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Los Arcos, como otras localidades de Navarra, ha celebrado hoy la festividad de San Blas. Para mí la fiesta tiene raigambre familiar y local. Toda mi familia ha pertenecido y pertenece a la cofradía y para mí es una sacrosanta tradición asistir a la misa en la ermita del siglo XII, comer “loritos” (alubias rojas con chorizo, tocino, pata y oreja) con mi madre y hermanos y, tras asistir al rosario de la tarde, probar un poco de abadejo, queso y nueces con los cofrades, amigos y familiares.
Tras el rosario, con la imagen barroca del santo iluminada por el último sol de la tarde que penetraba por la ventana del coro, hemos entonado las dos auroras del santo. La primera, más antigua, tiene una arcaica letra que reza así:
Hoy San Blas, obispo de Sebaste
Ciudad de la Armenia do era natural
Para hablar de sus muchos milagros
Tantos y tan grandes que no tienen par.
Su gran caridad
Pidió a Dios que al cantar que le haga
Del mal de garganta médico especial (bis)
Médico especial.
Lo peculiar de la letra hizo que esta aurora fuera sustituida por otra relativamente reciente, más inteligible y pegadiza. Dice lo siguiente:
Mañana venturosa, de alegría sin par
Es la que hoy celebramos en honor de San Blas.(bis)
Hoy todos cantamos al Santo Patrón
En el día que alegra nuestro corazón.
Henchidos de gozo y de santa emoción
Los fieles cofrades entonan por ti esta canción.
Los males de la garganta tú curarás, tú curarás (bis)
Pues el cielo te dio un día don especial, don especial (bis)
Ya la aurora luce hermosa, anunciando la mañana,
Que viene llena de vida la madrugada, la madrugada (bis)
Un año más, las auroras han sonado en el gélido amanecer a 5 grados bajo cero, en la misa de la mañana y en el rosario de la tarde. Y San Blas, sucesor del antiguo lazareto medieval, continúa uniéndonos en el cariño a los nuestros, la tradición y la nostalgia.