Un justa y tardía reparación

El Parlamento de Navarra acogió el pasado jueves, 15 de diciembre, el acto de entrega de la Declaración de reparación y reconocimiento personal en favor de 69 personas de la Asociación de Familiares de Fusilados y Desaparecidos de Navarra que padecieron violencia o persecución durante la Guerra Civil y la Dictadura. El presidente de la institución, Alberto Catalán, abrió una sesión llena de emociones. No es baladí que UPN, reticente durante tantos años a sumarse a un consenso general en favor de las víctimas de la dictadura franquista, haya dado al fin el paso y haya presidido, en la persona del máximo representante  del legislativo, el acto.

Olga Alcega, presidenta de la AFFNA, y verdadera artífice del acto por su tesón, su trabajo y su empuje, señaló la importancia del evento: “Hoy es un día muy importante, porque a partir de ahora vais a poder decir alto y claro, y demostrarlo con un documento oficial, que vuestro familiar padeció persecución y violencia por razones políticas e ideológicas, y fue ejecutado”. Este es, a juicio de Alcega, el tercer hito de un proyecto en el que ocupan lugar relevante la resolución aprobada por el Parlamento de Navarra en 2003 y la inauguración del Parque de la Memoria en Sartaguda. Su emotivo discurso se cerró con las siguientes palabras: “En recuerdo de los 3.402 navarros asesinados, nunca más y para nadie aquellos horrores”.

Sin ánimo de abrir heridas, sino de cerrarlas, Josefina Lamberto, Ricardo Mula, Juan Jiménez, José Sampedro, Roberto Rocafort y Áurea Jaso, familiares de algunos de los homenajeados, subieron al estrado para glosar la memoria de sus allegados. Sin rencor, con entereza y dignidad, proclamaron “que los muertos tienen vivos y los vivos memoria”.

Tras el reparto de credenciales, una verdadera procesión cívica en la que los familiares recibieron  la acreditación oficial y el calor de los presentes, en medio de una emoción que se palpaba y se expresaba en aplausos y lágrimas, el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, llegado expresamente a Pamplona para el acto en un paréntesis del traspaso de poderes, emocionado él mismo, pidió perdón por la tardanza y reivindicó la memoria de la justicia y de la verdad.

El acto, cuyo acompañamiento musical corrió a cargo de un cuarteto de cuerda,  terminó con un aurresku.

¿A quién puede molestar un acto nacido de la justicia y que tiene por misión cerrar heridas y enterrar dignamente a los muertos? El Parlamento, casa de todos los navarros, fue el lugar apropiado para una celebración sobria y cálida. Sería deseable que el nuevo Gobierno de España continúe con la aplicación de la Ley de Memoria Histórica y no pretenda desandar lo andado. En todo caso, la elaboración en marcha del mapa de fosas por parte del Gobierno de Navarra, será un nuevo paso más en el objetivo perseguido por casi todos: que los muertos dejen de estar en las cunetas y reciban una sepultura digna. No es mucho pedir,  75 años después.

Una Respuesta a Un justa y tardía reparación

  1. Javier dice:

    Como se suele decir, mejor tarde que nunca! Me alegra que la última visita a Navarra de un miembro socialista del Gobierno de España sea para una cuestión como esta!

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