El navarrómetro

19 Noviembre 2009

 

La sociedad contemporánea se caracteriza, entre otras cosas, por la proliferación de estudios y encuestas que aparecen diariamente en los medios de comunicación, tratando de conocer pormenorizadamente la opinión de esta misma sociedad en los más diversos órdenes de la vida. Dentro de este mundo variopinto existen estudios y encuestas de todo tipo y condición: desde las más rigurosas, sesudas y científicas, hasta las más estúpidas y frívolas que uno pueda imaginarse. Sin que eso suponga que las primeras sean necesariamente más cotejadas y comentadas que las segundas.

En nuestro país, disponemos de un organismo, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que tiene por finalidad el estudio de la sociedad española, principalmente a través de la investigación mediante encuesta. Desde su creación, el CIS ha sido testigo privilegiado de las grandes transformaciones que hemos experimentado y ha contribuido, mediante la realización de más de 1.600 estudios de opinión pública, a un mejor conocimiento de nuestra realidad social y política.

En Navarra existen también instituciones y organismos dedicados a la investigación y la prospectiva. Y aparecen de vez en cuando estudios y encuestas que gozan de especial relevancia porque, realizados de manera científica, suponen una foto fija de nuestra sociedad en un tiempo y en una coyuntura concreta. Una de las más conocidas es el “Navarrómetro”, nombre peculiar con el que se conoce el estudio que encarga el Parlamento de Navarra cada cierto tiempo para conocer la actualidad de Navarra en sus diversas facetas. El último conocido lleva fecha de noviembre de 2009 y, en consecuencia, apenas se han apagado los ecos de algunos de sus indicadores más relevantes. Aunque el estudio se compone de 47 tablas, la más conocida y probablemente una de las más discutidas y discutibles es, sin duda, la referida al número de escaños que obtendrían los diferentes partidos en el Parlamento de Navarra, deducida de la intención de voto y otras variables más o menos enigmáticas.

Pero el navarrómetro es mucho más que eso. Constituye una interesante foto de situación de la sociedad navarra en un momento, octubre de 2009, especialmente delicado en los ámbitos económico, social y político. Y los sitúo por este orden porque, de los ámbitos analizados -situación de Navarra, actuación de las instituciones navarras y de sus líderes, valoración de la autonomía de Navarra, temas de actualidad con la crisis económica como cuestión esencial, e intención de voto en las elecciones al Parlamento de Navarra- , los asuntos que interesan preferentemente a la ciudadanía son los relacionados con la crisis económica. La preocupación por el paro se ha triplicado con creces en los últimos tres años, y el impacto de la crisis está afectando mucho o bastante a cuatro de cada diez ciudadanos de nuestra Comunidad.

Pero junto a esta constatación, hay otras variables de interés: pese a que la valoración de la situación política y económica ha empeorado en los últimos años, y que las instituciones políticas y judiciales, además de los medios de comunicación, siguen perdiendo prestigio, la ciudadanía navarra no ha perdido la confianza: cree que la economía se recuperará en el primer semestre de 2010, es una sociedad básicamente centrada, como sociedad compleja que es apuesta por un gobierno de coalición para el futuro, se siente satisfecha con el estatus de la Comunidad Foral y su grado de autonomía , y quiere una cooperación leal con las Comunidades Autónomas vecinas.

En definitiva, el panorama dibujado es, en mi opinión, el de una sociedad con problemas coyunturales en lo económico, razonablemente cohesionada en lo social, y compleja, centrada y madura en lo político. No es un mal retrato. Con la ventaja además, de que entre todos podemos mejorarlo.

 Diario de Navarra, 19/11/2009


Memorial de difuntos

5 Noviembre 2009

 

Si algo ha caracterizado a la sociedad navarra tradicional ha sido la omnipresencia de lo religioso en todos los ámbitos de la vida. Y un elemento esencial de esta religiosidad, acorde con la mentalidad de quien vive en una tierra de paso, a su vez valle de lágrimas, es el ritual en torno a la muerte. Muerte que es desgarro, ausencia y recuerdo, y que en la medida en que para el creyente es también paso a una vida perdurable, nos remite a los difuntos como entes que todavía son y ejercen un influjo permanente entre nosotros. Viático, exequias, jaculatorias, misas de aniversario, oraciones por las ánimas, y visitas al camposanto son acciones que forman parte de las vivencias de todos aquellos que superamos en poco o en mucho la cincuentena.

La secularización intensa y continuada que Navarra ha vivido en las cuatro últimas décadas ha cambiado sustancialmente el panorama. El viático ya no es procesión nocturna camino de la casa del agonizante, las exequias en la mayor parte de los casos ya  no incluyen el cuerpo presente del difunto, la caja de madera está a punto de quedar convertida mayoritariamente en urna, y las oraciones por las ánimas y las jaculatorias han sido relegadas al ámbito personal, sin presencia siquiera en muchos casos en el ámbito eclesial. Sólo perduran, aunque con signo bien distinto, dos elementos del viejo modelo: la misa de funeral y la visita al cementerio en torno al 1 de noviembre. Aquella es a la vez espacio de solidaridad y oración, a veces tan notoria en los alrededores como en el propio templo. Y la visita al cementerio, costumbre que se resiste a morir porque algo en nuestro interior nos empuja a estar con los nuestros ya ausentes, ha adquirido tintes casi festivos, con las flores propias de una sociedad opulenta como la nuestra, inundando y embelleciéndolo todo.

El domingo pasado, festividad de Todos los Santos, visité junto con mi madre y mis hermanos la tumba de mi padre y demás familiares en el cementerio de Los Arcos. La agradable mañana, más propia de un otoño primerizo que de comienzos de noviembre, convirtió al camposanto por unas horas en un gran cuarto de estar, reluciente de flores y de luz. En torno a las tumbas o los nichos, las familias se saludaban, sonreían, lloraban y rezaban. No había nada tétrico en el ambiente. La muerte era la continuación de la vida, el eslabón de una cadena que unía a generaciones distintas vinculadas por el apellido y la estirpe familiar. Sólo faltaban los niños, acostumbrados a la muerte violenta en la pantalla, pero cada vez más ausentes de los espacios vinculados a la misma en la vida familiar y social.

Vivir en la Navarra rural tiene también sus ventajas. Y esta tarde de martes, radiante, fresca y luminosa me he acercado al cementerio de Oteiza, antes de escribir estas líneas. El panorama era bien distinto al del domingo en Los Arcos. Situado en la ladera, con Montejurra al frente, su visión invitaba a una serena melancolía. Ordenado en su forma, uniforme en las cruces y estelas que recuerdan a los difuntos, solitario, florido y otoñal, he recorrido pausadamente sus calles entre el recuerdo, la oración y la nostalgia. Todavía quedan panteones, imagen de una sociedad injusta y clasista que pretendió perdurar incluso más allá de la vida. Pero, afortunadamente, son un anécdota histórica. Los demás permanecen igualados y fraternales, con una misma cruz y una misma estela, en una demostración sobria y palpable de que la muerte nos iguala a todos.

El sol va declinando y está a punto de ocultarse tras Montejurra. No se ha ido, pero no lo veo y sé que mañana volverá. “Todo lo reclama la muerte –sentenció Séneca- . Morir es una ley, no un castigo”. Y, aunque me guste la frase y lo que implica, prefiero recordar, camino de casa, una en la que creo y que he leído en el propio cementerio: “Aquí esperan la resurrección de la carne”. ¡Eso sí que es aspirar a la Vida!

 

Diario de Navarra 5/11/2009


Paisaje interior

22 Octubre 2009

 

Siguiendo una norma no escrita de esta sección, los temas veraniegos de la misma pretenden ser una modesta invitación al viaje. Así ha sucedido también en el verano que acaba de terminar. Comenzamos con unas propuestas a dos ámbitos bien delimitados de nuestra tierra, los valles de Salazar y Roncal, con la excusa de las romerías a Muskilda y el tributo de las tres vacas. Viajamos a Madrid para visitar el edificio del Senado. Por cierto, si ustedes quieren ver los edificios del Congreso y del Senado, los mejores anfitriones son los diputados y senadores navarros, ésos a los que ustedes han elegido, que se suelen prestar gustosos a acompañarles en el itinerario, sobre todo si van en viaje colectivo. Hicimos un recorrido virtual por el nuevo Museo de la Acrópolis en Atenas, recientemente inaugurado. Descubrimos de la mano de sus autores algunos de los edificios más representativos de la Pamplona contemporánea, en visita celebrada con motivo de la día de la arquitectura. Y hoy, pretendemos finalizar este periplo viajero acercándonos a la provincia de Soria para disfrutar de una exposición excepcional que, un año más, ha preparado la fundación “Las Edades del Hombre” con una selección de algunas de las piezas más representativas del arte religioso de la provincia.

Esta benemérita iniciativa presenta tres características dignas de resaltar. La primera, su objetivo: se trata de una fundación que pretende salvar primero, y poner en valor después, el rico patrimonio religioso de las diócesis de Castilla y León. Sirva como ejemplo que de las 208 piezas que componen la exposición, 80 han pasado por las manos de los profesionales del taller de restauración de la propia fundación. La segunda, su ubicación: las sucesivas exposiciones, 15 con la soriana, han recorrido todas las catedrales de la Comunidad, con dos salidas excepcionales a Amberes y Nueva York.  Pocas muestras pueden contar con espacios expositivos de lujo, obras de arte en sí mismos, como las catedrales de Burgos, León o Salamanca, por citar sólo algunas. Y finalmente, su metodología: no se trata de exposiciones artísticas y cronológicas al uso, sino de exposiciones temáticas, que tratan de unir arte y fe y pretenden presentar los hitos artísticos desde el prisma religioso para el que fueron concebidos.

La exposición de este año, tiene una sede principal y dos subsedes. La sede principal se encuentra en la concatedral renacentista de San Pedro, un edificio del siglo XVI bastante desconocido, situado a la entrada de la ciudad, tras pasar el puente sobre el Duero. Sus naves, culminadas en bóvedas estrelladas del último gótico, y el extraordinario y casi desconocido claustro románico, albergan el grueso de la colección.  Dos ermitas singulares situadas en pleno campo soriano, San Miguel de Gormaz y San Baudelio de Berlanda, completan el espacio expositivo. Las dos, pero sobre todo San Baudelio, justifican por sí mismas el viaje.

El recorrido por el patrimonio soriano, junto a la poesía y la fe, se estructura en cinco capítulos y acoge obras singulares y de gran belleza. Bajo el título general de “Paisaje interior”, la exposición se ordena en cinco capítulos que, por sí mismos, nos indican el tono general de la reflexión artística: sembradores de la fe; la semilla echó raíces; nos iluminan el camino de la vida: patronos, santos y devociones; bajo el signo de la cruz; y  caminando en esperanza. Al salir de la misma, camino de casa, recordé los versos de Antonio Machado, omnipresente en Soria: ¡gentes del alto llano numantino/ que a Dios guardáis como cristianas viejas/ que el sol de España os llene/ de alegría, de luz y de riqueza!

Si ustedes no lo han hecho, todavía están a tiempo de visitar la exposición, que permanecerá abierta hasta diciembre de 2009. Apresúrense. El otoño tiene un plus, la coloración de  los álamos del Duero, y el invierno soriano aprieta lo suyo. No les defraudará.

Diario de Navarra 22/10/2009


Lecciones de arquitectura

8 Octubre 2009

El Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN) fue fundado en 1930. Para conmemorar el 75 aniversario, preparó un proyecto titulado “Pamplona metrópoli…modernidad & futuro”. Dicho proyecto dispuso un programa basado en tres elementos esenciales: una exposición, unas jornadas internacionales y una publicación-catálogo. Dicha publicación consta de un prólogo dominado por dos fechas: 1888, comienzo del I ensanche y 1915, comienzo del II ensanche; una primera parte dedicada a la crónica urbanística de la comarca de Pamplona; y una segunda que desgrana el panorama de las tipologías arquitectónicas en Pamplona y comarca entre 1930 y 2005. El resumen de la crónica urbanística es el siguiente: una primera etapa, caracterizada por los ensanches; una segunda, que tiene como elemento esencial la eclosión del movimiento moderno; una tercera en la que se recupera la historia; y una cuarta que supone una expansión comarcal sin precedentes.

Esta iniciativa, a la que se une la convocatoria de premios de arquitectura que conocerá en 2010 su X edición, ha venido acompañada este año de otra propuesta novedosa e interesante: la celebración el pasado lunes, 5 de octubre, del Día Mundial de la Arquitectura, con un programa de visitas gratuitas a una veintena de edificios de Pamplona y Tudela, dirigidas por los propios arquitectos. Catorce profesionales, referentes acreditados del panorama arquitectónico navarro, participaron en el evento.

Si yo tuviera que destacar una característica del urbanismo pamplonés hasta el último tercio del siglo XX señalaría que, por encima de elementos excepcionales y singulares, predomina un aceptable tono medio que le da a nuestra ciudad ese aspecto correcto y aseado que una sosegada visita a pie permite apreciar. Pero la modorra provinciana, con las honrosas excepciones que confirman la regla, se rompió hace cuarenta años y una serie de construcciones han hecho su aparición en el paisaje urbano, situando a nuestra ciudad, si no en la vanguardia, sí en el pelotón de cabeza del urbanismo de las ciudades medias españolas. Y siguiendo la estela histórica, destacan más el conjunto de actuaciones de elevado tono medio, que los hitos singulares en ella insertos.

Afortunadamente, el elenco es variado y abundante. Desde edificios genuinamente ciudadanos como la clínica Ubarmin, la parroquia de San Jorge, el Aquavox del casco antiguo, la escuela infantil Ninia Etxea de la Chantrea o el centro de educación infantil de Burlada, a edificios insertos en el paisaje urbano, caso de la estación de autobuses o los ascensores de la calle Descalzos. Desde arquitecturas sostenibles, caso del ayuntamiento de Noáin o el Foro Europeo de Huarte, hasta edificios rehabilitados que forman parte de nuestro patrimonio cultural, caso del Parlamento de Navarra, el Archivo General de Navarra, la escuela de música Joaquín Maya, el palacio del Condestable o los edificios rehabilitados en el casco antiguo de Tudela. Como observarán, se ha roto la estricta centralidad y buena parte de estos edificios se sitúan en lo que antaño se denominó el extrarradio de la ciudad.

E. Gombrich, autor de la más hermosa historia del arte que conozco, finaliza el capítulo dedicado al arte experimental con esta reflexión: “Los artistas, creemos, existirán siempre. Pero si también el arte ha de ser una realidad depende en no escasa medida de nosotros mismos, su público. Por nuestra indiferencia o nuestro interés, por nuestros prejuicios o nuestra comprensión, nosotros decidiremos su continuidad. Somos nosotros quienes tenemos que mirar que el hilo de la tradición no se rompa y que se ofrezcan oportunidades a los artistas para que acrecienten la preciosa sarta de perlas que constituye nuestra herencia del pasado”.

Conocer y apreciar, sobre todo si es de la mano del autor, es el primer paso para valorar, sentir y amar. ¡Enhorabuena al COAVN por su iniciativa!

Diario de Navarra 8/10/2009


Las prioridades sociales

24 Septiembre 2009

A estas alturas del proceso, caben pocas dudas de la gravedad de la crisis económica en la que estamos inmersos. Los números del 2008, medidos en decremento del PIB y en aumento del paro, resultaban preocupantes. Los del 2009 nos retrotraen en su gravedad a las cifras de una gran depresión. Y las previsiones del 2010 nos hablan de una mejora que, en el caso de España, llegará acompañada de un menor crecimiento y una cifras de paro que apenas experimentarán reducción. Lo dicho hasta aquí probablemente es un diagnóstico bastante ajustado, pero no deja de tener la frialdad de las cifras macroeconómicas. Sin embargo, cuando estas cifras se refieren a nuestro entorno y toman forma de rostro y carne de próximo, sea éste conocido, amigo o familiar, el problema empieza a percibirse de otra manera.

Navarra no es ajena a esta situación. La actividad económica también se ha resentido, los EREs han proliferado más que en los últimos años, la cifra de parados ha aumentado y las necesidades sociales se han multiplicado. No es por casualidad que, en el comienzo del curso político, la comisión de Asuntos Sociales del Parlamento haya conocido una febril actividad, superior a la del resto de la legislatura. Por ella han pasado, por un lado, la Consejera del ramo para dar cuenta de la aplicación en Navarra de la cartera de servicios sociales y, por otro, una representación de Cáritas Diocesana para informar de los efectos de la crisis en la demanda de prestaciones.

La intervención de la Consejera, correcta en forma y fondo, hizo hincapié en la bondad de los instrumentos de los que nos hemos dotado para hacer frente a la situación. Las ratios comparativas con otras Comunidades españolas o el propio gobierno de la Nación le permitió sacar pecho y, sin ser estrictamente autocomplaciente, edulcorar una realidad que conoce episodios de gran dureza.

Más pegado a la realidad fue el diagnóstico de Cáritas Diocesana de Navarra. La voz de Ángel Iriarte, unido a la presencia de Sara Gómez y Pablo Ibáñez, permitió conocer una realidad que a veces las estadísticas se empeñan en ocultar, pero a la que ellos dieron corporeidad en forma de datos y números incontestables. Del 1 de enero al 31 de agosto, Cáritas atendió a 4399 personas, de las que 2136 eran totalmente nuevas y 725 volvían a demandar el servicio. De todas ellas, el 74% estaban en situación de paro y el 41%, en el momento del acceso a Cáritas, no tenían ningún tipo de ingreso.

Las conclusiones que desde el conocimiento, el compromiso y la mesura, Ángel Iriarte presentó a los grupos fueron varias, pero a mí me interesaron fundamentalmente tres: una apelación al aumento del empleo, sin el cual la exclusión social irá en aumento; una llamada a asegurar los mínimos vitales que para muchos navarros no son tan obvios como podríamos suponer; y una exhortación a la sociedad civil a despertar del adormecimiento que parece envolvernos a todos.

Las palabras del portavoz de Cáritas, una organización fundada por la Iglesia Católica de Navarra en 1943, que funciona sin subvenciones públicas y que acompaña a los más excluidos de la sociedad, no pueden ni deben quedar en el olvido. Deben ser el objetivo preferente de actuación de todos los poderes públicos para el próximo y difícil año 2010 que tenemos a la vuelta de la esquina. Tal vez el déficit, el equilibrio presupuestario o algunas grandes y discutibles infraestructuras puedan esperar, pero la sociedad navarra no puede ni debe permitirse el lujo de convivir con situaciones de vida infrahumana en nuestro propio suelo. La Iglesia, que tanto denuncia y fustiga otras cuestiones morales, ha rendido a través de Cáritas un gran servicio a la sociedad con su compromiso permanente y su diagnóstico sosegado y certero. Colocarse claramente en el lado de los desfavorecidos, acaso no sea un mal camino para entroncar con la esencia del mensaje de Jesús de Nazaret, recuperar autoridad moral y vivificar la sociedad a la que sirve.

 Diario de Navarra, 24/9/2009


Purcell y Händel en su aniversario

10 Septiembre 2009

La historia de la música, al igual que sucede en otros ámbitos, está jalonada de nombres ilustres que constituyen verdaderos hitos en su desarrollo y evolución. En muchos casos, sobre todo a partir del siglo XVI, conocemos sus fechas y lugares de nacimiento y muerte, además de historias más o menos detalladas de sus vidas y actividades musicales.

La aparición de los medios de comunicación, la generalización de la cultura musical y el deseo de contribuir a la mayor difusión posible de los registros de sus obras, ha propiciado una proliferación de aniversarios que no suelen pasar inadvertidos ni a las discográficas ni a las empresas e instituciones organizadoras de conciertos o ciclos musicales. La cuestión tiene, sin duda, mucho de operación de marketing y presenta un tufillo comercial evidente. Pero ayuda también a popularizar creadores y obras y a poner en valor determinados nombres que, sin esta excusa, tal vez pasaran inadvertidos. Este es el caso de la Semana de Música Antigua de Estella, que esta misma semana nos está deparando agradables sorpresas en este campo.

Sin despreciar a ninguno de los componentes del atractivo programa de este año, la sesión de hoy jueves, 10 de septiembre, resulta singular por muchos conceptos.

El veteranísimo programa estellés, que se inició de la mano de la Semana de Estudios Medievales en 1967, se interrumpió en los inicios de los ochenta, y se reanudó en 1987 con el formato actual, en una sucesión histórica digna de elogio hasta cumplir el cuarenta aniversario en la edición de este año, ha visto desfilar por las iglesias de Santa Clara y San Miguel a buena parte de los intérpretes más selectos de la música antigua de Occidente. Y, entre éstos, ocupa lugar de excepción Emma Kirkby, habitualmente acompañada por el London Baroque, uno de los conjuntos más laureados de la música barroca de cámara. Estas tarde será, si mis números no fallan, la cuarta vez que la soprano inglesa se presente ante los aficionados navarros desplegando sus indudables dotes con la técnica, la exquisitez y el buen gusto que han caracterizado toda su trayectoria. Con una peculiaridad, que la Kirkby que hoy escucharemos, en plena madurez recién cumplidos los sesenta años, diferirá sustancialmente de la de las dos décadas anteriores, con lo que esto implica de positivo y negativo en todos los órdenes.

El programa, bajo el rótulo general de “Los amores barrocos”, fue glosado magníficamente por el polifacético Manuel Horno en su primera conferencia introductoria de la semana. Los dos autores que lo configuran en su mayor parte son Purcell en la primera parte y Händel en la segunda. Y aquí reside la segunda novedad. H. Purcell, para muchos el más grande de los músicos ingleses del siglo XVII, compositor innovador y prolífico pese a vivir tan solo 36 años, nació el 10 de septiembre de 1659, y por lo tanto hoy se cumple el 350 aniversario de su nacimiento. Con  G.F. Händel, el gran músico de origen alemán, transplantado en su madurez a Inglaterra donde  conoció sus mayores éxitos,  sucede algo parecido, aunque con 100 años de diferencia. Tras una vida larga, movida y fructífera, en la que se incluye una juvenil y prolongada estancia de tres años en Italia en la que compuso, entre otras, la cantata “Tu fedel? Tu constante?”, que hoy vamos a tener la oportunidad de escuchar,  murió en Londres en 1759. Este año se cumple, en consecuencia, el 250 aniversario de su muerte.

¿Se les ocurre a ustedes alguna forma mejor de celebrar estas dos efemérides que asistiendo al concierto de hoy en Estella? Lo habrán hecho a lo grande las extraordinarias salas de concierto que jalonan las principales ciudades europeas. Pero un menú tan exquisito en su modestia como el estellés de hoy, y en un día tan señalado, no es fácil de preparar. El banquete está servido. Pasen y disfruten.

Diario de Navarra 10/9/2009


Algo más que un síntoma

2 Septiembre 2009

Pocos dudan de que el nivel de la cultura musical en Navarra ha crecido considerablemente en los últimos lustros. Las escuelas de música presentes en muchos municipios de nuestra Comunidad, los ciclos estables existentes a lo largo del año -que por momentos amenazan con saturarnos-, la presencia de grupos e intérpretes nacionales e internacionales, o el aumento en cantidad y calidad de los espacios dedicados a este fin, son algunas de las razones que explican esta mejora. Es verdad que todavía hay asignaturas pendientes como son los estudios musicales y el nuevo conservatorio, o la falta de un plan director de música que ordene el sector, pero tiempo habrá de insistir en las carencias en otros foros. Sirvan como remate y balance del curso pasado, prueba del nivel alcanzado, el buen regusto dejado por la OSN en el Châtelet de París y el Orfeón Pamplonés en el Kursaal donostiarra, en la inauguración de la Quincena Musical.

Ahora bien, el aceptable nivel descrito anteriormente es válido sólo para el curso lectivo, porque la llegada del verano convierte esta tierra en un yermo musical donde sólo se escuchan las orquestas de nuestras fiestas patronales y las charangas que amenizan vacas y pasacalles. Hasta Baluarte ha suspendido este año su programación veraniega con la crisis como excusa casi perfecta. Sólo permanece Cultur, un programa irregular y bienintencionado que pretende unir turismo y cultura. Tal indigencia tenía que dar necesariamente una valoración negativa y así ha quedado plasmado en la encuesta aparecida en este mismo medio, donde sólo uno, siendo benévolos, de cada cuatro navarros se muestra satisfecho con la programación cultural veraniega.

Y, sin embargo, hay datos que nos permiten alentar esperanzas. Tres iniciativas musicales diversas y de interés han vuelto a hacer su aparición en agosto en lugares insospechados de nuestra geografía, alejados de los grandes circuitos culturales y musicales. Tienen en común el amor por la música culta, el altruismo y el cariño de los directores, en los tres casos artistas vinculados al municipio por razón de nacimiento o estancia temporal, y la implicación de municipios e iniciativa privada, además de la administración foral, en la puesta en marcha de los programas.

El primero en el tiempo es el Festival de Música de Mendigorría, desarrollado entre el 1 y el 10 de agosto, y que ha cumplido ya su sexta edición. Dirigido por Alberto Urroz, su programa se basa en clases magistrales de determinados instrumentos con presencia de profesores de conservatorio, entre ellos el violinista Pedro León, y conciertos en Mendigorría y Puente la Reina.

Muy cerca de allí, en Larraga, villa natal de Diego Gómez, autor del órgano y uno de nuestros mejores organeros del siglo XVIII, se está desarrollando el II Ciclo de Órgano “Diego Gómez”. El director técnico es el paúl Jesús María Muneta, compositor reconocido y en ejercicio, ragués de nacimiento y turolense de adopción, cuya Comunidad Autónoma le ha honrado con todos sus títulos. Todavía tienen la oportunidad de asistir mañana al tercer concierto del ciclo, sin duda el más original, donde las trompetas y timbales acompañarán el bello sonido del magnífico órgano local.

El tercer evento, el II Festival Internacional de Música de Navarra, nos lleva más al norte, a tierras próximas al Pirineo. Es una iniciativa de los hermanos Jáuregui, ella violinista, él guitarrista, bajo la dirección artística del violinista alemán Detlef Hahn. Entre el 21 y el 28 de agosto se celebrarán conciertos en Eugi, Zubiri, Roncesvalles y Banca, al otro lado de la frontera. Clases magistrales, recitales, conciertos sociales y talleres didáctico-musicales, componen el programa del festival.

Algo se mueve en el estío musical navarro de la música culta. Las tres son iniciativas de la sociedad civil, ésa a la que tanto apelamos y tan poco promocionamos. Sea este mi granito de arena para consolidar iniciativas encomiables. ¡Suerte, éxito y continuidad!

Diario de Navarra, 27/8/2009


El mapa de Abauntz

13 Agosto 2009

Les supongo a ustedes enterados de la noticia. El pasado 21 de julio, la prestigiosa revista “Journal of human evolution” publicó un artículo firmado por los investigadores del “Grupo de Pobladores del Valle del Ebro” adscrito al departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, dirigido por Pilar Utrilla, del que se hicieron eco días después todos los medios regionales navarros y buena parte de los nacionales. En él se daba cuenta del hallazgo de un piedra caliza de unos veinte centímetros que, probablemente tallados a buril, tenía grabados los  elementos del entorno: montaña, ríos, afluentes, y otros elementos del paisaje. La excepcionalidad del evento, dada la claridad y antigüedad del mapa, fechado en torno al 13.660 a.C., ha permitido poner de nuevo en valor un área, la arqueología prehistórica, relativamente relegada en los últimos años y conocer mejor el actual estado de la cuestión en Navarra.

 El cuidado del patrimonio arqueológico fue una línea de trabajo que acompañó a la Institución Príncipe de Viana desde su fundación en 1940. El Servicio de Publicaciones de la Institución lanzó una colección titulada “Excavaciones en Navarra” que recogió desde 1947 y hasta 1977 las actividades realizadas por Blas Taracena y Luis Vázquez de Parga, Octavio Gil Farrés, Juan Maluquer de Motes, María Ángeles Mezquíriz  y Amparo Castiella, como nombres más sobresalientes . Especial repercusión alcanzaron los estudios de Maluquer sobre el yacimiento del Alto de la Cruz en Cortes y de Mezquíriz sobre la Pompaelo romana. 

Una nueva colección titulada “Trabajos de Arqueología Navarra” sustituyó a la anterior a partir de 1979. Hoy son ya 20 los volúmenes que acreditan una actividad eficaz y continuada en este ámbito, con presencia de nombres señeros a nivel nacional e internacional. Uno de los yacimientos estudiados es la cueva de Abauntz, situada en el concejo de Arraitz en el valle de la Ultzama. Sus niveles de ocupación, con una estratigrafía muy completa, se extienden desde la época bajoimperial, pasando por el calcolítico, el neolítico y el epipaleolítico, hasta el paleolítico superior y el paleolítico medio, época del hombre de Neandertal, con un nivel datado en 47.000 a.C.

En mis últimos años de estudiante de Historia en Zaragoza conocí a una joven profesora, Pilar Utrilla, que, recién terminada la carrera, comenzaba su andadura académica a la sombra de Antonio Beltrán e Ignacio Barandiarán. Vinculada a la cueva de Abauntz desde un principio por sugerencia de José Miguel de Barandiarán, participó en las cuatro campañas de excavaciones que tuvieron lugar entre 1976 y 1979. Un proyecto de embalse que pretendía regular el río Ultzama, y como consecuencia inundar la cueva, obligó a reanudar las excavaciones nueve años después con una serie de campañas sucesivas. En una de estas, la de 1994, apareció la piedra en cuestión  y sólo quince años después, tras un estudio callado y algo de fortuna, se ha logrado identificar el contenido de la misma.

Este hallazgo excepcional, del que todos debemos felicitarnos, nos permite realizar dos  reflexiones finales. La primera es que, en investigación, ni es oro todo lo que reluce ni cabe esperar resultados inmediatos. Pilar Utrilla y Carlos Mazo, directores de buena parte de las excavaciones de Abauntz, dejaron escrito un informe de la campaña de 1991 que decía lo siguiente: “Ninguna de las veinte personas divididas en dos turnos de 15 días, incluidos los directores y los licenciados en paro, percibió remuneración alguna por su trabajo, siendo la jornada laboral de 9 a 2 por la mañana y de 5,30 a 8,30 por la tarde, más una hora más de inventario en el hostal hasta las 9,30 de la noche”. La segunda es que Abauntz debe de ser un aldabonazo y una toma de conciencia. ¿Tenemos el patrimonio arqueológico a la altura que se merece? Si Abauntz nos hace reflexionar a todos habrá rendido otro impagable servicio.

Diario de Navarra 13/8/2009


El Museo de la Acrópolis

31 Julio 2009

Desde el punto de vista artístico, el siglo XX podría dividirse en tres etapas bien caracterizadas: un primer tercio dominado por la eclosión creativa, especialmente en el ámbito de la pintura; un segundo tercio en el que parece remansarse el ímpetu de modernidad; y un tercero en el que el eclecticismo y la dispersión, en ausencia de liderazgos incuestionables, son los rasgos dominantes, acompañado de un esfuerzo ingente en materia de museos y centros de arte contemporáneo.

Estos nuevos espacios culturales, verdaderos iconos de nuestro tiempo que han conseguido situar a ciudades oscuras en el olimpo del arte, han seguido dos modelos radicalmente diferentes. Por un lado, la modernización y ampliación de los viejos museos nacionales, normalmente ubicados en palacios y edificios antiguos readaptados a tal fin. Es el caso del Louvre de París, el British de Londres, el Pergamon de Berlín o el Prado de Madrid. Pero, tal vez, han causado un impacto todavía mayor las edificaciones de nueva planta, en las que el edificio en sí ha tomado un protagonismo superior a la colección que alberga. Es paradigmático el caso del Guggenheim de Bilbao, una acertada mezcla de osadía cultural, inversión costosa y belleza arquitectónica, convertido en pocos años en imagen mediática de una oscura ciudad industrial en búsqueda de una nueva identidad.

A esta familia que engloba verdaderas obras maestras, actuaciones notables, edificios anodinos y desaciertos clamorosos, ha venido a sumarse un último ejemplar, el Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas, inaugurado el pasado 20 de junio. El gigantesco edificio, obra del arquitecto Bernard Tschumi, está situado al pie de la colina y sus cifras son todas apabullantes: 21.000 metros cuadrados de superficie, 130 millones de euros de coste, 4.000 objetos expuestos, 16.000 metros cuadrados de mármol y 4.390 de cristal usados en su construcción, y una previsión de 2 millones de visitantes al año.

Levantado en buena parte sobre pilotes para respetar en lo posible la zona arqueológica en la que se asienta, el nuevo museo presenta tres vertientes de especial interés: el edificio propiamente dicho, el proyecto museográfico y la reivindicación político-cultural de los mármoles originales.

El proyecto arquitectónico no ha suscitado alabanzas unánimes en público y crítica. Ultramoderno, ampuloso, extravagante, perturbador, molesto, son algunos de los adjetivos que han acompañado las crónicas de la inauguración y los primeros pasos del nuevo edificio. El impacto visual del nuevo edificio es enorme, restando protagonismo  al verdadero centro artístico, cultural y religioso, la Acrópolis propiamente dicha.

Mayor unanimidad existe sobre la bondad del proyecto museográfico. El nuevo edificio recoge toda la historia de la Acrópolis, desde la época micénica y arcaica, pasando por su momento álgido –la Atenas de Fidias y Pericles- hasta el helenismo y la época romana. Las joyas que alberga, excepcionalmente dispuestas, unido a los últimos avances técnicos, sumergen al espectador en una atmósfera difícilmente repetible.

Pero el museo es además un potente y permanente grito reivindicativo frente a la dispersión del legado clásico. Los 75 metros de friso, las 15 metopas y 17 estatuas de los pedimentos,  “comprados” por Lord Elgin a principios del siglo XIX, actualmente en el British Museum de Londres, ocupan en su ausencia todo el piso tercero del nuevo museo, dedicado a recrear la decoración del Partenón. Un museo, en consecuencia, incompleto hasta tanto no vuelvan los mármoles exiliados.

A los que no hemos tenido la suerte de verlo todavía, la página oficial del museo www.theacropolismuseum.gr nos permite realizar una visita virtual que palía la ausencia. Pero nada sustituye, si resulta posible, a la visita in situ, y no conviene demorarla porque, como nos recuerda Séneca, “el arte es largo y la vida breve”.

 Diario de Navarra 30/7/2009


Pax Avant

16 Julio 2009

El valle de Roncal es una tierra de acusada personalidad. Así lo acredita la historia y así lo recoge el estudio de Juan Cruz Alli Aranguren “La mancomunidad del valle de Roncal”, una de las monografías más completas sobre el mismo, con especial referencia a sus aspectos institucionales y jurídicos.

Este valle es, entre otras muchas cosas, tierra de frontera. Y aunque ésta presenta formas bien distintas, pocas resultarán tan aparentemente nítidas como la triple barrera que separa a Roncal de Barétous: la física, los Pirineos; la lingüística,  español y francés como lenguas dominantes, con el uskara y el bearnés como vestigios históricos; y la política, España y Francia como Estados nítidamente diferenciados y fraternalmente enfrentados en muchos momentos de la historia.

De esta misma historia participaron los dos valles fronterizos, pero sus litigios no  fueron cosas de honor, conquista de nuevas tierras o liderazgos políticos, sino asuntos más prosaicos y entendibles: uso de pastos y aprovechamiento de manantiales, especialmente importantes en una zona kárstica como la de Larra.  Las desavenencias, conflictos e incluso muertes acaecidas llevaron a unos y otros a aceptar la sentencia arbitral de 16 de octubre de 1375 y la tregua “por ciento et un aynnos”, es decir a perpetuidad,  por la que los baretoneses entregarían a los roncaleses “tres vacas de dos años, del mismo pelaje y cornaje, sin tacha ni lesión alguna”. Pese a incidentes y desavenencias puntuales, el pacto ha sido respetado a lo largo de los siglos, y sólo en muy escasas ocasiones y por motivos excepcionales se ha dejado de celebrar. A los interesados en una breve historia del tributo y su desarrollo les recomiendo el folleto de Florencio Idoate, “El tributo de las tres vacas”, editado en la bien conocida colección Navarra: temas de cultura popular.

Pues bien, el pasado lunes, 13 de julio, en la llamada Piedra de San Martín, situada en el collado de Ernaz, a 1.721 metros de altura, volvieron a reunirse los representantes de Roncal, con atuendo tradicional compuesto por sombrero, capote negro, valona y calzón corto, y los de Barétous, que estrenaban atuendo tradicional, adornados con la banda tricolor francesa cruzada al pecho. Tuve la suerte de presenciar muy de cerca, invitado por el dinámico alcalde de Isaba, la multisecular ceremonia y sentir muy dentro el latido de la historia, hecha no sólo de gestas memorables, sino también de actos modestos pero perdurables.

El triple “Pax Avant” –paz en adelante- del alcalde de Isaba, respondido por las autoridades del valle vecino, es todo un programa de trabajo. Hoy, afortunadamente, las desavenencias de antaño se han trocado en relaciones fluidas y cordiales, encarnadas en las personas de los alcaldes de Isaba y Arette. Ellos representan el intento por compartir un pasado y el deseo de abrirse a un futuro incierto.

El primero se concreta en proyectos como el Museo de la Almadía en Burgui, el Museo de Gayarre en Roncal, la Casa de la Memoria en Isaba o la Casa de Barétous en Arette.

El segundo ha tomado cuerpo en proyectos vinculados a la nieve y al sector turístico. Y uno y otro se han plasmado en proyectos transfronterizos apoyados por la Unión Europea, caso de “la ruta Pax Avant”, un recorrido por la historia, las gentes y la cultura de dos valles, en este caso no separados, sino unidos por la montaña.

Pero Roncal no sólo se merece la visita el 13 de julio. Pasear por sus villas, adobadas de arquitectura tradicional e iglesias monumentales, disfrutar de unos paisajes cambiantes con el paso de las estaciones o gozar de su gastronomía, desde las modestas pero inigualables migas a productos más elaborados como el queso, están a nuestro alcance en cualquier época del año. Por ejemplo, ahora. Pruébelo y disfrute.

 

Diario de Navarra 16/7/2009