por el papa: defensa ardorosa de la vida, desde su concepción hasta su término; canto a la familia tradicional y sus valores; apelación a la raíces cristianas de Europa; ratificación de la separación nítida entre Iglesia y Estado; defensa del diálogo entre laicismo incluyente y fe, elemento clave en el pensamiento de Benedicto XVI. Sobraron, a mi juicio, una desacertada referencia a los años treinta y una parcial referencia a la realización de la mujer en la casa y en el trabajo, correcta pero incompleta sin la alusión también al hombre.

3.- Los gestos y símbolos. La diplomacia vaticana, curtida y experta, no cayó en algunas trampas que se le pretendían tender: equilibrada la referencia a España y su diversidad; exquisito el tratamiento a las lenguas españolas, tanto el castellano como el gallego y el catalán; precisos y medidos los gestos con los representantes políticos, desde el rey hasta los presidentes autonómicos. Comprendo el sentir de Zapatero, obligado a guardar un difícil equilibrio, pero a mí, como cristiano y socialista no me gustó el gesto del presidente de salir del país, aunque fuera para visitar a las tropas en Afganistán, el mismo día en que Benedicto XVI llegaba a tierra española.

4.- El eco de la visita. España es un país aconfesional, sociológicamente católico, que ha sufrido un proceso intenso de secularización en los últimos decenios. Y la Iglesia deber ser consciente de esta realidad. No es posible ni deseable volver a la Iglesia triunfante de antaño. De ahí que la jerarquía deba cuidar más su faceta pastoral y servicial que su aspecto litúrgico y cultual. En esto pensaba cuando la pequeña comunidad cristiana de Oteiza celebrábamos, recién terminada la larguísima ceremonia de Barcelona, la misa dominical. Pedimos por los frutos apostólicos de la visita papal. Pero me pareció mucho más pertinente y saludable la reflexión del párroco en la homilía, especialmente complicada porque hablaba de la resurrección y del cielo, tema de las lecturas del día. “No elucubremos en exceso, nos dijo don Ángel, y trabajemos para que eso que creemos que es el cielo, lo consigamos aquí en la tierra: paz, fraternidad y alegría”. No es un mal programa de vida, con visita papal o sin ella.


A propósito de dos monumentos religiosos

18 octubre 2010

 

Navarra es una Comunidad con un patrimonio artístico de indudable valor e interés. Uno de los capítulos más notables del mismo lo constituye la imponente colección de retablos de nuestras iglesias, especialmente los correspondientes al renacimiento y al barroco en sus variadas expresiones. Como complemento del anterior, la imaginería religiosa, sobre todo los pasos procesionales, son también una inequívoca muestra de este rico pasado, reflejo de un pueblo y una sociedad donde el componente sacro formaba parte no sólo de una religiosidad que impregnaba todos los órdenes de la vida, sino de una manera de vivir y de sentir.

José Javier Azanza, no hace mucho tiempo, tuvo la oportunidad de recoger en un libro de la colección Panorama los ejemplos más representativos de la estatuaria civil y religiosa de Navarra a lo largo del siglo XX, bajo el título “El monumento conmemorativo en Navarra. La identidad de un reino”.

El proceso de secularización de Navarra, muy evidente desde los días del Concilio Vaticano II hasta la actualidad, había cambiado los paradigmas de la religiosidad y del culto. Los aspectos externos habían cedido en favor de una religiosidad más austera y auténtica, las prioridades de la Iglesia parecían haber cambiado y las grandes manifestaciones de antaño habían dado paso a unas celebraciones más familiares e íntimas, más participadas y menos cultuales, si se me permite la expresión.

Pero los últimos acontecimientos en esta materia parecen retrotraernos a otra época. La dedicación de un monumento de grandes proporciones al Corazón de Jesús en una zona de especial expansión y crecimiento de la ciudad, y la más reciente todavía inauguración de una imagen del papa Juan Pablo II, con significativa presencia de autoridades religiosas y civiles de Pamplona y de Torun, me han dejado un sabor agridulce. La Iglesia católica en Navarra tiene derecho, faltaría más, a expresar públicamente su fe y su culto y las dos imágenes son buena prueba de ello. Pero ¿era necesario este acto de manifestación pública aquí y ahora? Más aún, ¿era la prioridad en este preciso momento, cuando la oficialmente católica Navarra ha dejado paso a otra sociedad más secularizada que requiere un adaptación a los tiempos nuevos? No tengo la respuesta definitiva, pero en mi condición de cristiano de base planteo unos interrogantes que no son sólo míos, sino el reflejo de un pensamiento no sé si mayoritario, pero al menos sí representativo.


Discrepancia, desde el respeto

21 junio 2010

 

Nací a comienzos de la década del cincuenta, y me eduqué en la muy católica Navarra, dentro de la doctrina del nacional-catolicismo imperante en aquellos años. Lo digo sin rencor alguno y agradecido a un tipo de educación, hija de su tiempo, con algunas cosas malas y muchas cosas buenas que me han servido de guía a lo largo de mi vida. En aquella Navarra de mi niñez la imagen del Corazón de Jesús era omnipresente: figuras en las puertas y fachadas, estampas en los libros de oración, imágenes sedentes presidiendo el cuarto de estar donde lo había. Y, por supuesto, una imagen ya clásica en todas las iglesias, coincidiendo con la propagación de su culto desde el siglo XIX.

Aquella época de fervor, que pretendía reivindicar el protagonismo de lo cristiano en una sociedad progresivamente secularizada, culminó con la inauguración de un monumento en el Cerro de Los Ángeles, centro geográfico de la Península, y  la consagración de España al Corazón de Jesús el 30 de mayo de 1919 por el rey Alfonso XIII, en una ceremonia solemnísima presidida por el nuncio de Su Santidad. En definitiva, una ceremonia hija de su tiempo difícilmente trasplantable a la España de hoy.

Pues bien, lo que parecía difícil, ha sucedido. El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, monseñor Francisco Pérez, siguiendo la estela de otras diócesis españolas, ha procedido a renovar la consagración de Navarra al Corazón de Jesús. Este es el resumen de la ceremonia tomado de la propia web diocesana: “Las diócesis navarras renovaron este fin de semana la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, presididas por el arzobispo Mons. Francisco Pérez, acompañado de decenas de sacerdotes y de miles de fieles. La celebración tuvo lugar en Tudela en la tarde del sábado y el domingo por la tarde en Pamplona. Durante la celebración en Pamplona, Mons. Francisco Pérez bendijo la estatua de bronce de 6 metros de altura situada en el recinto del Seminario Diocesano y sufragada con las aportaciones de los fieles. Los actos de consagración dieron comienzo con la oración de vísperas en la parroquia de San Miguel y una solemne procesión por toda la ciudad hasta el monumento al Sagrado Corazón de Jesús. En la procesión participaron las secciones de la Adoración Nocturna de Navarra, los auroros de Navarra, los niños de primera comunión, un grupo de cien monaguillos, las cofradías y asociaciones religiosas de la diócesis, así como autoridades civiles, académicas y militares, un centenar de sacerdotes y miles de fieles”.

¿Es esto lo que la Iglesia navarra necesita? Lamento, desde el respeto, no compartir ni el diagnóstico ni los métodos utilizados. En una sociedad secularizada, en la que la presencia de lo religioso afortunadamente ha perdido prestancia social, económica y mediática, no me parece oportuno gastar los esfuerzos en fastos externos que corresponden a otra mentalidad religiosa y son más propios de otro tiempo. El desafío de la comunidad cristiana en Navarra hoy es que el liderazgo de la Iglesia, en cuanto poder institucional o de grupo, dé paso al hombre. A todo hombre, pero especialmente a aquel que menos tiene. Porque el señorío de Jesús sobre la historia se hace efectivo por el amor a los hambrientos, sedientos, desnudos, forasteros, enfermos, encarcelados… y de estos en Navarra los tenemos cada vez más abundantes. No es el hombre para la Iglesia, sino la Iglesia para el hombre.

Desde mi condición de cristiano y católico, desde el respeto a la Iglesia navarra que también es la mía, lamento no compartir esta iniciativa.


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