A estas alturas del proceso, caben pocas dudas de la gravedad de la crisis económica en la que estamos inmersos. Los números del 2008, medidos en decremento del PIB y en aumento del paro, resultaban preocupantes. Los del 2009 nos retrotraen en su gravedad a las cifras de una gran depresión. Y las previsiones del 2010 nos hablan de una mejora que, en el caso de España, llegará acompañada de un menor crecimiento y una cifras de paro que apenas experimentarán reducción. Lo dicho hasta aquí probablemente es un diagnóstico bastante ajustado, pero no deja de tener la frialdad de las cifras macroeconómicas. Sin embargo, cuando estas cifras se refieren a nuestro entorno y toman forma de rostro y carne de próximo, sea éste conocido, amigo o familiar, el problema empieza a percibirse de otra manera.
Navarra no es ajena a esta situación. La actividad económica también se ha resentido, los EREs han proliferado más que en los últimos años, la cifra de parados ha aumentado y las necesidades sociales se han multiplicado. No es por casualidad que, en el comienzo del curso político, la comisión de Asuntos Sociales del Parlamento haya conocido una febril actividad, superior a la del resto de la legislatura. Por ella han pasado, por un lado, la Consejera del ramo para dar cuenta de la aplicación en Navarra de la cartera de servicios sociales y, por otro, una representación de Cáritas Diocesana para informar de los efectos de la crisis en la demanda de prestaciones.
La intervención de la Consejera, correcta en forma y fondo, hizo hincapié en la bondad de los instrumentos de los que nos hemos dotado para hacer frente a la situación. Las ratios comparativas con otras Comunidades españolas o el propio gobierno de la Nación le permitió sacar pecho y, sin ser estrictamente autocomplaciente, edulcorar una realidad que conoce episodios de gran dureza.
Más pegado a la realidad fue el diagnóstico de Cáritas Diocesana de Navarra. La voz de Ángel Iriarte, unido a la presencia de Sara Gómez y Pablo Ibáñez, permitió conocer una realidad que a veces las estadísticas se empeñan en ocultar, pero a la que ellos dieron corporeidad en forma de datos y números incontestables. Del 1 de enero al 31 de agosto, Cáritas atendió a 4399 personas, de las que 2136 eran totalmente nuevas y 725 volvían a demandar el servicio. De todas ellas, el 74% estaban en situación de paro y el 41%, en el momento del acceso a Cáritas, no tenían ningún tipo de ingreso.
Las conclusiones que desde el conocimiento, el compromiso y la mesura, Ángel Iriarte presentó a los grupos fueron varias, pero a mí me interesaron fundamentalmente tres: una apelación al aumento del empleo, sin el cual la exclusión social irá en aumento; una llamada a asegurar los mínimos vitales que para muchos navarros no son tan obvios como podríamos suponer; y una exhortación a la sociedad civil a despertar del adormecimiento que parece envolvernos a todos.
Las palabras del portavoz de Cáritas, una organización fundada por la Iglesia Católica de Navarra en 1943, que funciona sin subvenciones públicas y que acompaña a los más excluidos de la sociedad, no pueden ni deben quedar en el olvido. Deben ser el objetivo preferente de actuación de todos los poderes públicos para el próximo y difícil año 2010 que tenemos a la vuelta de la esquina. Tal vez el déficit, el equilibrio presupuestario o algunas grandes y discutibles infraestructuras puedan esperar, pero la sociedad navarra no puede ni debe permitirse el lujo de convivir con situaciones de vida infrahumana en nuestro propio suelo. La Iglesia, que tanto denuncia y fustiga otras cuestiones morales, ha rendido a través de Cáritas un gran servicio a la sociedad con su compromiso permanente y su diagnóstico sosegado y certero. Colocarse claramente en el lado de los desfavorecidos, acaso no sea un mal camino para entroncar con la esencia del mensaje de Jesús de Nazaret, recuperar autoridad moral y vivificar la sociedad a la que sirve.
Diario de Navarra, 24/9/2009
Escrito por romanfelones
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